Mi orgullo personal!

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miércoles, 13 de abril de 2011

Expedición a la BALIZA CHICA ARG 083

La Expedición a la
BALIZA CHICA
ARG: 083


Bueno, bueno resulta que con la emoción casi me olvido de hacer una raconto de todo lo maravilloso que pasó en esta salida.
Resulta que durante todos estos días otros prolegómenos
Me han mantenido ocupado y solo el alerta dado por nuestro amigo, y responsable de la imagen digital del grupo Beto LU7HA; me hizo poner las manos en movimiento. Contas tantas cosas y esto lo dejas de lado, dijo casi acusador.
Todo inició hace unos meses, allá por el mes de marzo ppdo. Una noche, casi sin quererlo di con otro amigo LU8DRA Abel, con quién hablamos sobre su participación en la activación de los faros y la mía. Con Abel, contamos historias nos reímos con las anécdotas y soñamos un rato. Luego nos fuimos a dormir plácidamente.
Al otro día mientras desayunaba, se me prendió la lamparita y me dije. Que tal si vamos a un faro en agosto y le decimos al Abel, que es parte del grupo. Así que por la tarde le envié un mail para ponerle sobre aviso.
…Queridísimo Abel: bla, bla, bla, bla resulta que bla, bla y por eso, más bla. Me encantaría que gestiones tú la activación de un faro cerca de tu zona. Fin de los bla.

