Mi orgullo personal!

Mi orgullo personal!

lunes, 9 de julio de 2012

Activación del "ARROYO LOS QUIMBALETES"


Expedición al Arroyo Los Quimbaletes


 
      ¡Eh que lugar más bonito! ¿Epa como está este lugar si nunca había oído hablar de él?
      ¿Cómo has encontrado este lugar? ¿Lo conoce mucha gente? ¿Vos venís siempre?
      Éstas y otras muchas preguntas y exclamaciones similares he tenido que escuchar cada vez que, por mi profesión de Guía de Turismo; me arrimo al Arroyo Los Quimbaletes. Y casualmente ha sido ésta la razón de que una tarde de marzo, decidiera convocar a mis hermanos del grupo para realizar la expedición nº 19 de nuestro Grupo ECO RADIO.
      Hacía solo unos días me habían regalado el R 12 que estoy usando y que tan grande mano me dio para la expedición. Y quería disfrutar una tarde junto a mi madre y mi hermosa perra, Gala. Algo me atraía desmesuradamente hasta ese recóndito paraje serrano en el que tantas veces, mis pasajeros se habían extasiado. Por otro lado Gala, merecía ser mimada y por lo tanto darse un baño en las límpidas aguas del arroyo.
      Un domingo en el que el trabajo estaba flojo, me hice del equipo del tere (tereré) y con algunas precauciones por las dudas, me puse en marcha hacia la zona de Villa Giardino.
      Cuando llegué me llamó mucho la atención que pese a ya haber terminado la temporada, hubiera tanta gente disfrutando del lugar, pero pensé que era lógico, no podía ser el único que conociese el lugar.
      Mamá se acomodó en un sillón, mientras yo y Gala hacíamos de las nuestras. Chapoteábamos en el arroyo, corríamos por la tupida vegetación y como si fuera poco; inspeccionábamos la zona.
      Mientras degustaba un rico y fresco tere; se nos acercó una pareja de turistas, los que me preguntaron si siempre estaba así el balneario, si había más agua, si la limpieza era constante y que se yo cuantas cosas más. Terminaron el interrogatorio con un comentario que me alertó. “Los cordobeses sí que tienen cosas lindas que mostrar”. Claro dije sonriente, pero no lo comente, porque si todos se vienen aquí, chau la paz y el sosiego. Y muy oronda la mujer me respondió; no sea egoísta, todos merecemos saber de él, conocerle y disfrutarlo.
Luego de la despedida de rigor y el jugoso intercambio de bendiciones, me quedé pensando. Pucha, tiene razón la vieja!!! Acaso el buen Dios no hizo esto para que todos lo disfrutemos, ¿Qué derecho tengo yo de atesorarlo para mi? Y así, casi sin más; una vez que se había oreado un poco.    Emprendí el regreso a casa no sin antes asegurarme de contar con bastantes imágenes fotográficas del lugar.
      Como es habitual, las más de las noches nos reunimos por el sistema Skype de la PC, con el resto de los amigos del grupo. A veces solo son unos minutos, otras largas horas de charlas y debates. Pero siempre prima la educación, el amor por la radio y sobre todo, el respeto.
      ¡Muchachos! Dije, tengo una bomba que largaros. Se me ha ocurrido una buena idea que quiero que compartamos a ver si la podemos llevar adelante.
      ¡Meta! Fue la lacónica respuesta de mis camaradas.
      Resulta que hoy he ido a un lugar con la Beba (mi madre) y Gala, a tomar mate y disfrutar viendo bañarse a la perra. Es tan pero tan bello que creo sin dudarlo que se merece que le hagamos una expedición. Podríamos disfrutarlo, gozarlo y vivirlo a lo grande. Tiene todo lo que necesitamos, buen lugar, reparo, explanadas para las antenas, agua, hermoso césped, preciosas vistas, es de fácil acceso ya demás; podemos colgar los ganchos para la energía eléctrica (disculpe don E.P.E.C)
      Como para no dejar dudas al respecto, les adjunté en un mail unas cuantas fotos, con la esperanza de que pudiesen apreciar el lugar y la idea. No hizo falta más, a los pocos minutos y luego de un largo silencio; tanto Nabor, Beto, José Luis como Roberto. Dijeron ¡Que buen lugar, es precioso, hermoso! Dale para adelante, hagámosla.
      Así, sin preámbulos, sin mucho de estudio y con inusitadas ganas, se inició este sueño que desembocaría en la Expedición al “Arroyo Los Quimbaletes”
      Vinieron posteriormente algunos trámites, algunas notas, otras visitas al lugar y muchas horas de charla en la radio y por Skype; para darle forma al proyecto. Pero pronto se vio consumado el hecho. En el fin de semana comprendido entre el jueves 24 y el domingo 27 de mayo de 2012. Realizaríamos la expedición de marras.
      Por uso y costumbre, mi vida es por demás ordenada. Tal como rezaba una canción que escuchaba de niño ejecutada por “Las Moneditas” cada cosa tiene un lugar y hay un lugar para cada cosa. Por lo tanto todo lo que me rodea está donde debe estar y como debe estarlo. Eso me allana muchos dolores de cabeza, muchos momentos amargos y la consabida pérdida de tiempo en la búsqueda de tal o cual elemento. Pero no había contado yo, con la presencia de mi amado sobrino Roni. Cuando se decidió la fecha del evento, nada sabíamos en casa de que él vendría a visitarnos desde Israel. Por lo tanto, tampoco estaba contemplado el tema de que ahora los días y las horas tendrían otro destino.
      Si bien acostumbro a tener todo presto días antes de la partida, confeccionando un detallado y puntilloso registro de elementos; la fecha se acercaba y yo estaba en veremos. No podía dedicarme por completo a la labor de acopio o al simple hecho de listar lo que se necesitaba. Por un lado el trabajo, por el otro Roni que me ocupaba la PC todo el día con su chat. Hacían imposible de pudiera poner las manos en la masa. Pero pese a que me urgía la obligación, sabía que podría dominar placenteramente mi accionar.
      Para asegurarme de que podríamos estar preparados y con todo listo, le había solicitado a Nabor LU2HNV que se viniera el día 24 a la mañana para casa. Así cargaríamos los vehículos y podríamos partir el mismo jueves por la tarde para el arroyo. No está lejos de casa, solo a unos 8 km. Pero si podíamos irnos antes, mejor nos organizaríamos. Había muchos detalles que quería controlar antes de que el grueso de equipo llegase a sumarse.
      Haciendo realidad un sueño de 12 años, les había propuesto a mis amigos construir una gran carpa polifuncional. Ésta la habíamos pergeñado en la primera expedición del grupo con mi amigo Miguel LU3LBP. Y no era más que una estructura tubular de caños de PVC, cubierta con una lona de grandes dimensiones. Pero los distintos caminos por lo que nos había llevado la vida, no nos permitió concretarla en tiempo y forma.
      La carpa tubo, tal la denominación que le dimos, era absolutamente necesaria para la actividad, de no contar con ella la cosa se complica. No es lindo estar de expedición, sentados cada uno en su estación a metros de distancia sin verse, no es fácil compartir un mate, un chiste o una torta, estando diseminados por doquier en un gran espacio del campamento. Claro que estar muy cerca afecta el escuchar o hasta hablar con los corresponsales; pero nada nos podía privar de la hermosa presencia de los amigos. Para eso organizamos la salida. Para compartir.
      Claro que además de la carpa, estaba el tema más importante culinariamente hablando. Debía poner a remojar el día anterior los elementos para el locro. Comida nacional si las hay que bien merecido estaba en el día del cumpleaños de la patria. Y no estaba dispuesto yo en portar todos los elementos humedecidos, pre cocidos o cortados para ganar tiempo. El jueves sería el día de la adelantada, por lo que habría tiempo más que suficiente para preparar todo y esperar que el sol del veinticinco asomase en el horizonte.
      Cuando tuve la respuesta afirmativa de Nabor (el viejo bah!) me quedé más tranquilo. Podríamos irnos temprano, instalarnos, armar la carpa, los mástiles, las antenas, organizar el campamento y demás. Ya tenía una cosa establecida y organizada. Lo que no tuve en cuenta, fue el mantener la boca cerrada. Porque el inefable Roberto LU7HBL al enterarse del asunto, puso de las suyas.
      ¡Viejito! Me dijo en Nabor que se van a ir antes al arroyo. ¿Es cierto? Claro dije dando todas las explicaciones del caso. Es por esto, eso y aquello.
      Ah si es así, nosotros vamos antes entonces, no me voy a perder ese día. ¡Patapúfete! Dije sin miramientos, se nos pudrió la sorpresa.
      El buen Nabor me hico caer en cuenta que si bien seríamos más; la presencia de un hombre con la experiencia de Roberto, ayudaría en la solución de posibles problemas a la hora de inaugurar el nuevo hábitat, por lo que con agrado acepté gustoso.
      El jueves de la partida, amaneció por demás feo. La niebla cubrió por espacio de horas el valle y la temperatura no subió mucho. Yo me levente temprano y con la ayuda del R 12 terminé por concretar todas las compras que faltaban. En los días anteriores y pese a la desorganización había podido reunir la mayoría de los petates en el garaje, por lo que solo quedaba el cargarlos y partir.
      Cerca del mediodía el astro rey se hacía sentir, peleando entre la bruma, al menos en el valle. Porque del otro lado de los cerros, Roberto LU7HBL me alentaba por VHF que llovía, hacía frío y estaba muy oscuro. Entre tanto, Nabor LU2HNV hacía el reporte del clima en la zona sur de Punilla. Aquí, dijo alegre, viene clareando desde el sur, se disipó la niebla y sube la temperatura. En un rato salgo para La Falda. Mientras prestaba atención a los comentarios de mis amigos, analizaba lo importante que eran las comunicaciones en estos casos. Bendita sea la repetidora 147.180.
      Poco más tarde de las 10.30 hs. Raudamente y revestido de toda la parafernalia de abrigos posible, llegó Nabor a casa en su reluciente moto negra. Su sonrisa era tan contagiosa que solo pude abrazarle y reír con él. Se notaba que ansiaba este día, para disfrutar a lo grande y olvidar algunas cosas no tan felices que le habían sucedido meses atrás. En que ayudo dijo ni bien se sacó el casco reglamentario. ¿O cebo unos mates?
      Tenerlo al “Viejo” cerca, es para mí siempre un placer. Es divertido pero serio, inteligente, cariñoso, respetuoso y buen amigo. Con él y el resto de la pandilla, la diversión y el goce estaban asegurados.
      Mira viejo, yo tengo casi todo listo. Solo falta algo que cargamos al salir. Anda sacando las cosas del garaje y acomódalas en el patio. Cuando llegue la chata cargamos y repartimos las cosas. Pero primero hagamos juntos un repaso de los equipos y materiales.
      Diez minutos después, habíamos verificado los petates y mientras Nabor sacada los bártulos; yo llevaba de regrese a mi amigo/hermano Freddy a su casa, porque me había dejado ya estacionada su nueva adquisición para transportar los elementos hasta el arroyo. Se trataba de un Baquiano IKA, que pese a estar algo maltrecho, funciona de maravillas.
      De regreso en casa, y con la colaboración de Nabor inicié el acomodamiento de las cosas. Diez minutos después arribaron Roberto LU7HBL y su maravilloso hijo Federico “el Pipo”. El R 12 también recién adquirido de Roberto parecía un móvil de la CNC, más que un auto de radioaficionado. Este le había colocado antenas hasta en el caño de escape. En su interior los equipos no dejaban mucho espacio a PIPO para que se acomodase y menos aún para cebar mate.
      “Viejito” en que ayudamos. Fue lo primero que dijo el amigo ni bien bajó de su coche rojo punzó y luego de saludar efusivamente a todos en casa. Pasada la media hora, ya teníamos todo presto y acomodado en los autos, incluso el mío que participaría por primera vez de una expedición de radioaficionados.
      A lavarse las manos que está la comida, espetó la Beba desde la ventana de la cocina. ¿Qué hiciste de rico viejita? Preguntó Roberto. Guiso de mostacholes, fue la respuesta. Si no le gusta no lo coma!!! Glup!
      El almuerzo fue frugal pero intenso, se habló de todo y pretendimos convencer a mi áspero sobrino que fuese de la partida como había prometido. Pero no hubo fuerza celestial que lo quebrase. A mí no gusta la radio tío!!!
      Luego del café, el recuento por enésima vez de los elementos (mentalmente claro) y de la despedida de mi madre por parte de todos; rumbeamos a nuestro destino final. El Arroyo Los Quimbaletes.
      La caravana conformada por tres móviles, parecía más una viborita que una fila de autos. Convenimos que Roberto iría a la cabeza, Nabor al medio y yo de cola. Por cierto, nadie pudo convencer al buen Nabor de que maneje el R 12. Ni loco dijo. Sabes cuánto hace que viajo en un Baquiano??
      Y digo lo de la víbora porque no me atreví a avisarle al viejo de que su móvil no estaba de 10 en lo que se dice dirección, por lo tanto le costaba mucho llevarlo derecho jajaja.
      El viaje de unos 20 minutos se torno gracioso y desafiante a la vez. Muchos autos, algo de bruma, nervios, emociones, etc. Convergían en esos momentos sobre nosotros cuatro.
      Llegados al sitio y previo acuerdo de tareas, nos las emprendimos con la energía. Yo ya había analizado el tema concienzudamente por lo que sabía de antemano que sencillamente nos “Colgaríamos” del sistema de energía de Córdoba. Y creo a verdad, que más lo hicimos por el solo hecho del vértigo, que por la necesidad. Resultaba atrapante, desafiante y gracioso colgar los ganchos, como lo hace tanta gente. Peor en nuestro caso, era una obra de bien. O al menos eso propusimos en la idea.
      Nabor solícito desató todos los caños de la nueva carpa, Roberto y Federico bajaron la amplia lona, mientras yo me hacía de la vieja caña de pescar que tantos momentos felices me dio. Al rato, como hormiguitas en su afán de alimentos, salimos los cuatro rumbos a la cercana calle. Roberto ya portaba con ayuda del viejo, los largos y gruesos cables con los que entraríamos en “delito”
      Discernimos por unos minutos, cuál era el mejor poste para “colgarnos”; porque las variables eran muchas. Desde la cercanía al vivac, pasando por una maraña de espinudos árboles; hasta que el “gancho” quedara escondidito por las dudas.
      Nabor cual gato, ágil e intrépido se dirigió entonces a un viejo molle, en el que se subió en un abrir y cerrar de ojos. Le alcanzamos con Roberto el cable y la caña y contados minutos después, ya habíamos sustanciado el cuelgue.


      Tratando de parecer más a un hombrecito que acaba de orinar al amparo del árbol que a alguien que estaba cometiendo algún ilícito; me di vuelta como tonteando y enfilé por la calle hacia la entrada al balneario. Pero poco duró mi actuación. A solo unos 40 metros una familia atónita y curiosa nos estaba observando detenidamente. Dije como si nada “Acagamos pera” un viejo dicho de niño, que mi abuela Socorro me recordaba siempre y que rememoraba mis primeras palabras hace ya unos 48 años. Disimulen muchachos, nos dieron la cana.
      Poco entrenados en esto del “choreo” energético; los tres compañeros dijeron al unísono ¿Qué pasó? Entre dientes traté de hacerles entender con disimulo la situación, pero poco o nada se podía hacer. Nos habían pescado.
      Me voy a parar la bronca, dije valiente a la vez que me encaminaba hacia la casa de los azorados vecinos. Buenas!! Como van. Solté como para romper el hielo.
      ¿Qué están haciendo? ¿Son de E.P.E.C. Empresa Provincial de Energía Córdoba)? Ehhh, bue, no, noooo, no nada que ver. Somos radioaficionados, somos parte de la Defensa Civil. Estamos por iniciar un campamento de cuatro días a la vera del arroyo. Es un concurso, una expedición y un ejercicio de radio para emergencias ¿Vió?
      Ahhhh!!!! Si, radioaficionados, si se lo que son, mi esposo es LU ¡Recórcholis! Que chico es el mundo señora.
      Viejo, veni, son colegas tuyos. Llamo la señora alzando la voz sobre el murmullo otoñal de la tarde en Los Quimbaletes.
      Estrechamos las manos, nos dimos las buenas tardes e intercambiamos licencias. Para eso, ya estaba Roberto al lado mío haciendo gala de su bonhomía (pero conste que para dar la cara, me dejó solito mi alma). Vení viejito Nabor, vení Pipo, saluden a los amigos. Y así entre saludos y relatos de las cosas que haríamos, rompimos la intriga y quedamos tranquilos que no habría denuncias por el gancho.
      Ahora la cosa estaba dirigida a la carpa. Todo indicaba que debía funcionar, que su forma; la más perfecta de la geometría (un arco) debería tolerar el embate del viento, el agua, el peso de la lona, etc. Pero… había que probarlo.
      En contados minutos y sabiendo que si la cosa se complicada al menos teníamos suministro energético; planteamos el mejor lugar para la instalación, limpiamos el terreno y desparramamos las cosas. Caños, cuplas, tee, entre roscas, más caños, lonas, sogas, estacas; todo estaba listo para ensamblar el nuevo invento.
      Me tomé un par de minutos para explicar a los amigos como deberíamos hacer el armado, porque los elementos, en especial los caños, podían sufrir deterioro. Me preocupaba el que se rompiesen y malograran la estructura.
      Muñidos de una soga trazamos el cuadrante en dónde deberíamos colocar las estacas de sujeción. Colocamos éstas con ayuda de un metro para mantener las distancias y la emprendimos con los caños. La cosa solo demandó escasos minutos, así que pronto nos vimos en la necesidad de cubrir con la lona y ver qué pasaba.
      Maravillosa, grande y feliz fue la sorpresa cuando luego de contados movimientos, quedó formada perfectamente la “CARPA TUBO” No lo podíamos creer, en realidad era súper cómoda, amplia y espaciosa. Cosa que quedó más que comprobada cuando todos los elementos ocuparon su lugar dentro de ella. En un momento, mientras entraba cargando cosas, se me antojó que se parecía mucho a los bunker, que se usaban en Londres durante la Gran Guerra. Solo faltaban los temblores, la tierra cayendo desde lo alto y los cascos protectores.
      Nabor en un santiamén colocó el sistema de iluminación, mientras Federico acarreaba cosas dentro. Roberto luego de ir hasta las cercanías a “despedir un amigo del interior”; ya estaba preparando las antenas y los mástiles.
      La tarde había comenzado a caer en el arroyo, y se notaba mucho más porque la proximidad con las Sierras de Ayampitín, hacía que las sombras avanzasen rápido pero silentemente.
      Sigamos con el antenamiento, dijo Roberto a la vez que mástiles en mano encaraba la trepada hasta el lado plano del terreno. Le seguimos presurosos con el resto del equipo y bajo una bruma fría y blanca, iniciamos la instalación de mástiles y dipolos.
      La tarea nos demandó poco tiempo, porque ya estamos acostumbrados a esas labores, no por algo llevamos 19 expediciones realizadas. Así que cuando definitivamente la luz dio paso a la noche; habíamos concluido. Como no nos percatamos del tema, al volver al campamento distante a uno 50 metros; caímos en la más absoluta obscuridad. NO colocamos los iodos, le dije al viejo por sobre el hombro derecho. La cosa no fue grave, porque en el interior de la carpa, la irradiante luz, sobraba para realizar cualquier labor. Así que presto busque en la caja correspondiente los sistemas lumínicos y en solo segundos, se hizo la luz.
      El ambiente era irreal, casi de otro mundo. En ese lugar nunca se había encendido un lámpara eléctrica, y el Grupo ECO RADIO, lo estaba haciendo. Nos llamó mucho la atención como cambiaba el paisaje bajo la penetrante y blanca luz de los iodos. Nada que ver a lo que el día nos mostraba solo un rato antes.
      Ya teníamos todo armado, así que repartimos otra vez las responsabilidades, como para conformar el organigrama operativo. Al menos por esa noche. Roberto y Fede, se encargarían de armar las estaciones de 80 fone y digitales. Nabor y yo volveríamos a La Falda para devolver el Baquiano a Freddy, porque éste le necesitaba para trabajar al otro día. Además, quedaba el ir a buscar a casa dos ricas tartas que mamá nos había hecho, luego de dormir un rato la siesta.
      Ya totalmente oscuro y con la bruma cubriendo la zona, arrancamos con Nabor uno en cada vehículo; rumbo a casa. No había salido aún del balneario, cuando un agitado Roberto me alcanzó y haciendo señas para que bajara el vidrio de la ventana; me dio algunas órdenes luego de hacer algunas preguntas. Viejito, vi ahí y pack de Coca de 2 litros. ¿Hay más? No, le dije pensé que alcanzaba. Si tenemos vino y algo dulce para la madrugada.
      Viejito ¿No me digas que no trajiste fernet? ¿Qué vamos a tomar entre tanto? Bueno, hay mate, café, te… manifesté casi sonriendo. No viejito eso es por si nos enfermamos o algo nos cae mal. Trae un ferneson así tomamos con los chicos y obvio, otras Cocas. NO te olvides, porque sino saco el 12 y voy yo, no hay drama!!!
      Por radio, le dije al viejo que pasaba y éste también se extraño que no hubiera traído la bebida cordobesa por excelencia, pero adujo que pensaba la tenía “camuflada en la caja del rancho” Prometió recordarme el tema.
      Llegamos en 15 minutos a La Falda y le dejamos a Freddy el vehículo, no sin antes agradecer la deferencia de haberlo prestado. Cuando salía para el auto, Nabor me recordó por medio del Handy “NO TE OLVIDEZ DEL FERNET y LA COCA carcamán” Así que apuré el paso y pasando a su lado fui en búsqueda del líquido elemento. Un fernet de litro y seis Cocas de 2,50 por si las moscas.
      En casa mamá tenía ya primorosamente envueltas las tartas que a todas luces se veían y olían como riquísimas, así que luego de pasar por el baño y besar a la salida a mi hermosa Gala, a la cual encargué el cuidado de la vieja, salimos contentos otra vez para el arroyo.
      Cuando arribamos todo era hermoso. El agua corría alegre entre las piedras, el césped nos brindaba otro verde, distinto al habitual, y los pájaros curiosos, asombrados y expectantes; cuchicheaban en lo alto del espino y el molle. A lo lejos un perro se hacía sentir, sabiendo que en la zona había vecinos pocos convencionales.
      La impresión que me dio entrar a la carpa, fue de felicidad. Roberto y Fede habían acomodado todo y ya estaban hacía rato apilando QSO en 80 metros. Nabor miraba escrutando todos los detalles y pidiendo permiso, despuntó un amargo bien rico y calentito. Yo mientras tanto me puse a armar mi estación.
      Había pasado ya la excitación primera, los nervios de la salida y el saber que todo andaba bien. El cuerpo y los años, iniciaron su trabajo. Me dolía hasta el alma. No había articulación o miembro de él que no me molestase o doliese. Se me cayó el ánimo y la cara se descompuso de tristeza. Mis amigos no tardaron en preocuparse, por lo que estaban atentos a mí accionar.
      Tomamos unos mates riquísimos de Nabor, a los que acompañamos con galletas que aporto el Federico. Seguimos acomodando y encendimos la calefacción, porque la noche llamaba al frío. Mientras tanto, yo seguía mal.
      Roberto me pasó un Actrón 400, al que ingerí sin miramientos. Ya me había tomado otro hacía unas horas antes de salir, pero era tanto el dolor que no podía seguir así. Y como si nada, llegamos a las 22:45 hs. De ese primer día de expedición y la primera noche.
      A Nabor le pareció oportuno el momento de picar algo, así que puso la mesa y sacó a relucir las tartas, las que Aseguraron, estaban más ricas de lo que se veía. Departimos, tomamos café, empinamos para brindar un buen Legui y seguimos en la radio. O más bien Roberto y Nabor siguieron, yo ya no aguantaba más. Pedí disculpas, inflé el colchó y luego de una higiene leve, me enfundé en el pijama y posteriormente en la bolsa de dormir. Recuerdo que Nabor me alcanzó un par de mates y que Fede me preguntó como estaba. Cuando volví en mí; el reloj marcaba las 06:45 hs. Y las necesidades fisiológicas me llamaban para un piss!
      El viejo, que dormía en la misma carpa, me pregunto cómo estaba de los dolores y se alegró de que le dijera que estaba de diez. Él hacía rato que daba vueltas pero no quería despertarme. Así que aún con la oscuridad sobre el campamento, se levantó, prendió el fuego, puso la pava y se vistió para afrontar el día. Yo más por nobleza que por ganas, me propuse a hacer lo mismo, no sin algo de fiaca. Pero en eso, salió como una tromba Roberto de su carpa, medio vestido, algo agitado y totalmente despeinado. Federico algo balbuceaba desde dentro, pero parecía más un reto que una sugerencia.