Como no podía ser de otro modo; a las horas un llamado por te. me puso al corriente que los preparativos estaban ya encaminados. Siguieron algunos mail y por último, meses de espera.
La cuestión fue que quedamos en ir a la Baliza Chica. Dato no menor, dado que para lograrlos entre otras cosas, había que acceder a la autorización de varias personas, algunas de ellas en los estamentos militares navales de nuestra patria. Acordamos entonces, que no diríamos nada, para que no se alborote el grupo, que para ese momento, estaba trabajando el 2º Certificado Gigante Fierros Cordobeses.
Siguieron pasando los meses y se aproximaba el gran día. En el encuentro realizado en La Falda, con los ganadores del concurso, dimos la sorpresa. Como habrá sido la conmoción, que varios ya se sumaron. Así arrancó la cosa y por ende siguió.
Nos separaban poco más de diez días desde la despedida en La Falda, hasta la llegada a la baliza. Todo era desafío y organización.
Abel, siempre atento, accedió a coordinar todos los esfuerzos para la activación, dado que yo seguía tapado con cosas propias del grupo y los certificados.
El mail, los llamados por te., el uso del Skype, todo sirvió para poder arreglar las cosas e ir tranquilos.
La primera gran noticia, fue que se sumaba Juan LU7DJH, Laura LU6DAI, Roberto LU7HBL y su primo, un muchacho que es radioaficionado pero con poca experiencia (dijo su primo como atajando el malón que preguntaba) Se trata de Gustavo LU3HGA. También LU8DRA y yo. Por lo menos teníamos un equipo.
Pronto, cada uno puso lo que tenía para organizar y bajo la tutela de Abel, fuimos acopiando al menos por la web, todos los elementos. Estaban la autorizaciones, los pases, las carpas el lugar, todo prolijito y con tiempo.
Roberto me llama el fin de semana anterior y me dice algo que ya presagiaba el éxito del viaje.
…Viejito (sabe que me revienta esa modalidad)… que te parece si nosotros desde Marcos Juárez (su ciudad) salimos el miércoles a la noche. Viajamos tranquilos, llegamos el jueves, le damos una mano al Abel y vemos de tener todo listo para ir el viernes hasta la baliza.
Pucha dije, que interesante es la cosa. Pero tenemos un drama. ¿Dónde hemos de dormir esa noche del jueves? Así que le llamé a Abel, para consultarlo.
No te hagas drama. Ya tenía pensado y preparado todo (dijo sin aspaviento). Resulta que está disponible la casa de mi padre, así que solo vengan. Lo otro está.
Ni que decir que salimos como acordamos con Roberto el mismo miércoles. Por lo que yo me tuve que ir desde La Falda el martes a la noche en un Urquiza. Digan que soy chofer y algunos colegas me conocen, así que nadie objetó el volumen y peso de los equipajes. Claro que me costó $ 10.- de propina para el maletero zonal, porque me miró y me preguntó si creía que era un “Negro Africano”. No que va… dije sacando la platita. ¿Qué Africano?
¿No sos de La Falda acaso?
Llegué a Marcos Juárez a la 01:30 de la madrugada. En el parador estaba Roberto con su auto esperando. Me llevó a su casa y mientras tomamos un café acordamos como nos organizaríamos para el día que ya estaba próximo. Vos…!!! Dijo Roberto estás en tu casa. Mañana haces la comida al mediodía. Te vas al laboratorio (el garage bahhhh) y sacas todo lo que hace falta. Pero… no te olvides de la comida!!!
Bueno, demás está decir que me levanté cerca de las 08:30 tome unos mates, comencé a acopiar las cosas y obviamente preparé el almuerzo. Comimos un suculento guiso de fideos.
Para la última hora de la tarde, nos fuimos hasta el súper y compramos algunas vituallas que nos harían falta en la expedición. Pocas, lo más importante, sería adquirido en Punta Alta.
Faltaba poco menos de cinco minutos para las 20:00 hs. Cuando llegó el llamado por radio de Gustavo. Estaba ya en camino y listo para que al llegar carguemos las cosas que teníamos previstas. A eso de las 20:10 arribó rebosante de felicidad y con una sonrisa propia de niño con juguete nuevo. Ni bien se bajó de la chata, me agarró del brazo y llevándome dentro me hizo una pregunta que no hacía más que denotar el tipo de persona que él era.
Mira, dijo en un tono amistoso pero a la vez casi vergonzoso. Yo estoy todo el día de bombachas (de gaucho claro) y así me siento cómodo y feliz. ¿Te parece mal que vaya así vestido? Porque no quiero que el grupo se afecte por algo que yo haga.
Vos estás de la nuca, dije casi sin salir del asombro. Que problema tiene que vayas así vestido. Mientras me agachaba sobre mi bolso y le mostraba que en el había una prenda idéntica a la que Gustavo lucía. Sucede que yo soy medio…rarito viste?? Así que como me gusta estar tranquilo con la ropa, la llevo para el viaje de vuelta. Ahora me voy con esto (mostrándole el arruinado pantalón que lucía) que es de batalla así no me hago dramas por el roce o las manchas que puedan ocurrir en el viaje. Vos anda cómodo y como quieras. El grupo es un núcleo de amigos que hacen radio, no criticamos la indumentaria.
Cargadas que fueron las cosas; y luego de esperar a mi hermano Roberto que se bañara (parece que la adorable esposa no lo dejaba irse así nomás); nos despedimos de sus hijos, uno de ellos con cara triste porque le hubiera encantado acompañarnos ya que es parte del equipo Martín LU5HML, del presidente del Radio Club Marcos Juárez y de Bety la esposa.
Llevo manejando unos 34 años de mi vida, así que al momento de salir me di cuenta la calidad no solo de persona, sino de chofer que era Gustavo. Por eso y sin miramientos, me quedé tranquilo y con intenciones de dormir un rato; más tarde. Eran entonces las 21:15 del día miércoles 12 de agosto de 2009.
El viaje fue placentero y tranquilo. La ruta estaba totalmente despejada y quienes viajaban por ella, lo hacían con prudencia y decoro. Gustavo, mientras escuchaba la charla de Roberto se percataba el tipo de gente que iríamos a encontrar. Yo, en cambio, renegaba en el asiento posterior para poder dormir un rato y acomodar mi maltrecha espalda en el lugar que mis dos amigos habían dejado libre luego del acomodo.
¡A la vuelta no me agarran! ¡Yo acomodo todo solito! Y ellos que ceben mate. Pensé a la vez que manoteaba una porción de pizza que la adorable Bety nos había preparado. Como se ve que la chica es LU (LU4FRB), porque conoce todos los requisitos para un buen viaje. Lo cierto es que en ese lapso de tiempo, no puede pegar un ojo. Mi inefable amigo Roberto hablaba y hablaba (tanto que no pude poner bocado) del grupo, de la expedición, de su alegría y que se yo de cuantas cosas más. Estaba realmente desaforado y con una alegría que contagiaba a quienes le acompañábamos en el viaje.
Ya entrada la madrugada logré, luego de unos mates, conciliar el sueño por unos minutos. Primero traté de que si me hablaban no responder, así no me enganchaban, luego encontré de lugar justo y me acomodé.
Solo habían transcurrido algunos minutos cuando Gustavo sentenció que pararía para bajáramos al baño, cargáramos agua caliente y; obviamente para distendernos un poco. La tarea solo demandó unos 15 minutos, por lo que rápidamente salimos otra vez a la ruta. Viendo mi cara de dolor y los ojos lagañosos por no dormir, Roberto me pidió que pasare adelante para que le de charla a Gustavo mientras él, dormía.
Me acomodé lo mejor que pude y entable una pequeña e inconclusa charla. Creo que a solo unos kilómetros ya roncaba de lo lindo; porque entre sueños escuché que los compañeros de viaje, reían.
No se cuanto tiempo pasó desde la dormitada hasta que en CASBAS, nos detuvo la Policía Bonaerense. Era un control de rutina; pero llamaba mucho la atención que tres individuos con una chata re cargada de cachivaches deambularan solos por la ruta 33 a esa hora. Nos trataron amigablemente y con respeto. Mucho más cuando al consultar sobre nuestro destino; les dijimos la razón del viaje. Aprovechamos la oportunidad para hacer unos cuantos “pis” y cargamos combustible. A los pocos minutos, ya estábamos nuevamente en camino.
El sueño pudo ahora con dos de los viajeros (menos mal) así que tanto Roberto como yo nos entregamos a los brazos de Morfeo. Mientras tanto Gustavo marchaba firme, seguro y totalmente despierto.
Según me critican, pasó algo así como dos horas, hasta que me desperté por las exclamaciones de Roberto. Se hallaba llamando por las repetidoras locales a ver quién nos escuchaba y respondía. Bahía Blanca se encontraba a uno 48 km. Y Punta Alta, a solo 70.
Con los datos precisos que Abel nos había facilitado; no me fue difícil hallar su hermosa morada. Pero el horario se nos antojó imprudente (vaya a saber que hacía en esos momentos el amigo) así que nos apoltronamos en las butacas, para dormir estacionados en la placita cercana.
Como un reloj Suizo, los esfínteres me avisaron que debía buscar un arbolito; así como hace mi perro Facundo. Me baje sigilosamente y busque en las cercanías. El resplandor desde el Este, avisaba a voces que Febo estaba preparando su aparición; así que decidido me dedique a husmear por allí. Cuando volví a la camioneta, mis camaradas estaban ya despabilados y por la repetidora se oía un chasquido de PTT. Solo segundos después, salio Abel (LU8DRA). Quién nos estaba esperando y que casi no había dormido (¡No preguntamos la causa!). Como para tranquilizarlo, le espeté que estábamos en la puerta, así que calentara el agua. El se asomó y vio que no era verdad. Creyó que nos habíamos equivocado con un vecino y salió raudo a buscarnos. Para ese entonces, nosotros iniciábamos la marcha y se desesperó al vernos girar hacia otro lado. Tal era la desesperación del hermano, que corrió valerosamente handy mano, gritando para que aguardásemos. Tan sacado estaba, que aterrizó extremadamente mal en las lozas de la vereda; provocando un espectacular y risorio revolcón.
Cuando nos alcanzó, nos adelantó antes de preguntar nosotros; que esa era la manera de recibir a sus hermanos amigos??? (glup…). Un verdadero formalismo.
Entramos al comedor y ya se sabía que el señor se iría de expedición. Menos el asado, todo estaba ahí esperando ser cargado. Puso a calentar el agua para el mate, a la vez que con una larga lista iniciaba el chequeo de los materiales dispuestos.
Solo tres minutos más tarde, llegó nuestra amiga Laura (LU6DAI). Bajó la escalera cual Mirtha Legrand. Su sonrisa nos hizo aún más confortable la llegada. Rompió en besos y abrazos para con nosotros y aprontó un riquísimo café con leche y alfajorcitos de maicena.
Estuve tentado a preguntarle en confianza, cual era la razón de que su hermosa cabellera azabache (como los ojos de Platero) estuviera mojada. Siendo que no había llovido esa noche. Roberto, atento a mis suspicacias me dijo por lo bajo. Pasa que vos no sos casado… uno cuando se va de viaje… viste? Ahhhh!!! Claro, dije atónito (aún no he entendido).
Que bueno estaban los alfajorcitos!!! Y eso que MI amiga había preparado galletitas de salvado y gluten para mi régimen. Toda una atención. ¡Pobre de ella!
Habíamos dado cuenta del desayuno cuando se abrió una puerta y salió por ella una cosita hermosa. Nos miraba con ojos grandes y una sonrisa cálida y pícara a la vez. Hola dijo (bueno, la mamá dijo ¡cheeee!) soy Agustín. Resultó que venía a ser el nieto menor de nuestros amigos Laura y Abel. Su mamá Anabella, nos saludó también cálidamente dando la bienvenida en representación de ambos.
Laura, en ese momento, salio disparada a la cocina. Parecía que algo se quemaba. No habían pasado tres segundos y volvió con un repasador inmenso. Gustavo, Roberto y yo, nos miramos como criticando el descuido de haber volcado algo. Pero no, no era para nosotros. Se lo colocó a Abel en torno al cuello y nos explicó que era para que la “baba” no manchase la ropa para la expedición. ¡Toma para vos!
Luego de una larga risotada y las lágrimas aflorando en los ojos por la chanza; se me ocurrió, además de comer otro alfajorcito, pedirle a Anabella que me prestase a su precioso hijo. Ella sonriente me lo pasó y el muy pancho estudió al gordo personaje. Todos apostaron al puchero, pero el tío Héctor a la felicidad. Largo rato pasó Agustín a upa mía; hasta que su mamá le comunicó que estaba la MEMA. Cuando lo llevaba a la cocina, el niño aún escudriñaba a los visitantes para ver que hacían con el abuelo.
Abel pronto sentenció que bajáramos las cosas de la chata, dejando esta libre para ir al centro y continuar con las tareas previstas. Acordamos hacerle caso y manoteando los alfajorcitos que restaban, salimos al soleado día.
Tan pronto como habíamos bajado todo, partimos para el centro. Allí luego de un trámite de rutina, encaramos a la Base Naval de Puerto Belgrano. Abel no explicó que íbamos a la Baliza Chica, porque los muchachos de infantería nos esperaban.
Luego de la acreditaciones de rigor, entramos a los feudos militares y desandamos los casi 8 km. que separan la puerta con el asentamiento del Batallón de Infantería de Marina “Baterías” Allí nos recibió el Cabo Principal Miguele, quién nos presentó a su superior. El Capitán salió presto a la bienvenida y nos aclaro de antemano, que todo lo que necesitásemos o quisiéramos, se lo hagamos saber. Encomendó a su subalterno que nos acompañara hasta la locación de la baliza y arreglara con nos, sobre los particulares respectivos.
Diligentemente el Cabo Principal nos dio directivas y salimos tras él rumbo a la zona cercana al mar. Anduvimos otros 9 km. creo, hasta que llegamos a una tranquera; la cual nos aclaró, mañana estará abierta para Uds. Cruzamos la misma y caminando unos trescientos metros, arribamos a la zona medanosa donde por primera vez, divisamos el mar.
Abel nos había adelantado que para él, la llegada al mismo pié de la señal luminosa; no sería factible. El camino estaba en mal estado y la arena muy suelta. Ni bien hicimos unos cien metros por la fina arena, nuestras piernas se enterraron hasta el tobillo. La Baliza Chica estaba a solo 486 metros de nosotros; pero se nos antojaba inalcanzable. El Cabo Ppal. Miguele, pronto nos aclaró que si queríamos un camión pesado o un jeep de la fuerza, lo traía así podíamos llegar a ella. Nos miramos con nuestro líder y concebimos la idea de que eso no era realmente necesario. De todos modos la distancia era la permitida y el alcance visual, superaba lo reglamentado por las normas de las activaciones de faros.
Siguiendo las sugerencias del infante, accedimos a instalar el campamento al reparo de una vieja construcción en la que existía, otrora, una guardia avanzada.
Se nos explicó que mañana a las 0800 (las ocho bahh!!) un destacamento a su mando erigiría las carpas y todo lo necesario para el cómodo y seguro campamento. Dicho esto, nos volvimos a la base.
Acordamos según lo hablado por Abel con la superioridad que a las 10:00 hs. Ingresaríamos al predio y nos instalaríamos para el pernocte y la transmisión. Saludamos, agradecimos y nos volvimos a la casa de nuestro amigo, coordinador y líder de la expedición a la Baliza Chica.
No habíamos pasado el último control, cuando un atronador llamado radial nos alertó. Abel gritó “zafarrancho” y supusimos que un golpe de estado se avecinaba. Él tenía la experiencia dado que toda su vida se desempeñó en nuestra gloriosa Armada Argentina. Yo miraba por las ventanas a la vez que maldecía no haber traído el casco. Gustavo se lamentaba por la chata si caían las bombas y Roberto solo dijo ¡Epa! ¿Qué pasa con la Almirante? Recién ahí nos dimos cuenta que la llamada provenía de LU6DAI y que Laura nos hacia saber que las “milangas” estaban listas en la mesa.
Solo dijo eso. Su voz no era de esas que se pueden contradecir. Además, según Roberto era LA ALMIRANTE. Solo luego de un rato preguntó con su típica voz sensual ¿Qué alguien le pregunte a Héctor si puede comer puré? ¿O le hago un zapallito hervido? Andaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!
Llegamos a la casa, nos higienizamos y luego de darle un besote a Agustín que ya había probado el almuerzo, comimos entre verdaderos amigos.
Obviamente había yo pedido perdón y me olvide del régimen. Así que a punta de cuchillo pelee con mis secuaces y compañeros, para lograr una mila más.
Luego vino el postre, el café y la distendida charla. Más tarde, los mates y nuevamente el relevamiento de las cosas por llevar.
Juntos hicimos una larga lista de materiales y equipos, para presentar a las autoridades de la base, con la intención de poder volver a salir con ellos. Volvimos a tomar mate y luego nos fuimos en búsqueda de los mástiles de campaña. Uno de ellos provisto por el amigo y colega Gustavo Alfieri LU6DNT y el otro por el Radio Club Punta Alta LU6DG.