      ¡Viejito! Ya llegó el José Luis LU3AJL. Me voy a buscarlo. Resulta que me entró un mensaje que envió hace como 20 minutos y me decía que estaba saliendo de Cosquín. ¿Qué opinas vos? Más vale cabeza, si no llegó, lo está haciendo. Métele.
      Así que antes de poder terminar de tomar un mate, puso en marcha su móvil y rugiendo como fiera, salió para la terminal, en búsqueda del amigo porteño, que ya estaba arribando para sumarse a la expedición.
      Mientras degustaba unos mates de Nabor y terminaba de acicalarme para iniciar la jornada, revisé los porotos y el maíz que había dejado en remojo la noche anterior, llené la olla con agua fresca y encendí el quemador.
      Solo un rato después de que llegara Roberto con José Luis; puse a freír unas cebollas como fondo de cocción del locro, agregué el agua, los porotos y el maíz. La comida del mediodía se estaba haciendo.
      Roberto se me acercó en un momento, argumentando que ya tenía armado el dipolo rígido multibanda, por lo que si queríamos podíamos subirlo. No lo dudamos, con la asistencia del resto del equipo, no solo pusimos en lo alto del mástil el dipolo, sino que con mucho orgullo; aprovechamos para cambiar las enseñas nacional y provincial, al punto más alto del campamento, tal como reza nuestro reglamento. Ya que en la tarde anterior, solo posaron para la foto dentro de la carpa.
      Pase gran parte de la mañana, cortando zapallo, pelando los chorizos, troceando la carne y limpiando el verdeo para la salsa. Cuando pude, encendí el equipo y me largué en 40 metros, banda que ya había sido activada por José Luis LU3HKA. Eran muchos los amigos que estaban atentos a nuestra salida desde la referencia DSH 008 H por lo que en poco rato, sumé más de una decena de QSO.
      Con la escusa de ir a dar una vueltita y despedir de paso a un amigo del interior; tomé la máquina de fotos y orillando el curso de agua, me alejé unos metros del campamento. Desde la privacidad de los “yuyos” pude tomar lindas imágenes y percatarme además que a todo orgullo, teníamos ya armado el vivac para afrontar el desafío de la expedición. Solo restaba de llegar Beto LU7HA, el que por razones de laboral, arribaría cerca del mediodía.
      Cuando regresé a la carpa, José Luis estaba exultante, daba vueltas por todos lados sacando fotos y agradeciendo la elección del lugar. Según decía las imágenes no hacen honor a lo que es en realidad este sitio. Cosa que tanto Roberto como Nabor apoyaron.
      Cuando el mediodía nos encontró entre charlas, contactos de radio, fotos y el trajín de revolver el locro cada rato; Federico con su proverbial buen humor preguntó si no podíamos picar nada. Ya le dolía la panza de hambre. A todos nos pareció buena idea, por lo que Roberto de hizo de queso, salame y pan, como para armar una picada de órdago.
      El locro ya estaba casi a punto cuando nos percatamos que Beto no había dado señales de vida. Le llamamos por cel. También por radio,  pero nada. Insistimos salvajemente una y otra vez, pero no había respuesta. Decidimos esperarle media hora.
      Nos entretuvimos un rato charlando, en digitales y en fonía. De mientras,  preparábamos la mesa y aprontábamos los platos para servirnos. Como quién no quiso la cosa, se nos pasó más de una hora y cuarto, por lo que cucharón en mano, arranque con la servida del locro. No había completado la vuelta de la ronda, cuando Fede nos hizo saber que se oía un auto cerca, al asomarnos Beto llegaba sonriente y feliz para sumarse al fin, a la expedición al Arroyo Los Quimbaletes.
      El almuerzo fue hermoso, charlamos, contestamos llamados, hicimos otros nosotros, bebimos, comimos hasta asquearnos y sacamos fotos que registraran el momento, bello, único.
Terminada la sobremesa en la que hicimos importantes aportes para mejorar la carpa, unos lavaron los platos, otros se colocaron los auriculares y la vorágine se aprovechó de todos. Yo me excusé y me tiré a una siesta de una horita, los chicos pasearon y disfrutaron mientras Roberto llamaba en 40. Cuando la modorra se había extinguido y el viejo iniciaba el mate, salí de la carpa y encendí el 430 en 20 metros. En la zona norte de la carpa el movimiento era ferviente, unos llamaban, otros anotaban, Nabor seguía con el mate. Fede subía fotos a su notebook. Y no faltó alguien que adujera. ¡Che! Son las 19.30 hs. Podríamos picar algo ¿no?
      Así que como por arte de magia las manos se apresuraron en poner cosas sobre la mesa, porque la ocasión ameritaba preocupación. Beto lidió con un salame hasta que pudo cortar fetas perfectas, lo mismo hizo con el queso. Nabor arrimó el pingüino de vino, como para mitigar la sed a la vez que José Luis preparaba, cual barman excelentes “fernesononon”. Roberto no pudo con su genio así que buscó por todos los rincones hasta que dio con el sobrante de las tartas de la Beba, y cortando pequeñas porciones convidó a la concurrencia. Beto había tomado mi lugar en la estación, pasando a 40 metros, pero me hizo señas que tenía sed, así que en breve tenía unos hermosos bigotes amarillentos que destacaban su sonrisa cada vez que empinaba el vaso y mordía una porción de tarta de jamón, queso y tomates.
      Cuando la picada llamó a final, Nabor metió la mano en el bolsillo y extrayendo un encendedor; encendió el mechero y puso el locro. ¡Como para que vaya calentando vio!
      Cenamos pasadas las 22:00 hs. De ese viernes, pero mucho distaba de acabarse la jornada. No solo habría más contactos, sino que teníamos pendiente la reunión de Comisión Directiva del grupo. Cuando las condiciones ya resultaban vagas y los colegas se habían entregado a los brazos de Morféo; servimos café y caña Legui. Se iniciaba la reunión.
      Debatimos muchos temas, los cuales por ser este un documento público no voy a develar; pero creo sin duda alguna, que se terminó de organizar de una vez por todas al grupo. Las decisiones que se tomaron, propendieron y propenderán a que finalmente quienes formen parte de ECO RADIO; sientan orgullo de pertenecer al mismo. Que tengan las mejores y máximas posibilidades de disfrutar de todas las actividades y por sobre todo; que sepan que les necesitamos.
      Sin temor a equívocos, puedo decir que lo más importante de la reunión, ha sido la designación de Nabor LU2HNV como nuevo presidente del Grupo ECO RADIO. Miguel LU3LBP, quién no solo es fundador sino ideólogo de este grupo, no puede seguir en esa función. Ya lo había anticipado en 2010, pero le hicimos caso omiso. Lamentablemente el desarrollo institucional, la interrelación que ECO RADIO tiene con otras entidades y colegas, hace imperiosa la presencia activa del presidente. No podemos delegar esa responsabilidad, no podemos reemplazarle en todo. Por eso y solo por eso dimos semejante paso.
      Miguel LU3LBP es desde el viernes 25 de mayo de 2012, nuestro Presidente Honorario, reconocimiento válido para alguien que fue la semilla y el sueño inicial de ECO RADIO. Quisiéramos que algún día vuelva de pleno a la actividad y se aboque, como hasta ahora nuevamente a la conducción del grupo. Pero de momento le relevamos de la obligación. Nabor será con seguridad un digno reemplazante.
      Todo el resto de la información, se dará a conocer en breve por los medios habituales, esta narración no debe ni tiene porque detenerse en esta parte, dado que es mucho lo que debemos contar.
      La noche, con una esquiva luna que se escondía entre las veloces nubes; no era todo lo apacible y bella que deseábamos, pero de todos modos salimos fuera de la carpa a respirar el húmedo aire del balneario y a detenernos en detalles tan sutiles, como el crepitar del agua en el choque con las piedras o el chistear de las tres cascadas que interrumpen el cansino andar de las cristalinas, prístinas y nobles aguas del Arroyo Los Quimbaletes.
      Cuando las campanadas daban las 03:00 hs. Nos decidimos a dormir un rato. Aún faltaba mucho por delante y por si fuera poco, habíamos tomado el toro por las astas.
      A las 07:10 Hs. Mi querido compañero de aventuras Nabor, ya hacía rato que daba de vueltas en la carpa tubo. Se había vestido, calentó el agua y aprontó el mate. Como solícitos soldados de las comunicaciones, Roberto, Beto y José Luis, aparecieron en el vivac, felices y deseosos de arrancar con los QSO.
      Como había sobrado algo de locro y las cosas no están como para tirarlas, decidimos que era irremediable viajar a cas otra vez, para poder llevar a frío las sobras. A la vez eso me permitiría interiorizarme sobre el esta general de mi vieja que, cuando salimos quedó algo triste. Así que con Fede de copiloto, arrancamos muy temprano para La Falda. Compramos pan, dejamos el locro y volvimos raudos al campamento. Ahí todo era acción. Beto estaba en 40 metros, José Luis en digitales; en tanto de Nabor y Roberto ya tenían a medio cocer el lechón. Rechoncho animalito que desde Marcos Juárez había viajado para que lo saboreáramos en la expedición.
      Puse al fuego unas papas para una buena ensalada con huevos y ocupando el lugar de Beto, probé en 10, 15 y 20 metros sin éxito. Renegué con Roberto porque hizo el fuego justo al lado de mi carpa y bajo la risa de todos, preparé la picada.
      Siendo las 12:30 hs. Di alerta general y uno a uno se arrimaron a la mesa. Dimos cuenta de salame, queso y queso de chancho, tomamos algo de vino y aprontamos los platos y cubiertos. Media hora después, Roberto nos homenajeaba con el lechoncito a dos fuegos. Una técnica que es muy usada en la zona sur de la provincia y por nuestros hermanos de Santa Fe. Departimos y comimos de lo lindo por espacio de una hora y media. La charla fluía entre nos, mientras con lentitud pero constancia el pequeño “porquino” se desvanecía ante los tenedores del grupo expedicionario.