Con todo cargado, rumbeamos para el hiper, donde compraríamos las cosas del rancho ¿Cómo, no teníamos cuatro carpas militares? Dije a media voz, preocupado por tener que construir un rancho en la arena; pero nadie respondió nada.
Entramos muy campantes al mega mercado, y el líder nos llevó a la zona más importante. La vinería. Hagamos la cuenta dijo. Tenemos cinco comidas. Yo tomo un poquito, Juan (que aún no llegaba) casi no toma. ¿Vos tomas mucho? NOOOO, dijo Gustavo, yo casi nada espetó Roberto. Ah! Yo si tomo, dije como para no quedar muerto en la arena deshidratado.
Bien, que les parece si llevamos ocho botellas de ¾ hay un Michel Torino barato. Listo se escucho desde atrás de vacío carrito. Pese a que sabía que se prestaría a broma, metí un bocadito diciendo. ¿Llevamos unas sodas? Como se abalanzaron sobre mi, me apresure a explicar que era para los remedios. Ahhh, entonces carga dos!!!!
Gustavo distraído y errante, preguntó por la carnicería. Así que viajamos por la nave norte, hasta el bendito lugar y atacamos al vendedor. Queremos un asadito para los amigos, algo de costilla, algo de vacío, unos choris, un poco de matambre, un chorizo de luto (morcilla bahh!) y ahí nomás. El calvo hombretón, inició la faena con el corte de un costillar hermoso, 3,650 kgs. Dijo mirando al Abel. Cortó vacío y percibió que debía poner el otro pedazo, no ese. 2,720 dijo casi asustado. Unos chori por favor agregó Roberto, ¿Cuántos? Diez más o menos. Ah no se olvide la morcilla. Lleva poco de eso, atreví a decir,…es que tiene harina viste???
Seis kilos ochocientos ochenta gramos, sentenció el carnicero. Buen asado y lindo grupo. Son como doce no es cierto. NO, dijo Abel, somos nosotros y Juan, que aún no llegó. Cuando salíamos del sector escuché por lo bajo ¡Que ispa más generoso!
Ya casi teníamos todo, pero entonces nuestro líder cayó en cuenta de algo (claro, para eso es el líder) Che! No trajimos a Fernando. Yo creía que era el otro nieto de él, que quizá quería ir a los juegos o algo por el estilo.
No bola, dijo mi amigo. El Fernando, como dicen Uds. allá en Córdoba al Fernet. Ahh!!! Así pues si.
Un Branca y cinco litros de Coke. Bueno, bueno ahora creo que tenemos todo. Claro ya el bueno de Gustavo había traído el arroz que no se pasa y los pimientos. Roberto, místico si se quiere pregunto Che ¿llevamos unas galletitas? Laura hizo torta, fue la única respuesta.
Salimos el súper con varias cajas y botellas. Seguros de que contábamos con lo imprescindible al menos, para la expedición.
No nos habíamos sentado en la chata (la camioneta eh!) cuando rugió el VHF. Chicos, chicos, están las pizzas!!!!! Otra vez Laura nos malcriaba.
Llegamos al aposento de los Romero, y dimos cuenta de la inagotable cantidad de pizzas, tan finas como cinco de queso, que nuestra amiga había amasado. Departimos un rato, tomamos café y mate, más mate y terminamos la lista de cosas. Arreglamos para que a las 07:00 hs. Se tocara diana y cargásemos las cosas.
Nos fuimos a la casa del papá de Abel, que está totalmente deshabitada y a la venta. Cuando abrimos la puerta, el calor interior nos sobresaltó. Abel tenía la calefacción al mangaso, como decimos en la docta. Nos bañamos, charlamos un rato, tomamos otros mates y dormimos placenteramente.
Sobre la casita, debo decir que si no hubiere sabido el apellido de mi hermano/amigo Abel; les hubiere jugado a mis compinches una apuesta. Se parece más a la mansión Winchester, que a una modesta casa familiar. No es muy grande, como la mansión; pero tiene decenas de puertas por doquier. Claro que estas si van a un lado, al contrario de la majestuosa casa mencionada que solo el 2 % de las puertas conducen a otro lugar, el resto es para confundir los fantasmas de los muertos por las armas Winchester; que según la desafortunada viuda, venían en su búsqueda.
Dormimos a pata suelta varias horas, y a las 06:30 hs. Sonó el celular mío. Yo me quería afeitar, no sea que salga mal por radio!!!
Gustavo aprontó el mate y se hizo un tiempo para pasar por el WC al igual que su primo Roberto. Cuando todo estaba en orden, salimos rumbo a lo de Abel.
Al llegar, el amigo estaba mate en mano y con todo pronto para cargar. Nos hizo pasar porque Laura otra vez tenía el desayuno listo y posteriormente iniciamos el acomodamiento de las cosas.
Nuestro líder, había dejado a un lado varias cajas las cuales llevaría Juan cuando llegase desde baires. Yo husmee un poco y di conque las mismas contenían entre otras cosas; el vino. Eso me preocupaba, pero que podía decir. Donde manda capitán, no manda marinero.
Solo como al pasar y dado que quedaba lugar en la chata (ahora la había acomodado yoooooooo) dije como cantando… ¿Y si cargamos el vino? La respuesta contundente fue. NO, lo lleva Juan antes del mediodía.
Pero, pero… si pincha una goma, si le agarra un corte piquetero, si decide volverse porque extraña a sus hijos y a la adorable Paula (LU8EPA). Si tiene una contaminación interestelar y se muere en el camino, si lo llevan los platos voladores????
No, hazme caso, déjalo que lo lleva el JUANNNNNN!!!
Bueno…sniff, sniff, sniff
Laura nos despidió con gestos grandilocuentes; quizá porque nos quiere o quizá porque al fin les dejábamos solas a ella, a su hija y al precioso Agustín.
Mientras viajábamos a la base, hacía yo memoria de todo lo que cargué en la parte posterior de la chata. Esta esto, lo otro, la garrafa, los equipos, el disco, las antenas, las bolsas de dormir,… están los platos, la parrilla, los vasos, las tablas, también el salame y la bondiola. EL SALAME Y LA bondiola grite a toda voz casi como Plácido Domingo. Paren, paren, paren…
Gustavo clavó los frenos y me miro aturdido. Roberto preguntó ¿Qué te pasa viejito?
El salame y la bondiola dije, pálido y sin voz. Si está quédate tranquilo añadió Gustavo, yo los vi sobre el grupo y atrás del monitor. No no es eso, vocifere es que yo pregunto ¿con que vamos a comer eso? Eh!! Viejito puntualizó Roberto, con el pan que compramos ayer en el súper. No, ¿con que lo vamos a bajar por el garguero?
Ahhh!! Eso si que es un problema escuché decir a Gustavo a la vez que por radio le avisaba al jefe del craso error.
¿CÓMO? dijo el Abel. Sumario y baja al que no trajo el vino. Ejemm, ejemmmm, bueno, no importa lo lleva Juan!!!
Párate aquí señaló Roberto a un Gustavo que conducía frenético por las despobladas calles de Punta. Ahí hay un almacén.
Corriendo entró y corriendo salio, portando una botella y como dos kilos de pan.
¿Más pan, dijimos a dúo sus compañeros de viaje? ¿Qué? ¡Más pan radió Abel? Y el vinito.
Aquí está despreocúpese mi jefe. Misión cumplida.
Cuando eran las 10:10 hs. Del día viernes 14 de agosto de 2009, arribamos a la playa cercana a la Baliza Chica.
Tal como estaba previsto, el personal de la Infantería de Marina, ya tenía las carpas prestas a recibirnos y luchaba con los elementos naturales para erigir las dos destinadas a “transmisible”.
El equipo fiel a las normativas emanadas de la superioridad, inicio la descarga de la chata, que por designio del destino, estaba atorada con arena hasta el eje a unos cien metros de distancia. Gustavo venía bien, pero al llegar se empantanó. Yo le grite que colocara la 4X4 pero vergonzoso me dijo que el mando eléctrico no le respondía. Resulta que antes de salir vio la falla pero creyó que no sería imperioso su uso.
No te hagas drama Goti le gritó el Abel. Ahora la sacamos. Espera un rato que descarguemos.
Yo por las dudas en el primer viaje, arremetí contra el médano portando la caja con el salame, la bondiola y las bolsas de pan y vino.
Al rato y luego de 21 viajes en total, vaciamos la chata y los amigos infantes nos ayudaron a sacarla del atolladero. Dado que estaban de servicio, solo le convidamos Coca Cola. No va a hacer que les sancionen!!!!!
Para las 11:05 teníamos ya en el aire a la estación de 40 metros y Abel. Realizaba los primeros llamados. Continuamos empero, con la instalación de antenas y el acomodamiento del campamento. Hacía calor y las remeras salieron a relucir.
Cuando el reloj marcaba las 11:52 hs. La Almirante Laura dio un aviso que era esperado por todos. Juan estaba ya en su casa, contento y feliz de haber llegado bien. Se lavaría un poco, picaría algo y cuando ella terminara con las empanadas, nos llamaría para que le busquemos.
Mientras tanto y dado que no es su fuerte la electrónica, Gustavo se agenció del salame y la bondiola. Destapó el vinardo y brindó por su primera expedición y la incorporación al grupo. Se le reunieron Abel y Roberto, yo en cambio, lidiaba con un dipolo de 80 metros en lo alto del médano.
Cuando bajé deshidratado y famélico hasta el campamento, sector cocina, mi buen amigo Roberto esgrimió en su mano un vasito de vino y un sándwich. Te guardé un trago porque te quiero…! ¿Un trago solo? Dije sin entender. Bue, sucede viejito que es lo que estos dos te dejaron. Es lo que hay!!!! GLUP
Volvió a escucharse la voz de Laura que llamaba a la orden y Abel partió rumbo al pueblo en búsqueda de Juan.
Una hora y medio después, llegaron sonrientes y felices. Juan (LU7DJH) estaba desconocido. Se reía, nos abrazaba, repartía los saludos enviados por nuestra amiga Paula, etc. Yo, con un acento más prosaico le pregunté ¿Trajiste el vino? Más vale dijo mi otro hermano. Pero… che, me parece algo poco ¿viste?
Almorzamos empanadas como duques y charlamos de lo lindo un par de horas. Mientras tanto Abel concluía las instalaciones de digitales y yo, con el resto, armaba las estaciones de 20 y 80 metros.
Gustavo y Juan, conocedores de las necesidades propias de un LU; organizaron el dormitorio, las luces y volvieron a aprontar el mate. Al caer el sol, dos hermosas personas, inseparables y tan regocijadas como un niño ante juguetes; salieron a caminar. Roberto y Gustavo era la primera vez que visitaban el mar, no lo podían creer. Se fueron hasta la baliza y por sobre los médanos sacaron fotos de todo lo que encontraron.
AL regreso la cara de ambos, estaba distendida, armónica con la zona, feliz y por sobre todo apasionada.
Ya la noche llamaba a silencio cuando se escuchó un murmullo ensordecedor. Pronto me vi, atropellado por mis amigos. Che, gordito, deja un rato la radio y hazte la cena. Hace algo hace…!!
Yo, la cena, vos, como, la radio este, no, si bueno…
Llegué a la cocina y me encontré con el ayudante en jefe. Gustavo tenía un vasito de vino servido, y un sándwich preparado. Vos decime que necesitas y yo lo hago. Salud!!!
Charlamos un rato mientras calentaba el disco y cascaba una docena de huevos. En eso llegó Juan. ¡Que ruido che! Es imposible hablar. Salud!!!
En un santiamén preparé hamburguesas con huevo en sándwich coronadas con jamón y queso. El olor, cual moscas, trajo al resto del grupo. Nos acomodamos en la improvisada cocina y largamos. Luego llegó el café, más tarde los mates. Claro, ya nos habíamos acabado otras cuatro ¾ del buen Michel.
Con un tazón bien calentito de café, nos fuimos a las carpas a seguir con la radio. Manu (LU9ESD) un buen amigo, estaba ofuscado por la frecuencia. No podía creer que cenamos y tomamos. Él y su equipo en el Faro el Rincón, estaba a dieta macrobiótica. Nosotros tenemos diez litros de agua, sopas en sobre, mate y unas salchichas. Dijo casi llorando. La próxima vez voy con el ECO RADIO.
Mantuvimos las estaciones hasta las 02:30 hs de la madrugada. Luego se tocó silencio.
La noche parecía sacada de una novela. La luna y las estrellas se conjugaban en lo alto para acompañarnos, el mar con su suave susurro nos adormecía y hacía de nosotros seres extasiados, felices y agradecidos a Dios, al grupo y a los amigos.
Muchos compañeros del ECO RADIO se habían hecho presentes en la frecuencia para saludar, acompañar y para vigilar. Si, resulta que desde Punta Alta la Almirante Laura hacía escucha, so pretexto de preparar la comida de mañana. Desde la capi, Paula la Vicealmirante, preguntaba por su amor… solo porque los chicos querían oír al papi por radio ¡Andáaaaaa!. En el rincón sur del territorio cordobés, la Capitán de Fragata (Bety) rasguñaba las piedras, porque el pícaro de su marido la había dejado sin HF. Y como si fuera poco; también se olvidó el celular en la mesita de luz. ¡No me jodannnnnn! Pero como la amistad imperante en el grupo se imponía; Abel, Gustavo, Juan y yo, cedimos nuestros aparatitos para que la capitana controlase; perdón. Hablase con su amado Roby.
Doña Beba, la Capitán de Navío desde La Falda; hacía lo propio con su bebe, vale decir. YO. Y como si fuera poco; Lucía LU3EZH, Germán LU1MAR, Darío LU4MDC, Bernardo LU8BJS y otros integrantes de ECO RADIO como al pasar, se presentaban para ver si todo estaba bien.
A las 06:00 hs del sábado sonó mi celular. Me levanté y presuroso puse agua a calentar, me higienicé como para sacar las lagañas y rumbee hacia el generador. Toqué esto y lo otro, agarré la piolita y tire con fuerza. Algo se puso duro y mis dedos derechos alcanzaron a elongarse como los ojos de “la máscara”. Me dolía hasta la boca de la frenada que me pegó el equipo. Quise hacer otro intento y se me caía la mano, el brazo y el alma.
Prendí otra vez la linterna y busqué que podía llegar a ser el problema. Acaso este artilugio no me iba a ganar así porque si.
Dije una vieja frase en hebreo …kus shell a ima shell ja… y llorando salí para la carpa. No traduzco la frase por respeto a los niñitos. Sory!!!
Cuando daba la vuelta a la cocinita Abel, venía presuroso a ver que sucedía con tanto grito y lágrimas. Esta cosa de merd…. Dije al borde del nuevo llanto. No la puedo hacer girar.
Déjame ver. Mnn mmmm, si, mmmmmm, claro. Bueno, no se que le pasa.
Ah que bonito te queda. ¿Y ahora que hacemos? ¿Lo empujamos?
No, solo dale vuelta la manija de arriba, esta, señalo Gustavo que se había despertado por la avalancha de improperios y los gritos de dolor. Es que tiene un descompresor, ¿ves? Sino no lo moves. ¡Ah chocolate por la noticia!
Y se hizo la luz. A las 06:08 minutos las estaciones volvieron a recibir el límpido NOICE BLANC. No había ni el loro en la radio. No había!
Preparé dos café y mientras Abel hacía lo suyo en 40, yo arremetí en 80. Al rato luego del letargo, se inició la actividad con varios faros llamando y contestando y tantos otros colegas que nos buscaban.
Para las 08:15 todo el pelotón estaba de pié. Los desayunos listos y la radio a full. Cerca de las 09:10 hs. Llego un jeep de la fuerza con nuestro buen amigo el Cabo Ppal. Miguele quién junto a otro infante, también sub of. venían a ver, como habíamos pasado la noche. Tomaron unos mates, hicieron unas fotos y se fueron. Nosotros apagamos todo y salimos por la orilla del mar a caminar hasta la Baliza Chica. Nos separaban 1.200 metros caminando por la curva costa, pero solo 486 por el camino arenoso. Optamos por el agua.
Bandadas de flamencos nos daban la bienvenida y las gaviotas con los petreles; se alborotaban a nuestro paso. Vimos en la arena cercana al agua varias marcas y escritos, eran las señales de los primos, que como niños la noche anterior; dejaron a su paso. ¡Estos chicos!
Sacamos infinidades de fotos y nos volvimos a seguir transmitiendo. Según supimos, alguien tenía que ir hasta allí a sacar unas fotos y buscar las coordenadas; porque sino la Paula. Perdón, la amada esposa no le creía. No voy a nombrarlo porque sería un desatino ¿vio?
Por las dudas la llamó por te. desde la misma baliza y nos hizo gritar presente a todos. ¡Que cosa con estos viejos!
Otro pidió el celular para iden.!!! ¡Que cosa con estos jóvenes!!
Cuando llegamos al campamento y arrancamos Laura volvió a llamar. Nos censuró por la demora y pregunto que esperábamos para ir a buscar las cosas de la comida de hoy.
Allí salieron Abel y Juan rumbo a Punta Alta con la promesa de volver pronto.
Como Roberto y Gustavo estaban muy activos en la radio, y no habiendo nadie más para mandar, me arremangue y entré en la cocina. Disco al fuego, aceite, cebollas, ajíes morrones, tomates, y arroz. Con eso debía hacer el almuerzo.
Solo unos minutos después; escucho por VHF que los amigos volvían. Además, lo hacían con los calamares ya pre hervidos por Laura; en razón de que era muy tarde (para ese entonces las 14:45 hs). Cuando llegaron Juan y Abel, la pregunta primera fue. Che ¿compraron algún vinito de más?
Satamente mire Ud. dijo Juan. Le parece dos cajitas de Michel. Venga, traiga, dijo Gustavo y las perforo con el saca corcho.