      Como no podía ser de otra manera, también se sucedieron muchas charlas relevantes sobre lo que estábamos haciendo, sobre el grupo y la actividad radial en general. Y todo eso, nos fue llevando de una manera grata al momento del café. Por lo que me dí vuelta para encender el caldero. Puse el agua y levanté la mesa. En eso, tras de mi pasó Roberto con cara de circunstancia que no dejaba ver nada de lo que estaba por acontecer. Me senté y repartí los sobrecitos del producto Colombiano entre los amigos.
      No pasaron más de cinco minutos y Beto, que presidía la mesa en el extremo sur de la misma, se levantó y corrió como ahuyentado por el espanto. El resto nos miramos absortos pero sin saber acaso que significaba dicho desplante. Al momento lo oí pasar dando grandes zancadas hacia la zona austral del balneario por lo que aduje, que una imperiosa necesidad fisiológica lo estaba acuciando.
      Realmente la charla estaba tan amena que mis camaradas y yo nos olvidamos del tema, por lo que mucho nos asombró que al rato, se escucharan gritos y carcajadas fuera de la carpa. Eran Roberto y Beto, que debatían algo importante.
      Cuando ingresaron al reparo, nos enteramos que subrepticiamente Roberto sin hacer ningún comentario se había marchado solitario hacia el sector bajo del curso de agua, con la sana intención de darse un buen baño. Yo no lo  recordaba, pero según testigos, había comentado varias veces esa mañana que tenía intenciones de tal acción. Beto, que estaba atento a la cosa, esperó que se acomodara en la “ducha” y presto le tomó varias fotografías. El griterío era causa de la amenaza de Beto de subir a nuestras imágenes digitales dicho material. A todas luces subido de tono.
      Según el buen Roberto, un expedicionario no tiene porque dejarse de bañar por estar lejos de “las casas” así que pese a que solo se ahumó un poco en la cocción del cerdo, dado que poco transpiró esos días, en una de sus caminatas divisó el lugar exacto dónde darse el baño y obviamente; lo utilizó.
      Mientras estoy escribiendo este material, acabo de recibir una gruesa amenaza de parte de mi amigo, para que quite en forma urgente las fotos mencionadas Ut Supra. Según argumenta, dichas imágenes no son para exponer y me intima a quitarlas. No voy a entrar en detalles, pero parece que lo más molesto no es que se pueda apreciar su esbelto cuerpo; sino que en una de ellas se ve flagrantemente un pintoresco slip amarillo patito. Y al parecer eso si no se debe mostrar. Claro que no dudé un instante en quitar las imágenes; porque mi cariño, respeto y amistad con Roberto así lo amerita; pero dado que éste documento es personal, voy a colocarlas para que Uds. puedan verlo.
      Como había dicho más arriba, el café llegó a la mesa, nos reímos de la cuestión baño y seguimos atentos en las bandas.
      Roberto y José Luis prestaban mucha atención a los 40 metros, porque trabajaban a la vez digitales y fonía. Nabor hizo una barrida lenta en 10, 15 y 20 pero estas bandas no tenían actividad alguna de momento. Por lo que entre todos emprendimos el lavado de los trastos.
      Con toda la carpa acomodada y esperando que la propagación se haga presente, dimos rienda suelta al descanso poblano. La siesta. Pero claro, algunos por una extraña razón gozaron de la misma de maneras diferentes. Sea el siguiente un modesto ejemplo de cómo descansan mis amigos del grupo.
      Como se pudo ver, nadie se dio cuenta de las fotos… sepan Uds. sacar conclusiones.
      No crean que yo no me eché un rato, claro que si lo hice, pero en la carpa, tapadito y cómodo. Antes hice escucha en las bandas y todas estaban muy cerradas, así que me dije… “ma si, total tenemos aún tiempo por delante” me tiro un rato.
      Entre sueños escuchaba un griterío singular y risas muy compinches, pero seguí entregado al descanso. Hasta que en un momento golpes en la mesa y otros gritos me alertaron. Eran mis compañeritos de expedición que ante la falta de propagación se enfrentaron en una mano de truco.
      Por lo que me puede enterar por el comentario de Fede, parece ser que Nabor les hizo varias veces trampas en las anotaciones y por ello su equipo, salió triunfante. ¡Cosas que pasan!
       Cuando salí de mi aposento, eran las 17.30 hs. Por lo que aproveché un poco más de hora y cuarto de siesta. En esos momentos Nabor aprontaba el mate y el resto pasaba contactos al log, llamaba en 40 y contactaba en BPSK 31. Así que luego de acicalarme un poco y vestirme, me prendí en los 40 metros por un largo rato. Intercambiando cada tanto con Beto y José Luis para deglutir algo o mojarme la boca.
      Como a las 20:30 Hs. Se presentó nuevamente la picada de rigor y aunque estábamos atentos a la radio, dimos cuenta de lo que estaba servido primorosamente.
      Luego otro rato de radio, más charla y por último la cena. Otra vez el lechoncito se acercó a la mesa y gustosos le dimos caza. Para cuando terminamos con él; el reloj marcaba las 00:10 hs.
      Salí a hacer un pis y me percaté que la noche no era lo acogedora que fueron las anteriores. Pese a que el día se presentó lindo, negros nubarrones cruzaban agitadamente el cielo de esa madrugada, buscando el norte. Me llamó la atención la humedad ambiente, porque era pesada, pastosa, pegajosa. Beto y Nabor salieron también a curiosear y coincidieron conmigo que de seguro llovería.
      Dimos cuenta del café, tomamos unos Fernet con Coca y viendo que la propagación no nos permitía nada más; cerca de las 02:25 decidimos dar por concluida la jornada del sábado.
      Dado que la ingesta de líquido durante el día fue importante, las ganas de pis!!! Fueron recurrentes en la noche para todos. Yo por mi parte le levanté a las 04:00 y las 06:45 Hs. El tiempo estaba feo, la bruma ocupaba el balneario y el mucho viento imperante, hacía que las minúsculas gotas parecieren llovizna. Pero no mojaba.
      Me zambullí  en la bolsa de dormir y me volví a desmayar. Entre sueños sentí que Nabor se levantaba y poco rato después, me confidenciaba que estaba largándose a llover con ganas. Presté atención y verdaderamente las gotas eran grandes y a todas luces se avecinaba una lluvia fuerte.
      Todo el equipo se puso en estado de alerta y a los pocos minutos estábamos debatiendo en la carpa como seguiríamos el día. Nabor subió a lo alto de la loma y argumentó a su regreso que no se veía bien la tormenta, por otro lado en realidad solo quedaban un par de horas de expedición porque habíamos convenido en la noche que a las 16:00 hs. Nos marcharíamos, no sin antes comernos unos chorizos a la pumarola.
      Con los mates que cebaba Nabor en nuestras manos, departimos un rato sobre que hacer al respecto del clima. La lluvia por entonces golpeaba fuerte y se presentaba como para quedarse todo el día. Roberto fue taxativo “Viejito… lo hecho, hecho está” Ya cumplimos, hicimos radio por tres días y acumulamos varios cientos de contactos. Levantemos todo, protejamos los equipos y luego nos vamos. Todos estuvieron de acuerdo en tomar tal resolución, no quedaba mucho por hacer esa mañana gris.
      Lo primero que hicimos, fue guarecer los equipos de radio y sus periféricos. Cada uno se abocó a tu estación y los que no tenían nada armado de momento, agruparon las cosas del campamento para poder cargarlas. Mientras tanto Nabor seguía con el mate.
      Fuimos cargando en los autos lo más valioso de los equipos y dejamos para el Baquiano lo de campaña. Aún Freddy no había llegado, así que tuvimos tiempo más que suficiente para acomodar tranquilos. A eso de las 10:25 la lluvia paró y al grito de aura de Beto, corrimos a desarmar los mástiles, antenas ya descolgarnos de la electricidad. Solo pudimos estar secos unos 15 minutos, porque nuevamente arreció una pertinaz llovizna y nos empapamos. Al rato, Freddy llegaba a buscarnos, para poner fin a la experiencia grupal.
      Cargamos todos los elementos restantes, desarmamos la carpa y muy, pero muy felices, partimos rumbo a mi casa en la ciudad de La Falda. Habíamos cumplido con todo.
      La caravana fue hermosa porque al mirarnos comprendíamos que absolutamente todos estábamos felices, los autos atestados de cosas acreditaban que veníamos de una expedición.
      Llegamos a casa cuando el mediodía daba lugar a unos tímidos rayos de sol, que poco duraron. Descargamos y tratamos de acomodar en el garaje las cosas para que, Dios mediante el lunes; pudiera secarlas y guardarlas en su lugar.
      Freddy se despidió de todos y cansino se subió a su móvil. Yo que estaba acarreando cosas le espeté. Pará, dónde vas? Quédate a comer unos chorizos a la pumarola, por lo que no tardó en rendirse al pedido. Beto ya aprontaba unos fernesones y Roberto preparaba otra picada.
      Entre charlas y risas puse el disco al fuego y con la colaboración de Nabor arranqué con los chorizos. José Luis cuidaba la fritanga, revolviendo cada rato y Freddy, los entretenía con sus historias de viajes. Comimos pasadas las 14:00 hs. Y realmente si no fuera porque estábamos en casa y las paredes lo indicaban, bien podríamos decir que seguíamos de expedición.
      Llegó otro café de Doña Beba y el momento de hacer números. Nos pusimos serios, metimos la mano en el bolsillo y dejamos las cuentas claras, porque como dice mi vieja, “Cuentas claras conservan la amistad”
      De última antes de la despedida, posamos para una foto del recuerdo con mi amigo Freddy, el que por cierto pidió que le avisemos si hacemos alguna salida, dado que quiere ser parte de ella.
      Terminamos los comentarios y nos abrazamos fortísimamente con Roberto, Fede y Nabor, ya que ellos se marcharon inmediatamente. Beto y José Luis compartieron conmigo y mamá otro café y charlamos sobre lo sucedido hasta que llegó la hora de que José Luis tomara su ómnibus a Bs. As.
      Nuevamente los abrazos, los besotes cariñosos y la despedida de los amigos. Dábamos así por concluido el trabajo que con mucho esfuerzo, cariño y devoción habíamos realizado. Se terminaba la Expedición al Arroyo Los Quimbaletes del Grupo ECO RADIO.
      En la ciudad de La Falda, Córdoba Argentina a los treinta y un días de mayo de 2012.