Cando el reloj marcaba las 15:25 hs. Apagamos el generador y nos dispusimos, previa foto, a dar cuenta del manjar que esperaba sobre la hornalla.
Recién a la 17:23 hs. Iniciamos otra vez las transmisiones radiales. Pero la amistad incrementada, los lazos forjados, el cariño derramado en la mesa; no tenía precio.
Gustavo se apresuró a lavar los trastos, con Abel y Roberto, colocamos a unos 120 metros, entre dos farolas ya olvidadas; un moño de 40-20. Juan nos esperó a la vuelta con unos amargos bien cimarrones. Se levantó viento del sur sudeste y surgieron las camperas por un rato.
Con el sol ya escondido Juan y Gustavo hicieron un siestita. La del Goty fue cortísima, solo minutos; quería volver a ver el mar ahora de noche y con los barcos navegando en el canal de ingreso a puerto.
Juan apareció como a la hora, nuevamente con el mate y se ocupó de los 40 metros por un rato. Abel luchaba en 20 con los digitales, yo en 40 y Roberto en 80.
Cuando nos acercábamos a las 21:34 hs. Laura llama y dice que en media hora estarían listas las pizzas. Pizzas… puajhh, beeebbrrp. Más comida. No “sasina” (asesina).
Luchamos como diez minutos con Abel que a toda costa quería ir en búsqueda de las redondas masas. Solo con unos cuantos golpes y llaves de catch, pudimos detenerlo. ¿No vez que no nos entra nada más? ¡Claro dijo Roberto! Si hasta me salen tentáculos por,…por, bueno tentáculos vos sabes.
Juan, hombre mayor y el más responsable de todos nos. Sentencio. De ninguna manera, sería una locura que comiéramos algo más. No y NOOOOOOOOOO. He dicho.
Seguimos con la radio.
Como a la hora, Abel me grita desde la otra carpa. Che Léturi, no trajiste a Fernando para que vea las radios.
Ergo, pedía un ferneson con cocucha efervescente. Me encaminé cabizbajo a la cocina. Decía para mis adentros me muero, engordé hoy solo como treinta kilos. Chau régimen.
Cuando descorro el cortinado (si, porque si hacemos las cosas, las hacemos bien) me doy con dos mosaicos. El Juan y el Gustavo. Habían prendido la hornalla, tenían el agua tibia por si acaso y en la mesa; habían fusilado a tres Michel Torino. Medio salame y un cuarto de bondiola. Epa epa. Dije sin miramientos. NO era que estaban llenos. Si, dijo Juan, eso era hace como dos horas. Arrancamos con unos amargos, y nos dio hambre. ¿Está mal?
NO, que va estar mal. Pero podrían haber avisado ¿NO?
Lo que pasa es que estaban atareados con la radio argumentó Gustavo.
Llené el vaso de Abel con Fernando y lo llevé a la carpa. Le comente sobre nuestros amigos y se rió. A mi no me entra nada, dijo. A la vez que preguntaba si yo no tomaba nada. Metele a un Fernando, es digestivo.
Me senté ante el equipo y lancé un furibundo llamado. Desde las entrañas los calamares me estrangulaban. Luego de ahogarme dos veces recordé que mi padre decía lo mismo del fernet. Es digestivo. Así que volví a la cocina y me preparé uno. Los amigos estaban con el amargo nuevamente. Es para bajar todo Hetitorrrrr dijo Juancho.
Solo como a los 40 minutos, apareció Roberto que con el ocaso; se había tirado un ratito ¡Viejito! Le pasé la posta y volví a la cocina por más Fernando para los amigos y obviamente para mí.
Cerca de las 00:35 decidí irme a dormir un rato para agarrar la madrugada descansado. Juan, roncaba en la carpa de al lado y Gustavo estaba por el segundo sueño. Previo aviso de que debíamos tener combustible hasta las 05:35 más o menos.
No se que hubiera sido de nosotros sin el Tavo. Él ha sido nuestro jefe de mantenimiento y el encargado de la generación energética. No tuvimos fallas, no faltó suministro, no apagamos nada. Lo que se dice; una verdadera usina.
Entre sueños escuché el silencio pos apagado del grupo. También a Roberto y Abel que se saludaban y despedían. Luego la entrada de mi amigo a la carpa y su desmayo total entre las sábanas. Antes me dijo en automático…NO HAY NADA NI NADIE EN LA FCIA…¡VIEJITO!
Volvimos a levantarnos con Abel a las 06:00 hs. Pero esta vez, le gané de mano al generador. Creo que le sorprendí dormido porque al menor ruido; había arrancado.
Así, con un café calentito entre las manos; iniciamos Abel y yo la última jornada de la expedición.
Para las 07:30 todo el mundo estaba arriba y preparado para la arremetida final. Hicimos unos cuantos contactos más; hasta que la propagación se desapareció.
Abel y Gustavo, salieron raudos a eso de las 10:30 hs. Rumbo a Punta, donde la amabilísima Laura esperaba con el almuerzo de ese mediodía.
Yo deambule un poco por el monte y traje bastante leña; y Roberto llamaba y contestaba en 40 metros.
Juan, volvió a la baliza porque su GPS no había registrado las coordenadas y no podía volver sin ellas.
Al rato llegaron Abel, Laura y Gustavo. Junto con ellos el asado.
Cual pirómano, Gustavo en un santiamén había prendido el fuego con la ayuda de Roberto. En menos de lo que responde Batman la llamada de te. Del alcalde, juntos incineraron la tonelada de leña que teníamos acopiada.
Abel, previsor de que a la tarde se nos complicaría; sugirió que saquemos las antenas que no se usarían más. Así con arduo trabajo bajo el ardiente sol de agosto; Roberto, Abel y yo, desarmamos y bajamos no solo las antenas, sino lo mástiles de campaña. Gustavo, cual Dios VULCANO, quemaba leña mientras regaba todo con un vinito refrescado por hielo. Juan llamaba en 40 metros y Laura, luego de unos cuantos contactos; arremetió con la ensalada.
Mientras desarmábamos las partes del antenamiento, se me ocurrió mirar desde lo alto el campamento. En eso, la vi a Laura trajinar con un enorme recipiente de acero inoxidable. No podía darme cuenta de que se trataba; pero no por eso dejaba de observar.
Cuando bajé desde el médano trayendo cosas, le pregunte que era ese mamotreto; a lo que contestó que se trataba de la ensaladera. ¿Cómo que ensaladera? Dije asombrado. Eso parece un lavamanos que tenía mi abuelita. ¿Vos nos viste cara de conejos para comer tanta verdura?
Los cándidos ojos de mi amiga me adelantaron que la respuesta no sería sencilla de digerir. ¡Mira gordito hermoso! Dijo tratando de sonar amable. Si uds. cuatro se han comido lo que comieron y CHUPARON en esta expedición; no me vas a matar de hambre hoy, que recién pude venir a participar. Si no comen la verdura, a la noche hago croquetas. Se dio vuelta y por encima del hombro me pidió que le alcanzase el vinagre.
Gustavo ahumado como una trucha, dado que el viento remolinaba en su derredor; nos gritó el tiempo restante para el ataque. ¡En cinco minutos se larga! ¡Prepararse la tropa!
Aún estábamos enrollando los más de trescientos metros de coaxial que teníamos tendido, cuando otra vez el chef llamo a atención. ¡A comerrrrrrrrrrrr!
Bajamos más pronto que ligero desde lo alto del médano con mis compañeros y dejando las gorras a un lado, nos sentamos a la mesa. Juan, ya nos había llenado un vasito para cada uno a los efectos de realizar el brindis. Laura sirvió la ensalada y con ese acto; dimos por iniciado nuestra última comida en la expedición.
A los postres, casi dos horas después, Abel nos informó que había solicitado el permiso para que deambuláramos por dentro de la base a los efectos de conocer el museo y la plaza de emplazamientos de la batería histórica. Así que pese a nuestra reticencia nos envió a sacar fotos y conocer ese hermoso lugar.
Allá fuimos con Gustavo, Roberto y Juan, a conocer y descubrir tantas cosas las cuales, muchas veces; solo vemos en la tele.
Entre los cuatro, sacamos más de quinientas fotos, subimos bajamos, perdimos un par de lentes, posamos, criticamos el abandono impuesto desde hace muchos años por los gobiernos de turno a este valiosísimo material histórico. Y vimos un atardecer en las costas de una base militar.
Un ruido sordo nos alertó, cuando nos dimos cuenta un jeep militar pasaba raudo por las cercanías, saludando con beneplácito nuestro recorrido. Seguimos sacando fotos, criticando y disfrutando.
Roberto, siempre atento a los detalles, al rato se acordó de algo que nos hizo saber. ¡Che… estos pibes no serán los que van a buscar las carpas…! ¿Recuerdan que dijeron que venían a eso de las cuatro?
La única respuesta fue ¡Uyyyy cierto! La recorrida histórica, nos había subyugado tanto que ni cuenta nos dimos de la hora. Había tanto por ver, por conocer; que nos olvidamos.
Aproximadamente unos cuarenta minutos después de los infantes, llegamos al campamento. La zona parecía desértica. Laura tomaba mate, convidando a sus ocasionales visitantes y Abel, sentado en una silla con una mesita de campaña, anotaba uno tras otro sus últimos comunicados. Muy orondo estaba él haciendo radio en medio del medanal, despuntando el vicio de la comunicación; mientras llamaba de a ratos a los soldados para que escuchen el saludo de los corresponsales que, desde todo el país; con beneplácito agradecían los servicios prestados a nosotros. El Grupo ECO RADIO.
Minutos después de la llegada nuestra, los chicos subieron todo al jeep y partieron. Nosotros nos repartimos en dos grupos. Uno desarmaba las antenas restantes y el otro, comenzaba a cargar. Todo llevó algo más de una hora. Para entonces, las 17:45 hs. Marcaba la finalización de la expedición.
Con todo pronto para realizar el viaje de unos 30 km. hasta la casa de nuestros amigos; nos pusimos en marcha. Estábamos cerrando la tranquera cuando caigo en cuenta de que faltaba Roberto. Preocupado le inquirí a nuestro líder, sobre él. La respuesta fue… necesitaba ir al baño…
Pasaron más de 15 minutos y el amigo no volvía. Preocupados con Gustavo, hicimos mención que quizá le había pasado algo, que se habría descompuesto o que se yo. No pasa nada dijo Abel. Está bien.
Cuando la espera llegó a la media hora, me bajé como pude de entre las cosas en la chata y volví a preguntar por él. En eso llegó bastante colorado y muy transpirado.
Perdonen la demora, dijo casi sin aliento. Es que se me hizo medio difícil volver corriendo por la arena. Con Gustavo nos miramos azorados. Tuviste que volver ¿desde donde? Acaso ¿no fuiste al baño?
Nooooooooo, dijo Roberto, que baño. Ahora voy al baño de la casa cuando lleguemos. Fui hasta la baliza. Me había olvidado ayer, una bolsita con conchas de caracolas que junté para mi media naranja. ¡Glup!
Que podíamos decir… El amor tiene facetas irreconocibles aún, en personajes como mi hermano Roberto.
Salimos prestos y gustosos de la zona, pero cumpliendo la ley de Murphy, algo teníamos que olvidarnos.
Cuando el puesto de control estaba ya a la vista, Roberto desde atrás, sentado sobre cientos de cosas, nos informó que “¡No tengo los lentes!” Perdí los anteojos.
Yo me di vuelta y solo atiné a lamentarme por la caminata que debería hacer antes de que el mar, se llevase de la playa ese elemento.
Me parece que los dejaste en el museo, dijo Gustavo pensativo. Dando media vuelta y retomando el largo camino a la baliza.
Cuando llegamos a la zona del museo, paró y nuestro amigo, luego de correr aliviado solo cien metros, regresó con sus anteojos; muy sonriente y agradeciendo la amabilidad de haber vuelto.
Poco más de las 19:30 hs. Marcaba el reloj, cuando pusimos pie a tierra en la casa de Abel y Laura. Misión cumplida.
Ahora, llegaría el momento de las críticas, los números y el balance final de todo lo realizado.
Bajamos todos los elementos de la chata y nos fuimos a la casa del abuelo a bañarnos. No sería honesto entrar a la morada de nuestros amigos con esa facha y… esos olores.
Otra vez la casa, aunque vacía y sola, nos esperaba calentita, ya que Abel se había encargado de volver a encender los calefactores al mediodía.
Nos turnamos rápidamente para el baño. Y mientras tanto, tomamos mate, hablamos por cel. Y dormitamos un rato. A las 21:30 hs. Le avisamos a nuestra buena Laura que salíamos para allá.
Cuando llegamos hasta el pequeño Agustín estaba bañadito y perfumado. Las pizzas en cantidad incontable, chirriaba en la mesada. La mesa estaba lista y nosotros hambrientos.
Luego de la llamada a la mesa, atacamos esos manjares. Una por el hambre, otra por la bronca de no haberlos comido el sábado. A los postres, se impuso la charla.
Abel como nuestro líder llamó a decir lo bueno y lo malo de esa experiencia. Así que cada uno dispuso de su tiempo para poder extenderse en los comentarios.
Unas dos horas después; volvió a preguntar ¿Qué vieron o hicimos mal? A lo que Juan respondió unificando criterios NADA. Vinimos y nos vamos aún más felices; que podemos pedir. Comimos, tomamos, nos divertimos, hablamos por radio, nos reímos, comimos, tomamos, la pasamos bien. Comimos, tomamos, ¿Qué más se puede pedir?
Y realmente ha sido así. Sería y seríamos más que injustos pedir otra cosa. Máxime teniendo en cuenta como está el país en este momento.
Ya entrada la madrugada y con varios mates en el haber; nos retiramos a nuestros aposentos a dormir.
A las 08:30 hs. Volvimos a levantarnos y rumbeamos luego de acomodar la casa, en búsqueda de nuestras cosas. Pero Abel, nos tenía reservada una nueva sorpresa.
Dado que era feriado y podíamos viajar a la tarde y aún llegar a tiempo a nuestras casas; nos invitó a recorrer la zona portuaria militar de la Base Naval de Puerto Belgrano. Así, casi sin quererlo y con un guía de lujo; pudimos conocer un lugar al cual no muchos pueden ingresar. Allí, las históricas naves de guerra se mostraban guardianas y atentas, los cormoranes, las gaviotas y los petreles; protestaban a nuestro paso. El mar, en su incansable ir y venir traía los recuerdos de otros momentos en los cuales ésta zona, bullía con los sonidos de los aprestos, las órdenes y las salutaciones de rigor.
Ya pasado el mediodía y felices de lo vivido, regresamos a cargar nuestros petates.
Carguen todo, no se olviden nada, dijo Laura con un Agustín en brazos algo triste; quizá por nuestra partida. Luego vamos a comer.
NOOOOOOO, eso si que no dijimos a dúo los tres cordobeses, aunque el grito sonó poco convincente. Nosotros nos vamos ya, así no nos agarra modorra.
Que modorra y ocho cuartos. Uds. primero comen y luego se van. Eso es todo. A la mesa. ¡Ahhhhh, nadie toma vino! Tienen que manejar.
Mientras nos ubicábamos en la mesa, Juan por radio desde su camioneta, nos daba datos de por donde se hallada. Él había salido con el fresco de la mañana, rumbo a la capi. No quería manejar de noche.
¡Que lástima Juan, te perdiste las pizzas!
Cuando entre lágrimas iniciamos los saludos, arribó otro amigo, integrante también él del grupo LU8EWZ Sergio Zanni, quién originalmente era parte de la expedición; pero problemas laborales y familiares a última hora se lo impidieron. Quería él saludarnos y conocernos, estar un rato con nosotros.
La charla nuevamente se impuso y mientras tanto, calentamos agua, agarramos algunas masitas, repartimos besotes a Agustín y agradecimos efusivamente a los Romero.
A las 15:17 hs. Dejamos la casa de nuestros hermanos en Punta Alta. Y a los tres se nos escaparon algunos lagrimones. Habíamos gozado a más no poder, fuimos receptores de respeto, cariño, amistad, amor y dichosos “disfrutadores” de la cordialidad y hospitalidad de estos amigos, camaradas y compañeros de aventuras.
Si pudimos llevar adelante esta expedición, fue por la desinteresada participación de este grupo humano. Pero estar lejos de casa y sentirse como en ella; no es poca cosa.
No podré y creo tampoco lo podrán agradecer mis compañeros; las atenciones y el cariño. Realmente son Uds. únicos, estamos en deuda total con cada uno. Gracias Laura, Gracias Abel, Gracias Anabella, Gracias Agustín.
Luego de pasar por el Puerto de Ing. Wite y sacar otras fotos, partimos por ruta 33 hacia nuestra Córdoba. Eran entonces las 17:30 hs. Y teníamos por delante unas siete horas de viaje.
No voy a contar el regreso y menos la nueva despedida de nosotros tres; pero se impone para aquellos que no creen en estas realizaciones. Que les comente algo que nos llena de orgullo y que permite volver a decir nuevamente MISIÓN CUMPLIDA.
Ya teníamos unas cuatro horas de marcha y los mates se estaban apoderando de nuestras manos. En eso, Gustavo rompe el silencio y dice algo que, tanto a mí como a Roberto nos heló la sangre.
¿Saben lo que pienso yo, de estas “jodidas” expediciones?
NnnnnnnnOoooooooooooooo, dijimos atajando el golpe.
Son realmente maravillosas. Yo nunca había pensado pasarla tan bien y con gente macanuda como todos Uds.
¡Cuéntenme para otra! ¿Saben? Y es más. SI alguno sabe de algún “equipito” me avisa, quiero salir en frecuencia para compartir esta experiencia y que otros se sumen.
Ehhhhh!!! Claro amigo, como no le vamos a contar su Ud. es parte del grupo. Del Grupo ECO RADIO.

Gracias Gustavo LU3HGA, Gracias Roberto LU7HBL. Gracias por la confianza, gracias por el cariño, gracias por los buenos momentos y por sobre todo. Gracias muy grande, por vuestra amistad.

Bueno, bueno. Así termina esta historia. Así, como inició, con palabras. Quiera el buen Dios que los que accedan a leer este documento puedan un día disfrutar de las mismas experiencias y sensaciones. Les aseguro que no volverán a quedarse afuera, cuando se vuelva a organizar otra.
¿Saben porqué? Porque esta es la esencia de nuestro grupo.
El Grupo Expedicionario de Radioaficionados ECO RADIO


En la ciudad de La Falda, Córdoba Argentina, a los 26 días del mes de agosto de 2009


Héctor Oscar Cousillas
LU3HKA




martes, 22 de marzo de 2011

Expedición a las Balizas Escollera Norte ARG 108 y Norte Vieja ARA 1288

FIN DE SEMANA SUDAMERICANO
DE LOS FAROS



Activación de las Balizas del Puerto de Rawson, Pcia. del Chubut

En agosto del año ppdo., mientras estaba yo muy imbuido en contactar los faros que salían en el aire en el Fin de Semana Internacional de los Faros y Buques Faros; crucé palabras con Cristian Rossler LU1WCR. Cristian, además de ser radioaficionado, es el Presidente del LU1WF Radio Club Rawson. Mientras estábamos charlando sobre ese fin de semana y para mi más absoluta sorpresa Cristian espetó. ¡Che! A ver cuando se vienen con el Grupo ECO RADIO a activar con nosotros algún faro ¿NO? Lejos de amilanarme y seguro de mi y obviamente del grupo al que pertenezco; le respondí al momento. Cuando Uds. nos inviten pues!
Todo quedó es eso, solo un cruce de comentarios divertidos entre dos colegas que aman lo que hacen y disfrutan mucho más el hobby. Pero el tiempo, impetuoso, silente, pasó en forma inexorable y por lo tanto el feliz comentario se desvaneció en el cotidiano vivir.
Cuando las fiestas se hicieron presentes, intercambiamos saludos y pusimos los mejores deseos de felicidad en algo que nos resultaba muy caro a nuestros corazones. La radio y la familia. Pero… no faltó otro sagaz comentario de Cristian sobre el mismo particular. ¡Che! No se olviden que los esperamos par los faros ¿EH?
Como me jacto y jactaré siempre de ordenado y legal, le respondí con algo que estaba a flor de boca y con lo cual, pensaba yo, terminaría la historia. Envíanos la invitación oficial del RC y lo tratamos en comisión. Pero desde ya, te aseguro que no hay drama con ello.
Esa misma noche hablé con los miembros de la comisión y decidimos que si se hacía efectiva la invitación, tal como parecía sucedería; algo tendríamos que hacer. Se pactó que llegada la misma, organizaríamos el viaje con los que se sumaran para le evento.
Habiendo pasado la vorágine de los festejos y el inicio de las vacaciones, no tardó en llegarnos la nota de referencia. El Radio Club Rawson LU1WF, se complace en invitar a Uds. para activar en forma conjunta las baliz…! Que cosa, algo que estaba lejos de concretarse y con un dejo de imposibilidad; comenzaba a tomar forma. Una entidad hermana nos invitaba a participar de una activación a más de 1600 km. De distancia. No nos conocíamos personalmente, tampoco teníamos amistad previa entre los integrantes; pero así y todo, nos tenían en cuenta para algo groso.
Como no podía ser de otra manera, pronto dimos el alerta general para que el resto del grupo, pusiera las barbas en remojo y se preparara a participar de tal evento. Mail, llamados, charlas, comentarios y mucho diálogo se mantuvieron allá por mediado de enero.
Casi al mismo momento que se cursaron las invitaciones para los integrantes, Ricardo Diez LU1QRA; me llama y avisa que él sería de la partida si le aceptábamos en la expedición. Poco después Norberto Del Villar LU7HA hacía lo propio. Ya teníamos conformado un equipo. Tres integrantes de ECO RADIO que se sumarían a otros tres, del Radio Club Rawson LU1WF. La cosa tomaba forma y además se consolidaba.
Acordamos que yo haría los arreglos con los boletos de ómnibus para los tres, y que partiríamos el día 24 de febrero en horas del mediodía, al menos desde Córdoba Capital. Beto y Yo. Ricardo haría lo propio pero desde su San Luis natal. Y los tres nos encontraríamos en Río 4º a eso de las 17:00 Hs. Por disponibilidad de horarios, por comodidad y obviamente por precios, viajamos en TUS. Transportes Unidos del Sud.
Los días previos, me encontraba anonadado y algo perdido, porque a pesar que tomaría parte de una expedición a 1560 Km. De mi casa; que haría radio todo un fin de semana, y que participarían de la misma seis personas. Amontonaba sobre mi mesa los bártulos y no podía dar crédito de lo poco que en ésta oportunidad llevaría. Yo, que viajo con decenas de cosas y kilos de exceso ahora ponía todo en un bolsito. ¡Qué Raro!
Dos días antes de la partida Ricardo me informó que si bien Cristian le había dicho que ellos ponían todo para la expedición; no veía mal que lleváramos algo liviano o práctico si queríamos. ¡Ahora cambiaba la bocha! Podía yo agregar algo más al flaquito bolso que estaba preparado en la sala de radio. Pronto se decidió que sumáramos un equipo de radio, una fuente y un par de antenas como para despuntar el vicio. Así que el IC 706 MKIIG sería de la partida y algunos de los dipolos del grupo, también.
Llegado el 23 a la noche, charlamos unos minutos por Skype para poner todo en orden a último momento y acordamos que al otro día nos veríamos. Hicimos un repaso de los elementos cargados y controlamos entre los tres que no nos faltara nada ya muy de madrugada, nos despedimos.
El 24 de febrero, amaneció en La Falda nublado, con lluvia y algunos truenos que se dejaban oír entre los cerros vecinos. Me levante temprano y luego de un baño y una buena afeitada; desayuné con mi madre que tampoco daba crédito que su hijo solo llevara ese equipaje.
Tomé el Sarmiento de las 10:15 hs. con rumbo a la Terminal de Ómnibus de Córdoba, donde me encontraría con Beto. Llegué tal lo esperado; a las 12:25 hs. Mi amigo y hermanos Beto, hizo lo suyo a solo diez minutos más tarde. Me saludó como es su costumbre afectivamente y tirando sus petates a mis pies; desapareció con rumbo al baño. Dejando tras de sí una estela de fuego que manaba desde las baldosas de la terminal.
A los poco minutos cuando regresó; me explicó casi sonrojado ¡son las pastillas de la presión ¿VISTE?! Escusa más que útil para mí, porque casualmente me estaba llegando el efecto de las que yo había tomado hacía ya más de dos horas en el desayuno. ¡Sí, claro espeté! Ahora cuida vos las cosas, porque voy yo. Volví a los 10 minutos y la unidad ya estaba aparcada en su dársena, esperando que subiera el pasaje. Son las pastillas le alcancé a decir entre el ruido de los ómnibus y el bullicio de la gente.
Luego de mirar de mala gana a un viejecito que pretendía usar nuestros asientos por una razón de comodidad; debatimos por espacio de casi una hora sobre la experiencia próxima y en especial sobre cómo serían los compañeros de aventura. Pronto subió el segundo chofer y puso en marcha el reproductor de video, el que nos propuso una película algo vieja, pero al menos entretenida. Tres veces pretendí yo cebar mate pero di con la negativa de Beto. Éste al parecer estaba algo más nervioso que yo sobre el particular de los compañeros de aventuras, aunque no dio indicios de su nerviosismo. Así que solo atiné a tomar un paquete de Cerealitas y mitigué el hambre que traía mientras dormitaba luego de la película.
Cuando estábamos en las cercanías de Río 4º recién el pez cayó en la red. Vos que ya tuviste experiencia en estas cosas varias veces, ¿Cómo te parece que serán los vagos? ¿Ricardo?, los de Rawson? Soltó Beto, haciéndome salir de mi letargo y somnolencia. ¡AL FIN! Rompió el silencio este, dije para mis adentros. Yo sabía que no estaba del todo tranquilo.
Traté con las mejores palabras de hacerle saber a mi amigo cual era la opinión que tenía en esos momentos de nuestros ocasionales amigos y por sobre todo, de lo que pretendía hacer si las cosas se complicaban más de la cuenta. Ya había sufrido hacía un par de años la triste experiencia con cuatro desconocidos que me dejó traumatizado y por demás receloso.
Luego de escucharme, Beto aseguró que él no tenía a ciencia cierta algo muy definido, pero que opinaba más o menos como yo al respecto y en especial, quería pasarla bien. Costara lo que costara. No había decidido venir a éste viaje para hacerse dramas o pelearse con el resto de los componentes del equipo. Así, charlando y planteando suposiciones, llegamos a la terminal de Río 4º.
Desde lejos se podía ver a Ricardo ansioso y efusivo cuando el coche estacioné en la plataforma 8. Portaba en su espalda una enorme mochila roja y gris, rechoncha ella de cosas que prolijamente había guardado Ricardo en ella. Se notaba que sus años de Scout de algo habían servido. Además portaba en la mano izquierda una funda de caña de pescar y en la derecha un bolsita de nylon, con la propaganda de una afamada cadena de supermercados de la zona.
Fui el primero en bajar del bus, cuando se abrió la puerta y con la cámara de fotos en mano, me dirigí entre risas y críticas al anonadado amigo que esperaba de seguro, otro recibimiento. ¡Decime caradura!, dije sin miramientos vamos a hacer radio, a activar dos balizas, y vos te llevas la cañita. ¿Acaso te le escapas a tu esposa? Beto, desternillado de risa, sacaba fotos y pretendía hacerse oír por sobre el alta voz que anunciaba la pronta partida de la unidad 157 de la empresa TUS; con destino a Caleta Olivia.
Luego de solo unos segundos, Ricardo recobró la risa que le es característica y soltando sus cosas, se confundió conmigo primero, y con Beto casi al momento; en un fortísimo abrazo. Como para quedar bien y romper el hielo, agregó: ¡Te hacía más gordo! ¿Sabes?
Mientras le manoteábamos con Beto su equipaje, solo le respondí ¡es la ropa! Pero creo que no resulté para nada convincente. Beto por su lado, esbozó una leve pero perceptible sonrisa cómplice.
Cuando subimos al bus, la cosa se puso muy buena. Ricardo, con su sonado y característico acento puntano; lo primero que hizo fue volver a saludarnos y darnos un besote cariñoso. Nos manifestó la alegría que tenía y dejó saber que era para él; todo un desafío éste viaje. Por un lado, dejaba por vez primera a su hermosa esposa y su pequeña hija, solas por varios días. Por otro, entendía que tenía por sobre todas las cosas, una tremenda responsabilidad al representar al Grupo ECO RADIO en tamaño evento.
Luego del intercambio de rigor, y como para que se sintiera ya parte cómoda del equipo; Beto de obsequió la gorra oficial del grupo, bordada con su licencia y nombre. Y habría que verlo en un video, porque la cara se le transmutó y sus ojos saltones brillaron como si de un valioso premio se tratara el obsequio de marras. Dejó pasar solo un par de minutos y preguntó si podíamos tomar mate, porque estaba él más que famélico. Además dijo, había traído algunas facturas para acompañar los verdes. Parecen buenas agregó. Mi corazón dio un brinco de júbilo y mi estómago agradeció la fina deferencia del amigo y como quién no quiere la cosa; arranqué con la cebada.
Pasamos más de una hora entre mate y mate, charlando animadamente y comiendo las facturas que resultaron aún más buenas que lo pensado por Ricardo. En especial las cara sucia y las tortitas negras. La charla versó sobre todo y su profundidad se fue haciendo cada vez mayor. Según los temas a tratar, era el tono de voz, según a que nos referíamos, se dilataba o no la plática. Todo hasta que llegó el momento crucial. ¡Che! ¿Uds. que tienen experiencia, que opinan de los changos de allá, en Rawson? Las tres miradas se cruzaron a la vez en un imaginario centro neural. Un nodo que se posicionaba como difícil de desanudar.
Beto, como siempre, rompió haciendo uso de su proverbial buen humor y sagacidad el gélido momento en el que nos habíamos metido. Yo creo, dijo que bla, bla, bla,… Además fíjate que bla, bla, bla, … Y no te olvides que bla, bla, bla… Mientras agregaba yerba al porongo, yo trataba de ir armando mi prédica para cuando llegara el momento.
Ricardo, a la vez que chupaba hasta el hartazgo la bombilla, como queriendo tomar fuerzas, dijo lo suyo. Que no varió mucho a lo que nosotros teníamos ya claro. Ahora me tocada a mí la alocución y por lo tanto las miradas se volvieron al asiento 15. Ventanilla.
Tengo la certeza, dije convencido de lo que hablaba, que éstos chicos no van a ponerse en ridículo haciendo mal las cosas. Si nos invitan por algo será, así que creo la pasaremos bien. Quizá algo falle, algo no salga como queríamos o teníamos la intención; pero vengo persuadido de que no me voy a poner loco. ¡He dicho!
Beto acotó que si yo lograba eso, no volverme loco, estaba garantizada la felicidad del grupo. Ricardo agrego que por todo lo que había leído y escuchado de mi; si lograba tal fin, la pasaríamos bárbaro. Digamos pues, que no tenía muchas alternativas.
Luego de la dilatada charla, reparé que la tarde iba cayendo por detrás de los hermosos campos del sur cordobés. Habíamos dejado ya hacía como media hora, de padecer una lluvia tenas y peligrosa para todos en la ruta. Si bien los nubarrones no auguraban nada bueno, al menos de momento no llovía. Quise por todos los medios conciliar un poco el sueño, como para ir descansando adelantadamente porque entendía que las jornadas en las playas de Rawson, no serían del todo reparadoras que digamos. Pero, Beto y Ricardo departían muchas cosas y en forma tal, que no podía dejar de sustraerme a su charla. Así, no podría dormirme nunca.
Me percate al rato, que Ricardo incomodaba también a su compañero de asiento, porque se daba vueltas constantemente para platicar con Beto. Si bien todo era muy suave y amistoso, al menos habíamos dos pasajeros que no podíamos dormir por otros dos carcamanes parlanchines. Se me ocurrió entonces cambiar de asiento y así permitir que mis camaradas siguieran la charla sentados uno al lado del otro. En cuestión de minutos descubrí en mi nievo compañero de viaje, que su rostro se había tranquilizado y que se disponía un sueño reparador. Le esperaba un largo viaje según dijo, estudiaba abogacía en Córdoba pero viajaba a Caleta a ver sus padres.
No se en verdad cuanto dormimos mi compañero nuevo y yo; pero al despertar había salido el sol casi como despidiéndose de la tarde que llamaba a su fin. Atrás, en los asientos 15 y 16 Beto y Ricardo aún seguían arreglando el mundo de la radio y proponiéndose intercambios de material par la PC. No puedo honestamente aseverar si han criticado a alguien durante mi sueño; pero descuento que no. Cuando me incorporé en mi butaca semi cama, la noche había dicho presente y las estrellas tapizaban el horizonte hacia el sur. Llegamos minutos después a Realicó, La Pampa.
Nos detuvimos en una poca transitada arteria de la ciudad, justo en la puerta de un modesto restorán. Y el chofer voz en cuello subió al primer piso de la unidad para avisarnos que nos detendríamos 40 minutos para cenar. ¿Cenar? Dijo Beto asombrado, son las 20:30 hs. y luego que hacemos a la noche. Algunas risas se escucharon en el bus pero todo bajamos obedientemente para ver de qué se trataba. Los tres cruzamos algunas palabras en la calle, argumentando que si cenábamos debería ser algo frugal, liviano. Así que se me encomendó que preguntara dentro si había pizzas. No había abierto aún la boca cuando una rubicunda señora me salió al cruce. Ud. es del TUS???? Dijo casi sin mover los labios, sí, soy pasajero del TUS. Ahh, bueno ocupe una de las mesas que tienen las paneras ya le servimos la cena. ¿Qué cena dije? Si aún no pedí nada. ¿Cómo que cena? La que paga la empresa, acaso no le avisaron???? NO…!!! Se escuchó.
Ehh, pisfff, uhh, juiyy. Che, cabezas de alcornoque. Vengan que tenemos la cena paga. Les grité a mis compañeros. Los que obedientemente se acercaron y a la pasada pidieron una cerveza.
Nos dimos con que la empresa TUS, tiene incorporado el servicio de cena en su viaje, pero que lo da en un restorán no sobre la unidad. Así que complacidos comimos una milanesa de gigantosaurio, con limón. Y digo esto, porque el tamaño del frito, era como para dos comensales. La acompañamos con una riquísima ensalada mixta y con otras dos birras de la Quilmes.
Terminamos justo en el momento de volver a subir al bus, así que solo pasamos por el baño raudamente y pese a que lo intenté; no logré que mis compañeros tomaran un café conmigo. Subimos y nos acomodamos en las butacas a la vez que el chofer puso otra película que desde el comienzo, se tornó un verdadero fiasco. Departimos unos minutos, me preparé un acuyito (varias hojas de coca para mascar y exprimirle el zumo) y colocándolo entre el pómulo y la dentadura, me dormí sintiendo ese amargo intenso que para algunos es síntoma de mantenerse despierto.