                                   Héctor Oscar Cousillas
                                          LU3HKA

lunes, 27 de junio de 2011

Fin de Semana Internacional de los Museos 2011

Activación del Museo de MOTOS y BICICLETAS de Cruz Grande


Por razones laborales, infinidad de veces utilizo en mis desplazamientos la ruta intercomunal
Bartolomé Jaime; que une la ciudad de La Cumbre con el poblado de Los Cocos, enclavadas ambas en el faldeo oeste de las Sierras Chicas en la porción noroeste de la provincia de Córdoba. La ruta, un serpenteante camino entre los bajíos serranos, gambetea cual jugador de futbol, entre las antiguas casonas que desde el comienzo del 1900 están allí vigilantes y vistosas.
Era enero y con la combi colmada de pasajeros ansiosos por conocer nuestras serranías, andaba yo mostrando esas maravillosas casas, que guardan para sí, una privada historia de vanidades, lujuria, dinero, renombre y personajes. Cómo Guía Turístico de la provincia, siempre me atrapo mostrar el lugar, mucho de él puedo yo decir y contar porque; como dije, mucho tiene para decirse.
Allí está la antigua residencia de la Señora Lolita Torres. El Alcázar de Sevilla, despampanante, amplia, espaciosa, rodeada de jardines y con una pileta única en la zona. También la modesta vivienda de la actriz Chela Ruíz, la mala de muchas películas. La Choza. Unos pasos más allá, el Granada, residencia otrora de Marcelo Torcuato de Alvear. Y por último un viejo chalet devenido en hostal, llamado ahora el Hostal Toledo. Casa de la familia Williams, allá por los años sesenta, cuando el vástago de ésta, Guillermo (Guy) Williams nos deleitaba a todos de niños, interpretando al Zorro de la serie creada por Wlalt Disney. Ese emblemático paladín de la justicia que junto a Bernardo, hacía más felices nuestras tardes de chocolate Toddy y tostadas con mermelada. Por cierto nunca entendí porque razón, el Sargento Demetrio López García cuando le ponía la mano encima, jamás le quitó el antifaz para enterarse, que era en realidad; el multimillonario Diego de la Vega.
Decía entonces, que andaba yo haciendo conocer esos lugares en una tórrida tarde de enero, cuando por el rabillo del ojo izquierdo, me percaté que había aparecido una nueva atracción en el camino. El Museo de Motos y Bicicletas de Cruz Grande. Abuzando de mi capacidad de improvisación; atiné a armar algún comentario sobre el lugar, si se quiere inventando muchas de las cosas que suponía, existirían dentro de ese flamante galpón.
Guiado así por el título de su reluciente cartel, armé una bonita conjugación de palabras que daban el valor real de la nueva empresa e invitaban a visitarla. Uno de los pasajeros espetó que podríamos llegarnos, pero otros, antepusieron la voluntad de llegar al complejo Aerosillas Los Cocos; la parte final de la excursión en curso. Por lo que pasé raudamente por la puerta ascendiendo por la ruta y continuando con la pormenorizada explicación de todo lo que surgía al pasar.
Cuando llegué a la playa de estacionamiento del complejo, la misma estaba colmada por vehículos dispares, pertenecientes a mis colegas. Casi no había un lugar dónde detenerse, por lo que ante la atenta mirada de mis amigos y la del encargado de playa; bajé a los pasajeros y luego de pactar una hora de encuentro. Me volví sobre mis pasos hacia el museo.
Tenía solo una hora veinte minutos para visitar el mismo, conocer sus virtudes y poder entender todo para brindarlo en otros paseos a los ocasionales pasajeros. Además y como si fuera poco, también debía hacer tres kilómetros para ir y otros tantos para volver. Y por sobre todas las cosas; quería hablar con el responsable para manifestarle la idea que me había surgido en esos minutos previos. El Grupo ECO RADIO, quería poner al aire el mismo en el mes de mayo próximo.
Llegué a la antigua casona de deslumbrante estilo inglés, y mientras aparcaba en la playa interna, me salió al encuentro un jovial muchachito, que desde su baja estatura esbozaba una cálida sonrisa. Extendiendo su mano derecha me recibió amable. Hola, bienvenido al museo. Soy Lisandro Benzi, el propietario del mismo. Adelante!!!
Como mi intención no era perder tiempo y además tampoco quería hacérselo perder a él; fui derecho al grano. Mucho gusto, soy Héctor… Guía de Turismo. Vi a la pasada que abrieron el museo y que el mismo es de Motos y Bicicletas. Como me gusta estar informado, decidí parar para ver de qué se trataba y además para hacerte una propuesta, la cual espero te interese.
Tomándome del brazo cual experto en la materia, Lisandro me invitó a conocer el interior. Someramente me dijo algunas cosas interesantes sobre el mismo y mostró, con poco disimulado orgullo, los elementos que en él se exponían. Esta moto, es de 1936, aquella de 1941. Este surtidor es de … aquel cartel corresponde al año … Este sector, está dedicado a las chapas patentes. Mira esta, es del año 1922 y la otra de 1928. Así durante algunos minutos, recorrimos las limpias instalaciones por los senderos que contorneaban las más bellas motos y bicicletas que había yo conocido hasta ahora.
En un alto de la marcha, me expresó que antes que nada, deseaba que yo pudiera conocer al menos algo del tema que el proponía, porque para él era vital que alguien relacionado con el turismo, supiera de su iniciativa privada. Todo serviría a la hora de hacer publicidad.
Pasados algunos minutos más, me invitó a sentarme en una hermosa explanada a las afuera del museo, bien en medio de la frondosa sombra de añejos eucaliptus. Las sillas me llamaron mucho la atención; yo las había visto infinidad de veces en mi niñez cuando frecuentaba los clubes y boliches del barrio. Era metálicas robustas y súper añejas. Perforado en el asiento, se leía. Cerveza SAN CARLOS. Eran según me dijo luego, de por lo menos los años 40. Y yo asentí memorioso. Cuando apenas yo mismo tenía unos diez años; ya estas cosas eran viejas en el club. ¡Cómo pasan los años!
Creo que no pude ser todo lo convincente que quise; cuando me invitó algo para tomar. Café, gaseosa, cerveza. Y negándome, le rechacé la invitación. Traté de hacerle entender que urgía el horario de regreso a buscar mis pasajeros y que solo pretendía charlar unos minutos con él. Por lo que solícito se dispuso a escucharme atentamente.
Lo primero que hice fue agradecerle la amabilidad de recibirme y luego de felicitarle por su empresa. Prometiendo hacer todo lo posible para que muchos turistas visiten el museo en lo sucesivo. Acto seguido le expliqué el tema de los radioaficionados y en que andábamos con el Grupo ECO RADIO. Su interés en la explicación, era evidente, pero además mostraba conocer al menos algo del tema. Eso me llamó la atención.
Habiendo terminado la perorata, Lisandro me informó que él y su familia tenían amigos radioaficionados y que en su casa rodante (aparcada en la misma playa que mi combi) a expensa de sus amigos, años atrás había colocado un equipo de BLU para comunicarse con su casa. La radio no le resultaba ajena y menos aún, algo raro.
Sobre la propuesta de transmitir desde su museo para el Fin de semana internacional de los museos del corriente año; desde ya estaba de acuerdo. Debería hablar con el resto de la flia., pero descontaba que no habría problemas. Después de todo dijo, todo sirve como publicidad.
Quedé con él que en breve le llevaría una nota oficial del grupo y que le haría conocer algunos particulares relacionados a la activación. Por ende, volveríamos a vernos. Pero que desde ya quedaba firme nuestra labor desde allí.
Volví a mediados de febrero, con una carpeta bastante abultada, que contenía no solo la nota, sino el reglamento de la operación, la declaratoria de interés cultural, una muestra de viejas Qsl con que se habían confirmado los comunicados el año ppdo. Y nuestras propuestas en concreto para ese evento. Me rubricó la copia de la solicitud de permiso y se quedó con todo el material que llevaba, prometiendo leerlo atentamente. No nos volveríamos a ver hasta marzo.
Cuando le visité por tercera vez, me dijo sonriendo, tal como era su costumbre, que todos en la flia. estaban orgullosos porque ECO RADIO había elegido su museo para un evento tan importante. Pautamos algunas cosas relacionadas con la impresión de las QSL y sobre el lugar a utilizar a los efectos de instalar los equipos y luego de un rato, me retiré satisfecho de haber logrado un nuevo amigo.
Hablamos un par de veces por teléfono y nos cruzamos algunos mail, con detalles ínfimos, que hacían al evento en sí. Y el 20 de mayo de 2011, muy de temprano, arribamos al museo con mi amigo Nabor LU2HNV. Con quién nos proponíamos participar de ese inigualable fin de semana de radio y museos.
Unos días antes, habiéndome embarcado en la misma excursión que me permitió conocer el museo, hice una llegada al mismo para ver dónde colocaríamos las antenas. Como estaba cerrado y sin nadie que me librara el paso; recorrí por fuera el predio, buscando puntos que permitieran sostenes, anclajes y obviamente un lugar despejado para las antenas.
Por consiguiente, cuando descargamos todas las cosas, nos dirigimos a esos lugares ya avistados, para que Nabor diera su consentimiento y punto de vista. Orgulloso me cerciore que no me había equivocado en nada, porque mi amigo estuvo desde el primer momento contento y de acuerdo con la elección de los mismos; por mi realizada.
Pocos minutos después de desparramar en el parque las antenas y sus cabos de amarre; Nabor se subió al viejo molino como si un gato fuere. Desde lo alto, me gritó para que le sacara una foto para el recuerdo, porque argumentó que con sus años, muchas otras veces no podría hacer tal proeza. Luego de la instantánea, proseguimos con la instalación de las antenas.
Para cuando el sol alcanzaba el zenit y el reloj marcaba las 11:45 hs. Habíamos terminado de colocar todo lo que quisimos y pudimos. Una V invertida para 80 metros, y otra para 40 metros fueron amarradas a la estructura del molino; mediante un ingenioso método que permitía su orientación y manejo.
Desde la metálica atalaya, extendimos algunos cabos desde dónde pendimos una V invertida para 20 metros, que estaba casi encima del lugar en dónde instalaríamos nuestros equipos. Y aprovechando un eucaliptus gigante y el cerco perimetral de una mansión vecina; amarramos una multibanda para 10, 20, 15 y 40 metros; porque preveíamos o al menos queríamos hacerlo, tener todo preparado para afrontar cualquier apertura de DX.
Cargamos los petates que sobraron y raudamente abandonamos el museo, viajando hasta la vecina La Cumbre, en dónde el canal local Canal 11 La Cumbre TV. Nos esperaba para hacernos un reportaje en vistas al evento. Antes de partir, acordamos con Lisandro que el sábado a primera hora, estaríamos allí para iniciar las operaciones.
Una vez en el Canal 11. Jorge y Claudio nos atendieron de maravillas y pronto pusieron las cámaras prontas junto a sus micrófonos; para propalar toda la información vinculada al Fin de semana Internacional de los Museos 2011. Y como quién no quiere la cosa, la entrevista se extendió por espacio de unos 20 minutos.