Cuando volví a abrir los ojos, estábamos llegando a Sierra Grande y mis compañeros dormían a pata suelta. El ómnibus se detuvo en Las Grutas cuando el sol estaba ya dejándose ver en el salado horizonte del Mar Argentino.
Habiendo cargado un termo de agua bien caliente, me dispuse previo cambio de asiento a tomar unos verdes con mis compañeros. Volvimos a charlar animadamente a la vez que contestábamos los msjm. Que la familia o Cristian nos enviaban para saber por dónde andábamos a esa hora. Poco después de acabar el termo completo y habiendo convidado al colega chofer con algunos mates, arribamos a la más hermosa de las ciudades de la Patagonia. Puerto Madryn. Eran entonces las 09:40 del viernes 25 de febrero.
Caminamos por la terminal, hablé por te. con un viejo amigo y colega guía y pedimos algunos folletos turísticos para los chicos. Al volver a la plataforma, aprovechamos la asistencia de un par de viajeros medio dormidos para sacarnos unas fotos. Y cuando la unidad se puso a rodar, le avisamos a Cristian, que estábamos a menos de 70 km. De conocernos. Les espero en la terminal dijo el amigo patagónico, no se preocupen. Fue su lacónica respuesta.
Cuando arribamos a Rawson, el sol calentaba de lo lindo y la temperatura se elevaba a más de 27 grados. Bajamos todos los equipos, incluso la funda de la caña de pescar de Ricardo. La que nos había aclarado durante la noche, era en realidad una antena dipolo rígido para la banda de 20 metros que trajo para que pudiésemos hacer contactos en esa banda. Y cuando terminamos de subirlos a un banco de la terminal, vimos aparecer un caballero con andar cansino, de porte ampuloso, cara de buen tipo y una sonrisa de oreja a oreja. ¿Pensaron que no vendría? Nos dijo Cristian Rossler a los gritos, mientras le ametrallábamos a fotos con nuestras máquinas digitales.
¿Cómo les ha ido el viaje, largo, cómodo, cansador, comieron algo, cenaron, tomaron mate, tiene calor? ¡Uds. trajeron el cambio de clima loco! Hasta anoche llovió aquí en Rawson. Todo eso en solo dos segundos nos dijo el amigo cuando luego de abrazarnos y besarnos amistosamente, comenzó a cargar los bártulos. Pera!!! Fue lo único que pudimos decirle, tenemos que hacer un gran PISSSSSSSSS
Ya en su auto, con todo cargado y nosotros felices, salimos raudamente con rumbo incierto. Primero iríamos a la playa a ver de qué se trataba, luego pasaríamos por el radio club, más tarde que pasaríamos por su casa a bañarnos y arreglarnos. Yo pensaba para mis adentros, “y yo que solo traje unas remeras y las ojotas”. Antes de que pudiéramos decir agua va, estábamos en casa de Cristian. La esposa, los chicos y el perro, salieron a recibirnos. Bajamos todo y entramos. Esta es mi casa, nuestra casa y ahora es de UDS. hagan lo que les plazca. Si se quieren bañar “otra vez” se bañan, tomamos unos mates y vamos a la playa.
La esposa, Patricia ya había puesto el agua a calentar cuando nosotros desfilamos por el baño, pero solo para la higiene bucal y una lavada digna de cara. Algo de perfume, algo de peine y un cambio de remeras para estar listos. Patricia nos informó que los chicos dormirían en su cama, y que por lo tanto nos dejaban las suyas para nosotros, que acomodáramos todo. Nos miramos con los chicos (del equipo) y meneamos las cabezas en forma negativa.
Como siempre, no sería otro más que yo, el que hablaría. Ahhhh mis amigos!!! Che!!! Cristian. ¿Dinos como está armado el día para Uds. en la expedición? BUENO…! Dijo el amigo nosotros estamos en la playa desde ayer, preparando todo, al mediodía nos juntamos, comemos algo y terminamos con lo que falta. Luego a la tarde arrancamos. Otra mirada inquisidora nos encontró a los tres del ECO RADIO con la boca abierta. Ahhh no, entonces que vamos a hacer ahora nosotros, dormimos ya en el viaje, bañarnos para que, si de todos modos tenemos que ir a la playa. Con que finalidad vamos a dejar todo aquí y luego volver a buscarlo, si podemos llevarnos al campamento. Nos vamos para el sitio, ayudamos en lo que haga falta, preparamos todo y nos ponemos a cuenta de lo que tienen Uds. organizado. Por mi no hay problema dijo el dueño de casa, pero miren que se va a hacer largo el fin de semana.
Solo cinco minutos después, estábamos admirando las cercanías del Puerto de Rawson, a la vez que viajábamos velozmente hacia el punto fijado en la playa. A metros de las balizas Escollera Norte ARG 108 y Norte Vieja ARA 1288.
Cuando llegamos, el campamento estaba totalmente presto, con antenas, suministro eléctrico, conservadora repleta de bebidas, facturas y no sé cuantas cosas más. Guillermo LU1WIY salió a recibirnos con una hermosa sonrisa y feliz de vernos por primera vez. Nos dio todo tipo de consejos sobre la playa, el mástil, las aguas, el sol, el calor, y otros que no recuerdo. Acomodamos mientras terminábamos los saludos las cosas en una carpa iglú que estaba dispuesta para nosotros, con colchones inflables y bolsas de dormir y ahí nomás pusimos manos a la obra en la instalación de alguna antena extra para colaborar con las que ya estaban en el alto del mástil. Sacamos además nuestro banderín y la bandera nacional, que no pueden faltar en ninguna expedición, ya por reglamento, ya por convicción. Las que colgamos junto con las del LU1WF RADIO CLUB RAWSON; nuestros amigos.
El sol abrazaba fuerte y la cosa se puso media dura. Corría una leve briza, pero hacía calor. Cristian había desaparecido y solo Guillermo sostenía la presencia patagónica en esos lares. A los pocos minutos, arribó Gerardo LU2WGG, quién nos saludó como si hiciere años que nos conocía. Abrazos, besotes, chistes, abrazos, risas y todo lo que un ser humano puede dejar fluir de su persona, brindó Gerardo a quienes llegábamos de lejos. Dos minutos después hizo lo propio Cristian, ahora muñido con sendas bolsas de nylon obscuras y portando una amplísima sonrisa. Venga, vengan, Uds. dos, les gritó a sus camaradas y amigos, a lo que Guillermo y Gerardo, pronto se reunieron con él en la carpa; para salir tres minutos después luciendo hermosas remeras negras y gorras ídem, prolijamente bordadas con el singular logo del LU1WF. Un fachón único verdaderamente, que además les permitía competir amigablemente con las roja y negras, casacas del ECO RADIO, que lucíamos nosotros como para darles bronca. Las gorritas si bien eran similares, tenían (las de ellos) mucho mejor porte y colorido, porque una bailarina tonina, abarcaba todo el frente de la misma. Nos reímos un rato a la vez que hacíamos chistes sobre la indumentaria; todo eso junto con la tomada de unos mates bárbaros cebados por Guillermo. Y las facturas que había comprado cuando venía para la playa.
Como quién no quiere la cosa, vi en la carpa un cuchicheo entre los tres amigos de Rawson y algunas risas que entendí socarronas. Acto seguido, aparecieron con tres gorras en sus manos gritando a éstos tres indefensos representantes de ECO RADIO. ¡Sáquense esa porquería de la cabeza! Usen algo vistoso!! A lo que nos regalaron a cada uno y como testimonio de amistad, una gorra del LU1WF Radio Club Rawson.
Cuando quisimos acordar, sonaban en el reloj, las 14:30 hs. y nosotros sin comer. Me arrimé a Beto y Ricardo que estaban terminando con la antena de 20 metros y propuse que saliéramos a comprar el almuerzo nosotros. Guillermo que estaba dentro de la carpa, armando su estación, salió impeliendo gritos para que depusiéramos esa actitud. Cristian llegó raudo a nuestro lado y nos impuso autoridad.
Nosotros tenemos todo arreglado, hacemos las cosas, y luego arreglamos los números. Ahora vamos a comprar comida hecha así Uds. comen bien y luego vemos que hacemos para la noche. Media hora llevó hacerles entender que nosotros éramos como cualquier otro, que no merecíamos atenciones exclusivas. Que se dejara de jorobar con la comida hecha, y que arregláramos el asunto con cosas frugales.
Decidimos entre todos que por la hora y el calor reinante, sería bueno algo liviano y rápido, así que Ricardo y Guillermo, salieron rumbo al súper en búsqueda de fiambre, pan y gaseosas. NO se olviden de un vino, grité desde la carpa, que parecía a esa hora un horno de barro. Mejor una cerveza, espetaron a dúo Beto y Gerardo. Cualquier cosa pero que sea mucho, dijo por su parte Cristian, que ya estaba llamando en 40 metros a ver como se portaba la propagación.
Poco más de media hora después, departíamos amistosamente en la carpa a la vez que dábamos cuenta de unos hermosos y riquísimos sándwiches que cada uno se preparaba al uso nostro. Tomamos todo lo que había, sacamos fotos y nos reímos tanto que hasta nos provocó dolor de estómago. Lo único que os voy a criticar del servicio especial de catering, es que falta el café con que yo doy por terminados los almuerzos y las cenas en mi casa. Dije como para que escucharan los amigos, a ver qué pasaba.
¡Cállate jetón! Aquí tengo tu café, para que luego no critiques nada ya vimos como sufriste anoche en la cena, no queremos que te enfermes. Me sorprendió Ricardo con un gran jarro de café, hecho con saquitos que él mismo había traído en su mochila. Gustoso mientras los demás me miraban y reían brindando con variados líquidos, di cuenta de mi bebida humeante.
Cristian, quería a todas cuentas que fuéramos a su casa a darnos un baño, porque luego se haría tarde. Beto por otro lado, me dijo al oído, yo me traje los cortos, así que no me voy de Rawson si mojarme en el mar. No me dejen afuera del baño, aclaró Ricardo, que ya tenía colgada la toalla en el cuello y se disponía a ponerse las ojotas. ¿Qué cosa se puede hacer en estos casos? Sino conformar a los amigos. Así que sudando a mares en la iglú; me despoje de la remera, la bermuda y de un salto, me coloqué los “iiyooores” como decimos en Córdoba. Más tarde, como a los cinco minutos, estábamos los tres dando lástima en la Playa Unión de Rawson.
Beto era el único que lucía un cobreado intenso, más propio de un actor de U.S.A que de un radioaficionado. Ricardo si bien algo estaba carente de sol, al menos tenía un color de haberlo aprovechado el mes pasado; en cambio yo, era un circo. La cara negra (cobriza digo) los brazos súper quemados, más el izquierdo que es el que está siempre expuesto a las ventanilla de la combi, cuando trabajo. Las piernas se semejaban más a un trago tropical, que a sostenes humanos. De la punta de los pies, hasta un poco por encima del tobillo, blancas tiza. Producto de usar calzado con medias durante todo el verano por el trabajo. Desde el tobillo hasta la parte superior de la rodilla, la izquierda más obscura que la derecha, porque siempre se expone más al sol que ingresa por la ventanilla. Aunque hay que ser muy observador para notar la humilde diferencia. Desde la media pierna hasta la ingle, blanco leche.
El torso, ayudado por su exuberante tamaño, lucía más como la panza de un elefante marino, que mi propio cuerpo. Todo blanco y con rollos. La espalda, plagada de pecas, mostraba el cuello enrojecido por la subida y ajuste de las antenas ese mediodía; en tanto que su parte baja, estaba blanca como si se un muerto se tratase. Pero poco importó el colorido de nuestros cuerpos, porque a nadie le importaba si habíamos o no tomado sol. Lo llamativo era saber que hacían esos locos en la playa con tanta parafernalia técnica.
Les gané la carrera a Beto y Ricardo, desde lo alto de la playa, allí donde abundan las piedras rodadas. Habíamos pedido la colaboración a dos viejecitas para que nos mirasen las toallas y el calzado y como queriendo ganarnos en la partida Ricardo gritó “el último cola he perro”. Me di vuelta y con toda la osamenta a cuesta, rompí carrera hacia el agua que se presentaba verde esmeralda y muy, muy fría.
Cuando salí a la superficie luego de un proverbial salto para zambullirme cual Tarzán, miré atrás y vi a mis compañeros caminando y tanteando el agua como dudando. Les grité a la vez que una ola me tapó y como un delfín me llevó hasta ellos. Poco después los tres saltábamos y nos mojábamos como chicos. Así pasamos casi dos horas, para luego volvernos al campamento que solo estaba a unos metros, del otro lado de la escollera.
La tarde estaba despidiéndose y el sol, brindaba sus últimos abrazos. Las sombrillas despoblaron la zona, el alumbrado público se encendió y los bañistas abandonaron la playa. Mañana sería otro día. A lo lejos, en medio de un mar calmo, salado y acojedor, se encendieron las tres balizas que podíamos tocar con las manos si caminábamos unos metros. Un poco más al sur, una luz verde nos ponía de manifiesto que la Baliza Escollera Sur, otra vez estaría fuera del aire, porque un problemático colega, que acostumbra a comprometerse pero que no cumple, no iría esta vez a activarla. Cientos de colegas se perderían esa activación por su falta de responsabilidad y no era la primera vez que eso ocurría.
Cristian, lamentó no haberse dado cuenta de ello antes, como para pedir la activación de las tres balizas juntas, total estábamos dentro de lo que la reglamentación exige, en cuanto a distancias. Luego de unos minutos de charla, aprovechó para señalar el Faro Chubut, lugar de varias expediciones del LU1WF, que acababa de encenderse en la noche patagónica.
Con la caída del sol, llegaron los QSO y tanto 40 como 80 metros estaban que bullían con estaciones llamando y otras respondiendo. Así aprovechamos para amontonar contactos, brindando la oportunidad a los colegas de lograr hacer la Baliza Escollera Norte Vieja que aún estaba sin activar.
Esa noche, la cosa daría par más. Tanto los hermanos de Rawson como quienes somos del ECO RADIO, si bien nos arreglamos con cualquier cosa, nos encanta hincar el diente a cuanta cosa se nos cruce.
Aún no había terminado de cubrirnos la noche, cuando Guillermo “PINGUI” se hizo presente en la iglú para hacer la pregunta del millón. ¿Che.. que cenamos? Lo que sea fue lo único que pude articular entre un mar de QSO y llamados en el Pile UP. Por mi es lo mismo cualquier cosa. ¿No quedó nada del mediodía acaso? Si claro que hay, pero no vamos a comer eso, debemos hacernos algo rico. La ocasión lo amerita ¿o no
Claro que la ocasión ameritaba eso y mucho más; pero se trataba de hacer las cosas más fáciles para todos, así que propuse cocinar algo para el grupo. Ricardo, que estaba haciendo 40 metros, miró de reojo y sin dudarlo echó un vistazo al reloj de la estación nº 2. Eso me llamó poderosamente la atención, porque que yo sepa, al amigo le gustaba el BON MAGIARE. Cuando había desaparecido “Pingui” de nuestro lado, me dijo confidente. Es tarde, si te pones a cocinar, cenamos a las mil quinientas, busquemos algo y listo.
Un par de minutos después Gerardo llegaba con idénticos comentarios, a los que se sumaron los de Cristian y Guillermo. Dejemos lo de hacer para mañana, comamos algo hecho ya y listo. ¿Les parece? Obvio que nadie discutió nada y pronto de encendieron los motores para ir en búsqueda de la cena.
Nadie podía dar crédito esa noche como se comportaba el clima, como se nos presentaba ese cielo diáfano y azul intenso que invitaba a la charla exterior entre los amigos del campamento. La temperatura se mantenía por encima de los 25 grados y casi no había viento. Las olas rompían placidas y constantes en las escolleras, en tanto que Cristian y Ricardo hacían comunicados. Beto y yo, salimos a ver un poco la playa y a tomar algunas fotos.
Preparamos la mesa como para no perder tiempo y nos servimos algo fresco como para aclarar la garganta. Ya llevábamos horas de hablar y hablar. Arribaron otros amigos a saludar y también pasó la autoridad policial que se llegó a ver como estaba todo, lo mismo habían hecho ya a la tarde cuando yo dormía un rato, los chicos de la Prefectura Naval Argentina.
Desde el norte se escuchó un ronronear de motor y las luces dejaron ver la playa a giorno. Guillermo y Gerardo se bajaron con sendas bolsas de nylon repletas de Pollo a la parrilla y Papas Fritas. También algunas botellas de recambio por las dudas que se hiciera imperioso tomar algo más.
Esa cena fue única. Nos reímos, charlamos, hicimos morisquetas, criticamos a un montón y comimos opíparamente. El pollo estaba terriblemente bueno y las papas idem. Ni que hablar del vino y la coca.
Pasamos varias horas charlando y comiendo de lo lindo, hasta que en los rostros de los presentes se puso de manifiesto el cansancio. Me fui al iglú para salir algo más en radio, relevando a Beto que estaba afónico. Llevaba conmigo un vaso “así de grande” de de espumosa gaseosa, cortada con un tic de vino negro. Muy negro y espeso. Para más dato patagónico.
Aún no me había calzado los auriculares, cuando irrumpió Gerardo para decirme que parara un poquito que en la otra estación no podían escuchar porque al transmitir yo, ensordecía el receptor. Así que me apuré un trago y previa degustación/gárgara, curioso fui al camper para ver que pasaba.