No habíamos terminado de salir de canal, cuando mi celular crepitaba insistentemente. Era Doña Beba, mi madre, quién desde La Falda, nos increpaba porque se le pasaban los riñones al vino blanco, que primorosamente como siempre; había preparado para esa jornada. Le dimos gas, como decimos en Córdoba al viejo R 12 que me prestaron para la ocasión y en contados minutos, arribamos a casa. Desde la puerta de calle, ya se olía el aroma inigualable del manjar de la mama.
Dimos cuenta con Nabor de un par de platos de esos memorables riñones a la vez que le sacábamos el cuero a Beto LU7HA, que se perdió el plato de marras, porque recién llegaba a la noche, en vista a su participación en el evento. Luego nos enteraríamos que de todos modos, los riñones, son una de las dos cosas que el amigo no puede comer. Le caen mal y no le gusta.
Estábamos entretenidos con el café y la charla, cuando entro el mensaje de Beto que ya había salido desde su casa en Alta Gracia, con rumbo a Cosquín. Él pondría al aire junto con José Luis LU3AJL, el Museo de Piedras Preciosas Cámin Cosquín. Así que saludamos en casa y con algo de abrigo por si las moscas, partimos hacia el sur. Llegando a Cosquín en unos 25 minutos.
Como yo mismo me había encargado de los trámites de solicitudes y todo lo demás, solo bastó anunciarme en la puerta para que desde el interior, se diera la orden de que teníamos el acceso irrestricto a todo el predio. Así que junto al inefable Nabor, otra vez nos la emprendimos con una nueva instalación de antenas. Minutos después llegó Beto con su equipaje.
Lego de los saludos y abrazos de rigor, él también bajó sus equipos y juntos, terminamos la puesta a punto del antenamiento. Nabor y yo, habíamos comprometido nuestra colaboración, para que el equipo que se encargaría de la activación del Camin; no perdiera tiempo en sábado a la mañana. Dado que José Luis llegaría recién a eso de las 08:30 Hs., proveniente desde Bs. As. Si dejábamos que ellos colocaran sus antenas; no saldrían antes del mediodía, perdiendo así valiosos momentos de propagación.
Ya caía el sol, cuando cargamos todo en el auto de Beto y luego de tomar un riquísimo café con bizcochos de grasa, servido por Don Arturo Ferraretto (propietario a la sazón) partimos esta vez hacia el norte, en dirección a La Falda.
Dado que se nos había cortado un dipolo en la instalación, nos pusimos a construir uno con los materiales que yo tenía en casa. Cosa que dejamos terminada a eso de las 22:00 Hs. Acomodamos algunos equipos en sus cajas y preparamos todo lo que necesitaríamos para emprender el desafío al otro día.
Por sugerencia de mis amigos, esa noche, mamá no preparó cena, ellos invitarían pizza para compartir la cena entre amigos. No lo dudaron un minuto, cuando se propuso la idea, también se estableció el destino del llamado por Te. Kilimanjaro. La mejor pizzería de La Falda, ahora también con sucursal el Río 4º sería quién nos proveería la sabrosa e italiana cena.
Departimos café de por medio; hasta muy entrada la madrugada, charlando de cosas y temas disímiles. Cuando el sueño nos atrapó en sus brazos, José Luis nos había informado que estaba pasando por Campana; en tanto que Roberto y toda la troupe; acababan de llegar a Villa Carlos Paz.
La mañana del sábado, se presentó notablemente fría para lo que eran los días previos, pero el sol luminoso y un diáfano cielo, invitaban a ponerse en movimiento para la pseuda expedición. Cuando el reloj marcaba las 08:30 hs. Cada uno emprendió su camino en búsqueda del museo que le había tocado en suerte activar.
Faltando cinco minutos para las nueve de la mañana de ese sábado 21 de mayo, llegamos con Nabor al Museo de Motos y Bicicletas de Cruz Grande. Lisandro nos esperaba sonriente en la puerta, con el mate en la mano. Conectamos, luego de los saludos protocolares a su hermana Pilar; todos los equipos de transmisión y salimos al ruedo. O mejor dicho, al aire desde el MU 026H. Cuando eran las 09:55 Nabor realizaba el primer QSO con LU5DKH Cristian Gabriel, que llamaba desde Temperley.
Durante toda la mañana, se sucedieron los contactos casi en forma ininterrumpida. Salvando momentos de silencio general, uno tras otro, acumulamos los QSO, tanto Nabor como yo, dado que intercambiamos posiciones en el micrófono y el mate. Muchos amigos salieron a saludarnos y felicitarnos por la tremenda participación del Grupo ECO RADIO en ese evento, dado que de 22 museos en el aire, nuestro grupo, tenía participación en 13 de ellos. Todo un logro y el orgullo para la institución.
La cosa se puso tan amena, que nos olvidamos casi por completo de almorzar. Habíamos previsto buscar algo cerca del mediodía, como para tenernos en pié; porque deberíamos guardar lugar en el estómago para la noche, en la que otra vez, Doña Beba, nos agasajaría con alguna especialidad.
Muy enfrascados estábamos hablando con los colegas por radio o departiendo con Lisandro y los ocasionales visitantes del museo; que nos sorprendimos al ver llegar a Pilar con una enorme bandeja, llena de productos caseros que pretendían mitigar el hambre. Jamón serrano, quesos varios, pan casero, aceitunas preparadas, salame de la colonia, pickles y un largo etc. Componían la espectacular bandeja. Pilar viéndonos tan asombrados, nos manifestó que había más si necesitábamos. Solo debíamos pegar el grito. ¿Más? Dijimos con Nabor.
Agradeciendo el ofrecimiento y descartando el convite de bebidas, atacamos la bandeja y sus inmejorables productos, acompañando con unos buenos mates amargos. Luego vendría el café más rico que he tomado en mi vida.
Así, llegamos hasta la noche, hablando, sacando fotos, husmeando y regocijándonos con todo lo que atesoraba el museo. Una verdadera joya enclavada en las sierras.
Siendo las 20:57 Hs. Y luego de varias decenas de QSO, di por concluida la primera jornada; luego de haber concretado el comunicado con LU5ILA/I Leticia, que desde Misiones, también activaba un museo.
Con una niebla increíble y con el frío que ya se hacía difícil de soportar; emprendimos el viaje de regreso a casa. Donde una cena reparadora nos esperaba, para ser compartida entre varios amigos, que dirían presente a la reunión del Grupo ECO RADIO.
Luego de viajar muy despacio y con cuidado por el peligro que significaba la niebla en la ruta, llegamos a casa a eso de las 21:40 hs. Unos minutos después, arribaron Beto y José Luis y más tarde, Roberto LU7HBL y Gustavo LU3HZK. Éstos últimos provenientes desde Carlos Paz, del Museo de Tractores MU 123H.
Doña Beba, nos había preparado un suculento guiso de lentejas, con todo lo que podría llevar. Carne, chorizos colorados y panceta ahumada. Así que pronto nos reunimos todos en torno a la gran mesa. La cena fue como se esperaba, motivo de beneplácito y felicidad para todos, dado que siempre es grato verse y departir con los amigos. Pero también de charlas institucionales que sirvieron para seguir organizando el grupo.
A las 01:30 Hs. Y con muchas cosas resueltas, nos despedimos para descansar hasta el otro día. Roberto y Gustavo, volvieron a Carlos Paz en donde les esperaba LU5HML Martín. José Luis, Beto y Nabor, pernoctarían en casa.
Llamativamente, el domingo se presentó cálido y húmedo; aunque soleado. Yo me levanté como a las 07:00 hs. Casi en puntillas de pié, me afeité y preparé la mesa para el desayuno con amigos. 07:30 lo hizo José Luis que salió al parque y se quedó en remera mucho rato, respirando aire puro y regocijándose con las vitas de los cerros ya en un avanzado otoño. A los pocos minutos se le sumó Nabor, quién se había dado una ducha, porque quería salir bien por radio ¿Glup…?
Cuando Beto acabó su baño matinal, nos reunimos torta de por medio a desayunar y planear el último día de operación de éste fin de semana. Cuando sonaban las 08:45 hs. Partimos raudamente otra vez hacia los museos. Tanto Beto como José Luis, saludaron y agradecieron a mamá por la recepción, dado que no volverían por la noche. Cada uno emprendería el viaje de regreso a sus hogares, al igual que el equipo de Roberto en Carlos Paz. El lunes era día laborable.
Con dos pinchadas de neumáticos y todos los problemas que ello ocasiona; arribamos pasadas las 10:00 hs. A nuestro museo. Fuimos socorridos por Lisandro quién nos buscó con su auto a unos tres quilómetros y se encargó de llevar nuestro pochado neumático a la gomería de turno. Luego de dejarnos para que iniciáramos las operaciones.
La mañana también fue atareada durante las primeras horas, dado que varios amigos nos presentaron, vía radial a los dueños de los museos huéspedes, para que podamos departir con ellos. Cosa que nos sirvió a nosotros para invitar, tal como lo habíamos hecho en el día anterior a Lisandro, para que despuntara el vicio.
Resultó que Lisandro era un proverbial orador radial y sumado eso a su vasto conocimiento en la materia de motos y bicicletas; entretuvo a más de uno brindando explicaciones e invitando a conocer su museo. Obviamente desde el otro lado, no se quedaron mudos, ya que también había ansiosos por charlar y contar sobre sus pertenencias.
Si bien los contactos se sumaban, las condiciones no era de lo mejor, por lo que en este día no se hicieron muchos más contactos que los realizados en el día anterior. A media tarde, también olvidados del almuerzo, pese a que habíamos previsto una “asadaso cordobés” del que desistimos porque nos robaría mucho tiempo; otra vez Pilar llegó con ese brebaje mágico que solo ella puede hacer. Un café que nos dejó asombrados. Había insistido varias veces en repetir la picada, porque no consideraba oportuno que estemos sin comer nada. Le hicimos entender que las famosas medialunas de la 707; que por cierto habían sobrado de la mañana anterior, nos venían de diez y por ende no habría dramas. Además, aún teníamos la carga de energías de la noche anterior, con las lentejas. Esas que la Beba había dicho. Al que le gusta las come, el que no, las deja!!!
LU4HDG Roberto, fue el último contacto que realice a las 18:44 hs. De aquel domingo. Las condiciones como dije, ya no daban para más por lo tanto no se justificaba seguir en el aire y perder la luz diurna para desarmar el antenamiento. Luego de desarmar las estaciones que habíamos utilizado ese fin de semana, un TS 450 S de Nabor y mi IC 706 MKII nos aprontamos a bajar las antenas, amparados por los tenues rayos de sol que aún se dejaban ver.
Sin mucho preámbulo y con lágrimas en los ojos, Lisandro nos invitó a tomar otro café en la hermosa Posada del Museo, lindera al lugar donde pasamos muchos hermosos momentos y para despedirse, nos regaló sendos recuerdos. A Nabor una remera con el logo oficial y la inscripción del Museo de Motos y Bicicletas de Cruz Grande y a mí, por motivos más que obvios una Gorra ídem. No pude hacerme de la remera, porque mi talle no es todo lo normal que yo quisiera., Pero será en la próxima visita, porque de seguro habrá otra.
Así, sin gloria, pero contentos y agradecidos, nos estrechamos en un postrer abrazo con este nuevo amigo; Lisando Benzi y respetuosamente le dimos un besote enorme a Pilar. Y bajo el estridente sonar de la bocina, partimos seguros de la misión había sido cumplida. Unos 225 QSO así lo atestiguan.
Era la primera vez que participaba con Nabor codo a codo en una expedición, y la experiencia fue más que satisfactoria. Su bonhomía, su calidad de persona y la complicidad en todo lo que se hace, en beneficio de la radio; hizo que pasara una agradable fin de semana, despuntando el vicio de hacer radio y representando mi amado Grupo ECO RADIO.