Cristian y Ricardo estaba meta QSO en 80 metros con otros amigos que dejaban saludos y abrazos para todos, a la vez, Beto luchaba por subir fotos a la web, usando un desconectado chip inalámbrico. Guillermo sacaba fotos y Gerardo aprontaba el mate. Cuando quise darme cuenta, Ricardo me traía un vaso enorme de café de saquitos, riéndose aún por lo que había pasado en Realicó la noche anterior.
Sorbiendo el riquísimo café, salí del campamento a contemplar las estrellas y a llenarme con la magia del mar. Pensé en cuantos amigos estarían en las mismas condiciones y en lo triste que había sido el año ppdo., cuando a la madrugada me despertó en La Falda, un sismo que arrasó la hermana Chile. Caminé un rato café en mano y luego de hacer un “pis” volví a la tienda.
Cada uno estaba en lo suyo, cada uno hacía algo distinto. Se hablaba, se tecleaba en la notebook, se tomaba mate o simplemente, se miraba. Me volví a sentar junto al equipo pero solo oía algo de ruido en 40 metros. También entraba splatter desde al lado y casi no podía encasillarme con mis pensamientos porque el sueño podía más.
Sigilosamente como un tigre entre la vegetación, volví a dar una vueltita por la carpa vecina, miré las antenas y casi anhelante me metí en el sector VIP de la iglú, destinado a “dormi”. A lo largo de la noche, oí a los chicos hablar, llamar y reírse. También me despertó un sonido poco conocido. Era el sistema digital que Ricardo había puesto en funcionamiento en la soledad de la madrugada. Buscando amigos y obviamente, dando con ellos. Luego, “ya no me acuerdo más” porque me desentendí en los brazos de Morfeo.
Cuando el reloj marcaba las 05:35 hs. del día 26 de febrero, las necesidades fisiológicas me despertaron. Había ingerido mucho líquido y ni que hablar de la comida. Pero lo urgente era lo primero. Al abrir los ojos me di cuenta que así como había caído en la colchoneta, así había quedado petrificado. Tenía frío pero solo de haber estado destapado. Me vestí, tantee las ojotas en la obscuridad y abrí el cierre de la pieza. Allí, medio despierto, medio zombie, un cuarto lagañoso y a medio ponerse la ropa, estaba Ricardo queriendo atarse las agujetas de las zapatillas. Buennnnnnas!! Dijo rechinando los dientes. Me estoy haciendo cinco pis!!! Ya no doy más. Ahhh yo ni te cuento fue la respuesta.
Salimos los dos, cada uno por su rumbo en búsqueda del placer que da un momento a solas, humedeciendo la pachamama. Volví y encendí la radio para ver qué pasaba. Solo estaban en el aire algunos amigos y un par de faros. Ricardo aún o volvía.
Pasaron unos minutos de incertidumbre por el no regreso de mi amigo, que se diluyeron cuando sonriente y feliz entró por la puerta con un humeante jarro de café. Tome mi amigo, es para que desayune ya que anoche se murió sin comer el postre. Charlamos un rato, comimos algunas facturas del día anterior y como quién no quiso la cosa, iniciamos la labor haciendo contactos en 40 metros. Me voy un minuto a ver salir el sol, dijo Ricardo a la vez que hurgaba insistentemente en su mochila de Boy Scout.
Que raro pensé yo, para que busca algo si va a mirar el sol salir por el horizonte. Pero no había caído en la falaz mentira de mi amigo. Él en realidad usaba esa metáfora para indicarme que se aposentaría plácidamente sobre los acrópodos de la escollera a despedir un amigo del interior.
La actividad era muy buena y había ya al despuntar la jornada varias estaciones en el aire. Todos se saludaban y contaban lo acontecido en la noche. También con sueño y cara de haber estado plácidamente dormido, apareció Beto. El que también se las ingenió para dar un gran rodeo informático a la hora de decir que estaba por hacer, muñido don un rollo blanco de papel, una toalla y el cepillo de dientes.
Cuando regresó Beto de su avatar, se encontró con Ricardo acomodando la mochila y probando en digitales. Como yo seguía imbuido con los 40 metros, le propuso irse a hacer algunas fotos de las balizas en la bruma mañanera. Ni bien se marcharon llegó Guillermo con una carretilla de facturas calentitas y poco después hizo lo propio Gerardo que preparó raudamente el mate. Cristian mientras tanto, roncaba en el camper a pata suelta con una cara de felicidad pocas veces vista.
La mañana pasó plácida hasta que de un momento a otro, cual hecatombe, se precipitó sobre la playa un viento que dejó a todos perplejos. Yo estaba con un Pile Up. De unas ocho estaciones en 40 metros y escuchaba a Ricardo llamando en 80 desde el otro lado de la tela. Primero hubo un silencio amenazador y luego cambió el viento de cuadrante. Desde el sur viajó al norte en solo segundos y a la vez incrementó su fuerza varias decenas de veces. Como si se tratase de una película de cine fantástico; vi que el techo de la carpa se volaba y que las banderas y banderines salían por los aires impelidos de vida propia. Ricardo a los gritos, avisaba del problema cuando yo me quitaba los auriculares. Beto se había hecho de varias sogas de las carpas y Cristian sobresaltado, organizaba a Guillermo y Gerardo.
Pasamos más de una hora haciendo los cambios de ataduras, corriendo las lonas, poniendo arena sobre los faldones del techo y no que cantidad de otras cosas. Si bien la temperatura era agradable, el viento volaba todo. Pero, como era de esperar, pudimos remediar el problema y dispusimos todo para seguir disfrutando el día.
Cuando terminamos de acomodar todo, estábamos en los primeros minutos de la tarde, por lo que se imponía un brindis y también algunos bocados. Así que hielo en los vasos y algo de mayonesa en los panes, rompimos con el almuerzo que dio cuenta de lo mucho que había sobrado de la noche anterior. Así volvimos a pasar un par de horas alegres y confidentes. Volvieron a llegar otros amigos y se hizo más grande la ronda del mate como postre.
Si bien el viento molestaba bastante, el calor imperante estaba invitando a un chapuzón. Así que poco me costó volver a convencer a mis amigos de que podríamos irnos a dar un baño en el mar cercano. Ahí, del otro lado de la escollera, para no infringir las normas.
No sé quién se quedó en la radio o que hicieron los amigos mientras nosotros como provincianos embelesados disfrutábamos de las olas y la salada agua verde esmeralda que nos regalaba la Playa Unión.
Pasamos en el agua más de dos horas en las que jugamos como chicos y disfrutamos a lo grande. Pero se imponía volver a relevar a los amigos, así que cansinamente emprendimos el regreso por esos cien metros de playa hacia el llamativo campamento de los radioaficionados, tal como había dicho un viejito que escuché al pasar paseando con su mujer y la perrita.
Cristian estaba en pie de guerra y le secundaban Guillermo y Gerardo. Los tres esperaban que llegásemos para hacernos saber sus ideas. Miren, dijo sin reparos, hemos estado charlando con los chicos y creemos que es propicio el momento para que nos hagamos una llegada a la baliza, para sacarnos una foto, todos juntos. De esa manera tendremos para que podamos hacer la QSL y todo lo que se requiere. Luego, vamos al centro a ver que compramos para cenar esta noche, así el Héctor se saca las ganas de hacer algo de pescado. Si les parece, vamos ahora que tenemos a quién dejar en el campamento par que no nos limpien todo.
Con semejante argumento, poco podíamos nosotros decir al respecto, por lo que nos dispusimos a cumplir acabadamente con lo propuesto. Cada uno se puso la remera y la gorra de su grupo y tomó la cámara para inmortalizar éste momento único para todos los radioaficionados; el estar en un lugar agradable y además acompañado con sus amigos.
Charlando de cosas varias y pergeñando que podríamos cenar, caminamos por la escollera hasta su extremo este para estar más cerca del luminoso aparatito que tanto interés había causado éste fin de semana. Cuando llegamos le pedimos encarecidamente a un grupo de turistas que se hicieran a un lado, esgrimiendo más de un eficiente argumento y augurando las mejores bendiciones para ellos. Tal es así que causamos tal revuelo que otros curiosos se unieron a la comitiva para ver que decían las remeras y las gorras de estos locos allá en la escollera.
Luego de alabar desmedidamente a uno de los ocasionales mirones; logramos que se aviniera a colaborar en sacarnos la foto; porque más que obvio es que mal puede uno gatillar el obturador y a la vez, estar frente a el lente. Pobre tipo, se pasó más de veinte minutos cambiando de cámaras y de posiciones para complacer a estos ya cargosos radioaficionados que querían una y otra foto. Cuando supusimos que estaba llegando el momento de la eclosión de histeria; le agradecimos acaloradamente y pasamos la posta a otro que también curioseaba por la punta de esa mole de acrópodos.
Nos sacamos fotos parados, sentados, arrodillados, mirando para acá para allá, abrazados, riendo, serios; todo servía para ese momento único e irrepetible. Y la gente se divertía con las distintas y originales chanzas que nos jugábamos entre nos en ese momento. En eso, Guillermo sentencia que deberíamos hacernos el viajecito de vuelta, para poder ir viendo qué hacer con el tema de la cena; no sea que se nos haga tarde y no podamos degustar las exquisiteces del Héctor.
Con más de cincuenta fotos tomadas en unos minutos, salimos de la punta de la escollera, con rumbo oeste hacia la playa. Momentos en los cuales un caballero bastante entrado en kilos, se subía al paredón de la misma para alcanzar, como nosotros; el extremo de ella y tocar al fin la Baliza Norte. Beto, hacía lo propio por el mismo sector, pero en dirección contraria, por lo que ambos se encontraron en medio de la nada uno frente al otro. Como no se puede esperar otra cosa de un caballero, mi hermano Beto teniendo bastantes conocimientos en física y matemática; calculó al momento que ambos, no pasarían. Por lo tanto, en virtud de ser el más joven decidió dejar su lugar y evitar así que pobre “gordo” cayese desde lo alto a la gran vereda. Como un verdadero “bambi” saltó sobre un brazo del acrópodo más cercano y quedó paradito sobre el centro de otro aledaño. Y en eso, se percató que la imagen que ese lugar le ofrecía, era realmente hermosa, dado que el agua solo estaba a poco más de un metro de distancia. Así que con todo y su ímpetu, se encaramó sobre otro y otro y otro acrópodo, para encontrar la mejor ubicación. Yo, mientras tanto, trataba de cambiar las pilas a mi máquina y respondía las preguntas de la señora del “gordo” que me inquiría sobre que éramos o a quién representábamos. Cristian, Ricardo, Gerardo y otro amigo ya se habían bajado del paredón y tomaban la tarea de cruzar entre la maraña de caños que interrumpía el paso a ese sector. Protección que por cierto, habíamos dejado transpuesta al ingresar. Guillermo, mientras tanto, seguía con su máquina sacando fotos a rabiar, y tratando de documentar todos y cada uno de los movimientos de grupo.
Me apresure a agradecer al amigo que había oficiado de fotógrafo ocasional para alcanzar a los adelantados y en eso, escuché un grito inesperado de Guillermo que dijo con voz en cuello ¡Che, se cayó el flaco!. La primera reacción fue mirar hacia el sur ( a la izquierda) porque ahí estaba mi amigo Beto solo un segundo antes. No vi nada.
“Les digo que se cayó el flaco carajo! Volvió a gritar Guillermo, a la vez que comenzaba a llamarlo por su nombre. Beto? Beto? Beeeeeeeto?. Para ese momento, estaba yo en mi característico estado de alerta bomberil, ese que me ataca cuando presiento un problema o soy testigo de un accidente. Por mi cabeza cruzaron varias cosas, la primera era que se había caído el Beto, la segunda era que el agua estaba muy cerca y podría ahogarse si había pegado en un acrópodo en su viaje al líquido elemento. Miré a un costado y solo atiné a sacarme la gorra, la remera y envolver la cámara de fotos, depositándola en la sombra del parapeto de cemento. No sé cómo hice para subir el metro setenta que me separaba de la parte alta de la vereda, pero cuando estaba ahí, alguien paso raudamente por mi izquierda llamando al Beto. Un poco más allá, a la derecha y al frente dos seres se movían al unísono, también gritando. Beto? Beto?
Sentí a mis espaldas que una mujer gritaba desesperada diciendo que se estaría ahogando en el agua y a Guillermo que trataba de hacernos entender que Beto no estaba tan lejos cuando lo vio desaparecer y que además se cayó hacia abajo, no hacia atrás dónde estaba el agua.
Salté entre varios brazos de los acrópodos y llegué casi al mismísimo borde del agua, escudriñando el espumoso oleaje en búsqueda de algo rojo (la remera del grupo) que delatara la presencia de mi amigo. Nada. Algo me decía que la cosa sería muy grave, pasara lo que pasara. Estábamos en el horno.
Como de la nada, Gerardo gritó ¡Acá está! Flaco, Beto, estás bien, te podes mover, hola, me escuchas? Todo era vorágine y excitación pero a la vez frenético deseo de que no fuera nada. Miré hacia mi derecha y vi como Gerardo se tirada de panza al suelo, para tratar de alcanzar algo lejano y perdido. Llegué a los dos segundos a su lado; pero ya estaba también en esa tarea Ricardo. Los tres nos miramos una fracción de segundos, porque la cosa no estaba todo lo bien que hubiésemos querido. Gerardo hablaba insistentemente a la vez que Ricardo con ojos escrutadores observaba todo el cuerpo y el semblante de Beto. Nuestros ojos se cruzaron cuando nuestro amigo, se movió y separo la cabeza del áspero cemento. Ya que un torbellino de sangre manó de su cabeza, un poco más arriba de la nuca.
Entendí entonces que tanto Ricardo, todo un profesional de la salud, enfermero y rescatista como yo, habíamos hecho una de las cosas más importante en esos casos. EVALUAR AL HERIDO. Cada uno por su lado hizo lo que sabía y como lo sabía hacer. Escrutó, evaluó, consideró y ponderó. Todo al mismo tiempo, sin perder tiempo, sin dudar. Con certeza y sagacidad propia de profsionales.
Beto, estaba enganchado entre varios acrópodos en una posición muy incómoda. Su cuello y cabeza, apoyados en un saliente, mientras que sus piernas una estaba hacia arriba más alta que la cabeza y la otra pendía colgando en el vacío del hueco de la escollera. Los ojos denotaban confusión, pero no gravedad, la cara tenía un color normal y sus pupilas estaban normales. Gerardo solo atinó a decir ¡Hermano, te hiciste pelota! A lo que Beto respondió, ayúdame por favor. Otra vez los ojos de Ricardo y míos se cruzaron en un claro compromiso. Teníamos que decidor que hacer y cómo hacerlo. Dependería de ello que atención podríamos darle al amigo.
Gerardo se largó a lo profundo del pozo, para tratar de levantar desde abajo a Beto, lo que permitiría que se liberare de la incómoda posición. Casi desapareció entre las moles de cemento, que se asemejan más a una araña que a una roca. Cuando le movió solo unos centímetros, la sangre fluyó enloquecida por el cuello del maltrecho Beto y al segundo tiñó su roja remera, ahora con un tono rojo azulado, tirando a bordó. Otra vez nos miramos con Ricardo y los dos entendimos que al menos, la herida no revestía, de momento; mucha gravedad. Era solo el cuero cabelludo, el color de la sangre lo denotaba. Pidió entonces el iracundo amigo chubutense que le pasáramos un pañuelo para cubrir la herida; a lo que metiendo la mano en mi bolsillo trasero, extraje un pañuelo personal que le pasé prontamente. Llamativamente Gerardo no se animó a tocar a Beto y en cambio, le pasó el adminículo para que él mismo lo tomare. Cosa que Beto hizo sin miramientos y sin dudas.
Por tercera vez nos miramos con Ricardo y entendimos que ya había bastantes cosas que indicaban el nivel de gravedad de las heridas de Beto, como para tomar una acción determinante. En primer lugar, estaba lúcido, como dije las pupilas eran normales, no había perdido el conocimiento ni tampoco dudaba en sus actos. Tomó el pañuelo y sin pedir ninguna orientación ajena, se lo colocó casi perfectamente en su cabeza justo encima de la herida. Estaba parado y además repetía que le dolía el codo. Eran éstas muchas cosas que indicaban que estábamos en presencia de un accidentado factible de ser movido. Además y por si fuera poco, entre todos los que querían ayudarle, había un enfermero profesional, con capacitación en rescate y un bombero con no poca experiencia en estos menesteres.
Ricardo organizó en un santiamén la forma de asirlo y jalarlo hacia la superficie de la escollera, a la vez que los otros escuchábamos atentamente. Antes de que el amigo Beto pudiera decir algo, lo teníamos con nosotros y ya caminando por la vereda rumbo a la playa. Tras de sí, un reguero de sangre dejaba gota tras gota como mudo recordatorio que no hay nada más claro que la definición de accidente. “Hecho fortuito y casual que altera el normal desenvolvimiento de las cosas” Unas señoras horrorizadas escondían la mirada tras sus gorras, tratando de evitar la impresión a la vez que susurraban que se debería llamar al médico.
Cristian, que para ese entonces no solo había buscado al amigo, ayudó a sacarlo y lo puso de pié en la vereda, le tomaba por su axila izquierda y le llevaba en vilo casi sin darse cuenta. Con la otra mano, hablaba incesantemente por celular, llamando a la central de emergencias médicas, a la policía y al cuerpo de bomberos. Ricardo tocaba todo el cuerpo de Beto con manos sabias y buscando heridas escondidas o roturas de huesos que se nos hubieran pasado en la primera evaluación. Guillermo llamaba también por celular a la vez que Gerardo trataba de que Beto le contestase toda la sarta de preguntas que le hacía con respecto a sus dolores.
Después de agarrar mis petates y alcanzar al grupo, relevé a Cristian en el sostén y guía de Beto, mientras él, seguía haciendo llamadas. Miré por enésima vez a Ricardo que con cara de póker solo atinó a guiñar un ojo y asegurar que estaba mejor de lo que habíamos supuesto al momento de localizarle. Me tranquilizó la paz que reflejaba su rostro y eso hizo que también pudiera iniciar mis preguntas al herido, cuando estábamos a metros de la arena.
Ricardo nos gritó que se adelantaba para buscar el botiquín, así que otras manos siguieron sosteniendo a Beto en los últimos metros. No habíamos llegado aún al campamento cuando dos motos de enduro azul, comandadas por sendos policías del Chubut, llegaron prestas a darnos una mano. Escuché que un Sargento 1º llamaba a central, apurando a la ambulancia y por otro lado, que un amigo arrimaba una silla en medio de la arena para que se pudiera sentar al herido. Tres segundos después llegó Ricardo con solución fisiológica, vendas, pervinóx y sus guantes de látex puestos. Solo demandó dos minutos lavar y revisar la herida en forma eficiente y segura, para luego cubrirla con un prolijo vendaje que sostenía el apósito que impedía contaminación por un lado y por el otro, la pérdida de más sangre.
Cinco minutos más tarde y a campo traviesa llegó una rugiente ambulancia del servicio médico de Chubut de la que bajaron médico, enfermero y camillero. Estábamos en buenas manos.
Luego de que nos apercibieron por no haberle dejado al amigo para que ellos le rescataran con todos los cuidados; lo subieron a la unidad y conmigo dando datos y aclaraciones; partimos al hospital. Aún sonaba la sirena cuando les aclaré que quienes habían hecho el rescate, sabían lo que hacían y mostré algunas credenciales como para tranquilidad.
Una hora después de haber arribado al centro de salud, salía con Beto del brazo, y en la otra mano el crudo diagnóstico de médico de turno. Se salvó esta vez!!! No se hizo nada, solo la herida cortante del cuero cabelludo, no tiene golpes y menos aún traumatismos óseos. Solo le dolerá la cabeza unos días y deberá sacarse los siete puntos en quince días. Ah!! No sé quién ha sido, pero se hizo un buen trabajo con la herida los felicito. Casi no hizo falta limpieza y estaba muy bien esterilizada.
Hoy a casi un mes del hecho, me río y creo que quedará en la historia del grupo como un mero ejemplo de lo vulnerable que somos, ante los accidentes; pero doy gracias a Dios que en éste, al menos estaba con un experto. Ricardo Aníbal Diez LU1QRA.
Volvimos al campamento y como quién no quiere la cosa, los amigos anoticiados de la buena nueva, habían reiniciado la operación radial. Por lo tanto, volveríamos a la normalidad. Se imponía ahora el tema de la cena, porque por más accidente que hubiéramos pasado; no dejaríamos de cenar.
Beto con razón, quiso irse a darse un baño, como para cambiar de aspecto, Ricardo ya lo había hecho minutos antes. Cristian se preocupaba por el bienestar del herido y Gerardo cebaba mate. Guillermo y yo, terminábamos de consensuar que comeríamos y cómo.
Habiendo llegado a un acuerdo para dar forma a la cena, partimos con Guillermo en dirección al súper. A la pasada, nos detuvimos unos minutos en los puestos callejeros del puerto de Rawson, dónde di rienda suelta al comprar calamares frescos y más que sabrosos. Luego partimos para las últimas compras. A las que habría que agregar algo más de vino, porque habíamos quedado cortos con la adquisición anterior.
Sin dejar pasar más de cuarenta minutos, volvimos al campamento que bullía de voces y llamados en la radio. Por otro lado, Beto se había tirado a descansar unos minutos, acción que era permanentemente custodiada con destreza por Ricardo. En medio de las primeras sombras de la noche, llegó José Luis LU1WAS, que anoticiado del accidente, se acercó presto para ver qué mano podía dar.
Otro amigo de Rawson, trajo en calidad de préstamo un bonito disco de arado, devenido en gran sartén, con el que me dispuse a preparar la cena. Haría, como ya era costumbre en las expediciones, CALAMARES A LA ECO RADIO, o lo que es lo mismo; calamares con arroz algo picantitos y sabrosos. El trámite me llevó poco más de una hora y para entonces otros amigos se habían acercado también a la playa para acompañarnos. Y obviamente cuando llegó la hora, fueron parte de los comensales.
Gerardo hacía radio en la segunda carpa, a la vez que Cristian y Ricardo estaban trabajando en digitales. Guillermo y José Luis se las arreglaron para preparar todo lo necesario para la cena, lo que incluía la bebida fresca para el cocinero. Beto, seguía durmiendo un rato.
Cuando hice sonar la campana alertando a los comensales, mucho nos llamó la atención pero a la vez, agradó que Beto, saliera lo más campante de su dormitorio y se sentara junto a nosotros para cenar. Comió poco, pero le vimos de buen ánimo y muchas ganas de reírse del drama que había vivido. Charlamos bastante y tomamos ídem, por lo que la cena se prolongó más de la cuenta. Luego vino el café y los mates, otra vez la charla y más radio.
Luego de higienizarme un poco, pasé por la estación de 40 metros para ver qué pasaba, hice algunos contactos y pronto le dejé a Ricardo el lugar para que siguiera con digitales, terminé el soberano vaso de café y enfilé para la cama. No sé de verdad, cuanto demoré en dormirme, pero recuerdo que escuchaba a los amigos hablar y reírse, y por lo bajo el característico ruido de la transmisión digital.
Pensando en lo que habíamos vivido y lo cerca que estuvimos de amargarnos mal, y provocar dolor en una familia amiga; caí en un profundo sueño en medio de una playa ventosa y algo fresca. No sé que fue después, me había desmayado de sueño y por relajarme en la tranquilidad de que todo estaba bien de momento.
Otra vez las necesidades fisiológicas me alertaron para que me levantara en búsqueda de la húmeda arena. Así que con la claridad que se translucía desde afuera por la lona de la carpa; me vestí y encaré la puerta. A la pasada prendí el equipo y puse 40 metros como para ver qué pasaba en la banda y dejé encendida la cocina, dónde coloqué la pava para calentar el agua.
Cuando regresé de la playa, ya estaba Ricardo preparando café y aprontando su computadora para seguir haciendo contactos en digitales. Me dijo entonces que había vigilado toda la noche a Beto y que el mismo estaba bien y sin dramas. Desayunamos y cada uno se puso en movimiento para despuntar el vicio de la radio. Eran las 06:30 hs. del día domingo 27 de marzo.
Promediando la mañana, llegó Guillermo con una carretilla de facturas y posteriormente hiso lo propio Gerardo, también cargando con bolsas de facturas calentitas. Nos turnamos un rato en el tema de hablar y hacer contactos, mientras todos en forma recurrente, volvíamos al tema de la triste experiencia del día anterior.
Poco más de las diez horas, daba el reloj, cuando Beto y Cristian irrumpieron en el campamento con caras de sueño y agotamiento. Luego de dar parte de cómo se sentía, Beto desayunó y también se encargó de algunos QSO. Cristian por su parte, comenzó a juntar las cosas, porque en breve habría que levantar todo, ya que nos tenían reservada una sorpresa. Y no era precisamente con los equipos de radio.
En lo particular, mucho no me agradaba la idea de dejar ya terminada la labor desde las balizas; pero tampoco podía desconocer cualquiera fuera la sorpresa que los hermanos habían preparado. Si bien la cosa estaba linda y muchas estaciones salían al aire en esos momentos, habíamos realizado más de 642 contactos; por lo que la labor se había cumplido y con creces.
Habiendo trabajado todos a brazo partido, nos llevó al menos dos horas desmontar todo el campamento y embalarlo para el traslado. Si bien las distancias eran cortas, de todos modos se debía asegurar todo en su lugar y acomodarlo prolijamente para que nada sufriera daño. Cuando terminamos y abandonamos la playa; daban las 13:30 hs.
Yo creí primeramente que volveríamos a la ciudad y que allí tendría lugar la sorpresa; pero para nuestro asombro, nos detuvimos a unos trescientos metros de la ubicación del campamento, junto en medio del puerto. Allí Cristian nos explicó que el radio club había preparado una excursión de avistaje de toninas, embarcados en una lancha que se dedica a esos menesteres. A lo que tanto Ricardo, Beto y yo; respondimos con un largo ohhhh! Que bueno!
Bajo un sol bastante calentito y con todos los aditamentos de seguridad colocados; nos subimos a la lancha muñidos de tantas cámaras como podíamos portar. El paseo se presentaba como algo único y con mis experiencias anteriores; sabía yo que así sería.
EL tracker Adventure y su tripulación, estaban ya prestos en el muelle cuando subimos junto al resto del pasaje. Acompañantes que provenían de distintos lugares del globo y que pretendía llevarse imágenes de estos familiares de los delfines, que son más rápidos que la luz. Las Toninas.
Navegamos por espacio de tres horas, buscando, viendo, disfrutando y gozando de todo lo que nos proponía esta excursión. Sacamos decenas de fotos y nos reímos a más no poder de todo lo que estábamos viviendo. Realmente la experiencia ameritaba que dejáramos por un lado la radio y nos dedicásemos a divertirnos; después de todo habíamos cumplido con lo prometido. La activación conjunta del Radio Club Rawson y el Grupo ECO RADIO de las Balizas Escollera Norte y Norte Vieja del Puerto de Rawson.
Cuando volvimos aponer pié en tierra, siguieron las sorpresas. Guillermo nos llevó hasta su departamento, en el que pasaríamos la tarde y posteriormente la noche de ese domingo. A las 20:00 hs. vendría a buscarnos para que juntos, volviésemos a cenar y compartir otro rato. La vista desde el quinto piso, era inconmensurable y también aprovechamos para hacer algunas fotos. Nos bañamos, nos pusimos más lindos de lo que éramos unas horas antes y descansamos a pata suelta por un rato. Puntualmente a las 20:00 hs. nos vinieron a buscar para ir a cenar junto a los amigos.
La cena se llevó a cabo en casa de José Luis LU1WAS, que había preparado todo prolijamente, incluso el detalle del banderín del radio club; que presidía la mesa. Cenamos unas pizzas que ya al llegar se presentaron como soberbias. Eran gigantes y vinieron hasta la casa sobre el techo del auto de Guillermo, porque no tenía posibilidad alguna de entrar al habitáculo. Según nos dijeron los amigos, eran las mejores de la ciudad y no fuimos capaces de decir lo contrario. Minutos antes de la cena, llegó Laura Fanelli LU1WJY que junto a su esposo y el “Troncomóvil” venían subiendo desde el sur, dónde tomaron parte en la activación de otro faro. La charla fue más que sabrosa y se hablo de todo lo posible, entre otras cosas; de que activaríamos el año próximo conjuntamente con los amigos del Chubut.
A los postres, nos tomamos la revancha de las sorpresas, haciendo entrega de sendos presentes a los amigos, como testimonio de su amistad y trabajo. Irene, la esposa de Beto y también integrante del ECO RADIO, nos confeccionó hermosos presentes en vitrofusión, los que asombraron a los camaradas y dejaron muy buena impresión. También repartimos los certificados de participación y otros suvenires. Y en medio de la dicha y el cansancio nos despedimos para irnos a dormir, prometiendo otras salidas y encuentros cuando hubiere lugar para ello.
Nos acostamos pasadas las 02:30 hs. porque al llegar al dpto. tuvimos con Beto y Ricardo una larga charla de mate, en la que rememoramos todos y cada uno de los momentos vividos. Realmente estábamos más que felices y dichosos. Todo, absolutamente todo había salido a pedir de boca.
Ricardo se despertó a eso de las 07:00 hs. y luego de un rápido pasaje por el baño, partió raudo en búsqueda de un panadería. Ya nos estábamos acostumbrando mal en eso de desayunar y merendar facturas de Rawson. Beto terminó de acomodar sus cosas y yo, me afeité luego de cuatro días. Juntos desayunamos felices y preparamos la jornada que duraría hasta las 16:45 hs. momento en el que tomaríamos el bus, con rumbo a Córdoba y San Luis.
Yo guardaba dentro de mí un noble pero pertinaz deseo. El de llevar a mis amigos a conocer el Museo Paleontológico Egidio Feruglio de la ciudad de Trelew. Así se los hice saber y además les comprometí para ello. Por lo que media hora después, salimos con rumbo a esa vecina ciudad para deleitarnos visitando un museo que es el MUSEO de nuestro país. No solo por su estructura, sino por lo que allí se muestra y se vive. Por su material y por la gente que lo lleva adelante.
Llegamos a Trelew a eso de las 09:20 hs. y en forma decidida nos dirigimos al museo. Ya al entrar, la cara de asombro y felicidad de Beto y Ricardo, ameritaba el solo haber ido. Recorrimos puntillosamente sus salas, sacamos fotos y charlamos de todo lo que veíamos y podíamos sentir. Casi dos horas después iniciamos la recorrida por la ciudad, en un pequeño city tour, que nos llevó por varios puntos de interés. Y cuando era ya el mediodía en la Patagonia, retornamos a Rawson a preparar todo para el viaje de regreso.
A las 16:15 hs. llegaron Cristian y Guillermo para buscarnos y llevarnos a la terminal, llegaba entonces el momento de despedirnos y las lágrimas. Todo había sido tan bueno, tan grato que costaba irse del lado de los amigos. Pero por otro lado, debíamos hacerlo, porque en breve vendrían otras oportunidades de compartir y debíamos hacer pública nuestra felicidad y el respeto por el Radio Club Rawson y su gente.
Disfrutamos del viaje, tanto como el de la ida hacia Rawson, pero esta vez teníamos mucho que hablar y material de sobra para hacer conjeturas o razonamientos. Así que gran parte de las primeras horas hicimos lo propio entre los tres, buscando entre los vericuetos de la experiencia los mejores momentos y la verdad que se proponía más que noble.
Vinimos con las dudas propias de alguien que no conoce a la otra gente, hicimos conjeturas porque era lógico y casi necesario hacerlas en virtud de todo lo que teníamos por delante. Mucho se ponía en juego, y mucho más se apostaba y ahora, cuando las jornadas llamaban a silencio y todo el trabajo quedaba atrás; estábamos más que satisfechos.
Uno tras otro dijo lo que le parecía y como lo sentía, nos escuchamos pacientemente y a la vez, nos respetamos los unos a los otros. Nada había que criticar, nada se podía señalar como malo y menos aún, el grupo humano que nos invitó, nos cobijó y atendió. Sin lugar a dudas, la experiencia que acabábamos de vivir, nos marcó a todos, tanto a quienes representamos al Grupo ECO RADIO; como a los que representan al Radio Club Rawson. Nos conocimos mutuamente, nos reconfortamos y vivimos el uno para el otro, por todo ello la pasamos bien. Hicimos radio como nos gustaba, nos bañamos en el mar verde y fresco. Departimos, soñamos, nos preparamos y por sobre todas las cosas, nos hicimos amigos.
Gracias Radio Club Rawson, Gracias Guillermo, gracias Cristian, gracias Gerardo y muchísimas gracias José Luis. Hemos pasado unos días maravillosos y únicos. Nos dimos el gusto de viajar, de conocer y disfrutar. Pero lo más valioso de todo, es que como si fuera poco, también pudimos estar a vuestro lado, para conocerles y aprender a respetarles.
Gracias también a todo el Grupo ECO RADIO y en especial a la Comisión Directiva, que creyó en nosotros y nos permitió representar los intereses del mismo a más de 1600 km. de Córdoba. Gracias Beto porque siempre estás y pese a que te y nos diste un gran susto, no perdiste el humor ni la paz de tus actos y pensamiento. Gracias Ricardo, el conocerte ha sido otra de las bendiciones que el buen Dios me ha dado en este viaje y espero que no sea la única vez que nos juntemos para hacer lo que nos gusta. MUCHA, mucha RADIO.


Héctor Oscar Cousillas
LU3HKA