En la ciudad de La Falda, a los 27 días del mes de Junio de 2011-06-27

Héctor Oscar Cousillas
LU3HKA

miércoles, 25 de mayo de 2011

Homenaje a MI ABUELO ANGEL PASTURENSI. Hacedor de lo mucho o poco que soy


Aquella mañana del 25 de mayo de 1972, se había presentado notablemente luminosa y con un diáfano cielo; no muy común para esa época del año, en el sur del conurbano bonaerense.
Cuando mi madre, Beba, ingresó a la pieza para llamarme, llevaba yo unos cuantos minutos despierto remoloneando en la cama. SI bien era un día patrio y yo asistía a la escuela cursando el 4º grado, ese día en particular no teníamos actividad. La comisión de padres, cosa ya casi perdida en los establecimientos educacionales de nuestro país, ocuparía toda la jornada para instalar el nuevo sistema de calefacción. Por lo que el acto oficial se había realizado el día ppdo.
Aquel 25 de mayo, mi abuelo Ángel me había invitado a acompañarlo a un “Asado Patriótico”, que se desarrollaría en la flamante sede de la Sociedad de Fomento Lomas de Godoy, en la ciudad de Berazategui. Nuestro barrio, nuestra ciudad.
El abuelo, viejo gaucho si los hubo, había aceptado la invitación de uno de sus múltiples amigos, que a la sazón, eran parte de la comisión directiva del mencionado centro. Don Ángel, como le llamaban todos en el barrio, ya casi no podía desplazarse por sus propios medio, y cada paso provocaba en él dolores muy profundos, que si bien los aguantaba con gallardía, minaban sus ganas y voluntad de participación. Pero ese día, era especial me había dicho unas cuantas jornadas antes, cuando con mi abuela Elida hicieron efectiva la invitación. El 25 cumple años la patria! Y debía ser cierto, porque hasta lo que yo sé, mi abuelo no mentía. Es más el programa que ellos escuchan todas las noches, Un alto en la huella, también había dicho lo mismo. ¡El cumpleaños de la patria!
Solo le bastó a mamá decir Hetitorrrrrr!!! Son las 08:30 Hs. Para que yo saliera de la cama y me acicalara primorosamente en el baño de la pequeña vivienda, a solo una cuadra del lugar de encuentro patriótico.
Como era de esperar, no podía salir de la casa, y hablo del edificio, no del terreno, sin antes desayunar convenientemente. Mamá sostiene aún hoy, que el desayuno es la comida más importante del día. Pocos minutos demoré en dar cuenta del Toddy y el pan con manteca y dulce de higos, que diariamente acompañaba mí salida a la escuela. Terminado el tazón y habiendo deglutido algo más de la cuenta, me esperaba otra tarea que era cotidiana y metódica, tanto para mi madre como para papá. Limpiar y dar de comer a unas 22 aves que cada una en sus jaulitas esperaban ansiosos disfrutar del nuevo día. Mirlos, cardenales, federales, jilgueros, canarios, cabecitas negras, mixtos, etc. Se amontonaban en el inmenso galpón, al caer la tarde, para volver a sacarlos muy temprano por la mañana.
Además, terminada la faena de las jaulas, todavía quedaban cuatro jaulones de 1,5 x 2 x 3 metros, que guardaban varias centenas más de otras especies. Venerado tesoro del viejo, que pasaba horas en su compañía.
Ese día, mi viejo estaba de franco, por lo que ya tenía unas cuantas jaulas aseadas cuando me presenté en el galpón todito preparado para asistirlo. En pocos minutos quedaron todas las jaulas colgadas en torno al patio y terminada la labor; también en la pajarera.
Luego de una corrida a la esquina, al almacén de Doña Lucía; donde comprábamos el pan, me podría poner en marcha a la casa del abuelo. Para ello, pese a que la misma estaba a solo cuatro cuadras de distancia, había yo lavado y embanderado mi “bici” el día anterior, luego de hacer las tareas de la escuela. La ocasión ameritaba ese detalle de higiene.
Papá estaba preparando ya en el fondo sus palitos para encender el fuego, en el que cocinaría su especialidad, pollos a la parrilla. Así que luego de sacar la bici al patio, ingresé a la cocina en búsqueda de mamá; que tenía secretamente algo preparado para mí. Pasó un rato largo con las recomendaciones de rigor, y luego se escabulló al comedor abriendo a la pasada la puerta del frente. Yo, disimuladamente fui hasta el fondo, me despedí del viejo y monté en la bici, aún dentro de casa (cosa que por cierto, fastidiaba a mi padre).
Cuando llegué a la puerta del frente, en la calle, mi mamá salió subrepticiamente del comedor y me puso en manos una botella de Ginebra Bols, primorosamente envuelta con papel de estraza. Era el regalo para mi padrino Raúl, que ese día cumplía años. Pero dado a que las relaciones con mi padre no eran buenas, todo estaba cubierto de un marco de inaudito secreto. Si el Chule (mi viejo) se llegaba a enterar, se armaba la gorda. Tanto mamá como yo, pasaríamos por el cadalso. Típico problemas familiares en los que los chicos, pagan el mayor precio.
Partí raudamente dejándome llevar por la pendiente de la calle Parrillo, rumbo a la Paso. Allí, doblaría a la izquierda y entonces estaría lejos de la mirada escudriñadora del viejo. Libre pues para colocar la botella en el portaequipaje y así disfrutar de la mañana fresca y el viento que movería, como yo quería; la banderita Argentina colocada en un muy prolijo mástil y la decena de cintas albicelestes que pendían de la empuñadura del manubrio, regalo de la abuela Elida por mis buenas notas.
Solo pasaron unos pocos minutos, a lo sumo tres, para que llegara a la casa del tío. Pero en el camino quedaron mi felicidad, el orgullo y la argentinidad que podía yo manifestar orondo con mi engalanada bicicleta. Ah!! Me olvidaba, también quedaban como diez saludos de los vecinos que me cruzaron y con los cuales guardaba un recíproco respeto y cariño. Chau Don Querejeta, hola Don Juan; buen día Mary, como le va Doña Antonia, chau Donato. Etc. Etc. Sin olvidar el saludo de rutina al perro del barrio, Pichi, que tenía más de humano que de can. Y que nunca supimos porque; había aprendido a desperezarse como los vecinos, debajo del árbol y en la vereda, mientras saludaba con su movediza cola a quienes le daban los buenos días. Claro que también Pichi sabía además “rascarse“ a lo largo de la pared del frente de su casa; primero para el norte, apoyando su lado izquierdo y luego, volviendo, hacia el sur, con su lado derecho.
Aún no me había bajado de mi móvil “tuneado” cuando Capitán, el ovejero alemán de mis tíos, llegó a recibirme. Ladraba, jadeaba, corría y me saltaba; todo eso para demostrar el amor que me tenía. Dejé la engalanada bici delante de la cocina, apoyada en la tupidísima hiedra, que cubría todo el amplio patio de la casa. Quería que mis tíos y la abuela Socorro, la vieran y me dijeran algo.
Cuando entré a la cocina, ya el calentador Primus, tenía a la pava, bramando de alegría. La abuela “Cocoio” Socorro, me recibió con su inigualable mate de leche. Y la tía Pochi, trajinaba con un súper estofado de conejo. Bueno, en realidad, con las verduras del mismo, porque el animalito aún correteaba en el fondo, escapando de mi tío.
Luego de los saludos de rigor y las preguntas y respuestas de rutina, con la botella en la mano, me encaminé para el gallinero. Que dicho sea, era más un zoológico que un gallinero. Porque el tío Raúl poseía ahí más de una especie animal. Gallinas, conejos, pavos, patos, un chancho, pollos, etc. Correteaban entre las alambradas y otros, orondos, se bañaban en el muy limpio estanque artificial. Que además, estaba en sus orillas, totalmente poblado de un riquísimo berro. Ese que mi viejo comía engañado por mi vieja, que decía lo había comprado del Turi (el verdulero gordo del barrio) pero que en realidad se lo enviaba su hermana por medio de mi abuela. Todo una trama de Hollywood.
Cuando me vio, se dirigió hacia la puerta de ingreso al zoo, ya con un conejo gris, pendiendo de sus manos. Era muy certero él en la cacería y mucho más en las tareas de “asesinato”; la presa no sufría ni se daba cuenta de su triste final,
¿Que anda haciendo sobrino? Dijo, queriendo disimular su alegría, cosa que le salía y salió siempre mal. Vengo a saludarte por el cumpleaños, atiné a decir, atónito por el tamaño del conejo gris.
Decime tío, este es el que me gustaba a mí cuando era chiquito. Si, ¿viste como creció? Fue su única respuesta, a la vez que ponía el pasador y gritaba a Capitán que deje de husmear el conejo ya fallecido!!!
Toma tío, que la disfrutes, dije a la vez que lo abordaba con un beso y un fortísimo abrazo y le daba la botella aún envuelta; pero que a todas luces se manifestaba como única en su tipo. Oh!!! Qué buena. Gracias espetó también manifestando asombro, cosa que tampoco podía disimular.
Quédate a comer, me invitó como queriendo pasar por alto los problemas familiares en los que estaba inmerso. La tía prepara el conejo. Él sabía que la respuesta era obvia, pero siempre tenía la invitación a flor de boca para su sobrino. No tío, tengo que ir al asado en la sociedad de fomento con los abuelos. Fue la noble y real respuesta que se me ocurrió en ese momento.
Ah! Claro me dijo la Elida!! Bueno, entonces, venite con los viejos (mis abuelos) a la noche que hago el asado. Trataré pues de estar, mañana no tengo clases. Si, vení así armamos el truco y les ganamos.
Para esos momentos estábamos ya en la cocina y las mujeres rompieron en elogios para con mi bici. El tío no fue menos y también sumó lo suyo.
Como escuché el llanto de mi primito en la pieza, me llegué a verle en su cuna, a la vez que daba cuenta de otro mate de leche.
Dando los besos y saludos que la oportunidad imponía, monté en la bici y corriendo carreras con Capitán me dirigí a la puerta, donde ya estaba el tío saludando y recibiendo saludos de sus vecinos. Nos vemos dije y tomé por la vereda de ladillos rumbo a lo de los abuelos. Grité sobre el hombro derecho ¡Hola Chury! Una de la vecinas más buenas que he conocido.
Chau Edel!!!, grité a la pasada a otra vecina, que compartía con mi tía el puesto honorífico. Hola ¡Juanca! espeté al hijo que también estaba en la tarea de engalanar su bicicleta con banderitas. Al doblar la esquina, casi atropello a mi abuela Elida, que temprano como era su costumbre, concurría a saludar a su yerno. Eeehhh!!! Grito, mira si rompes el regalo del tío. Qué no era otra cosa, que otra botella, en este caso de coñac Tres Plumas. Anda “a las casas” que está el abuelo solo me indicó luego del gran beso. Y solo un minuto después hacía chirriar los frenos en la casa del abuelo.
El abuelo Ángel, era para mí y me enorgullece que aún lo sea, el ejemplo de vida, de trabajo, de gaucho, de asador, de amigo y por sobre todas las cosas, de bombero voluntario. Estaba él sentado en el porche de su casa, con las botamangas de su pantalón remangadas hasta las blancas rodillas. El sol, le pegaba con ganas en esa parte del cuerpo, y él se restregaba con ambas manos, una y otra vez, como queriendo aliviar el dolor de su avanzada artrosis. Según los médicos, producto de las semanas que se había pasado con las aguas hasta la rodilla, rescatando gente, cuando las inundaciones azolaban la ciudad; que recién despertaba.
Pelé, su gato negro y mal llevado, estaba a su lado ocupando un triángulo de sol, que alumbraba una baldosa también negra. Si no lo hubiera conocido, bien pudiera decirse que era la encarnación de esos gatos raros que tenían los reyes egipcios en sus tumbas, y que yo había visto en los libros. Pese a que conmigo no tenía lo que se dice onda, Pelé movía la cola al verme y cuando se le cantaba, se acercaba a refregarse en mis piernas, como para dejar su olor. Cosa que a Roli, mi perro, volvía loco de remate.
El abuelo me recibió con un mate amargo, cimarrón, como le gustaba identificarlo gauchescamente, a la vez que prorrumpía en las preguntas propias de todo abuelo que se precie. ¿Cómo anda la escuela?, tu papá, tu mamá, el Rubito (Rubén, mi hermano) y un larguísimo etc. También se hizo tiempo para elogiar mi bicicleta y pedirme que la entrara al fondo. Cosa que hice sin chistar, volviendo para sentarme junto a él, para saludar a tantos vecinos como los que tenía el barrio, que a esa hora pululaban de un lado a otro. Y seguir con el mate.
Intercambiamos ambos, comentarios sobre los tíos, sobre el acto del colegio y otras cosas propias de charlas “abueriles”, además tratamos concienzudamente como manejaríamos la invitación al asado del tío. Eso era una Misión Imposible, que requería mucha preparación y audacia.
Convenimos que lo mejor era hacer partícipe a mamá, para que yo pudiera conservar las orejas pegadas al cuerpo. La negra (apodo que le daba el abuelo a mamá) no tiene problemas. Pero ya sabes cómo es el Chule (apodo dado desde niño a mi padre). Avísale y digan que te quedas esta noche en casa.
Poco rato después, llego acompañada de una vecina la abuela. Se saludaron, ésta saludo al abuelo en italiano y luego siguió rumbo. Era la señora de la esquina, la Italiana de los Zapatos Grandes, una viuda que había perdido al marido y que seguía usando su calzado hasta el mismo día de su muerte.
La abuela, tal como era su costumbre, volvió a repetir lo mismo que me había dicho en la esquina, un rato antes, también pregunto por la flia. Y obviamente, quiso saber si contaba yo con el permiso de mi padre para ir con ellos al asado. Así de jodido era el Chule!!!
Seguimos con la tertulia con el abuelo, mientras el sol calentaba sus dañadas piernas, y para cuando en el barrio ya se imponía el olorcito a asado de los vecinos, la abuela llegó con un plato de queso, salame y pan. Era éste el tentempié que permitiría al abuelo, cruzar el umbral del mediodía. Ya eran casi las 11:30 hs. Y de común, el se estaría lavando las manos para almorzar. Cosas del campo ¿vio?
Dimos cuenta del plato y regamos todo con uno sorbos de vino tinto que tomamos de la vieja bota gallega, que un amigo, Don Luis Martínez, le había traído de la madre patria. El abuelo me dejaba siempre cometer esos deslices, porque decía que el hombre debe probar de todo, pero no pasarse. Claro que el omnipresente Chule, no tenía la misma opinión, pero se la aguantaba.
Cuando ya el zenit marcaba las 12 del mediodía, y luego de recargarla bota, partimos para el centro vecinal. Solo eran tres cuadras y media; pero nos demoraríamos como una media hora, dado que el abuelo no caminaba casi. Yo portaba la silla de paja, pulcramente blanqueada a la lavandina (aún la conservo en mi pieza como recuerdo) que la abuela había preparado días antes. El abuelo caminaba muy despacio con sus muletas y la abuela, cargaba la bolsita de los mandados con lo cubiertos para los tres y, obviamente, la bota de vino.
Cada más o menos una cuadra, el abuelo hacía un alto en la huella, para sentarse unos minutos en su silla, como para descansar las piernas. Luego reiniciábamos el viaje. Así con varias paradas fuimos llegando.
Desde lo bajo (la sociedad de fomento estaba en una loma muy empinada) (de ahí el nombre) se podía percatar uno del jolgorio que se estaba armando. La música folklórica, y los chicos correteando daban una idea de que nos encontraríamos. Ya cerca, a escasos metros del portón, el humo del asado, ponía de manifiesto que de comer abría y mucho. Y entre medio de los niños, el humo y la música, pude ver a varios asadores, puñal en la cintura, que dando cuenta de unos vasos de vino, charlaban animadamente.
Cuando llegamos al predio, el silencio se hizo sepulcral entre la muchedumbre asistente, mientras que en los altavoces se escuchaba el gato del veinticinco. …el sol del veinticinco, viene asomando, el sol del veinticinco viene asomando, y su luz en el plata, va reflejando…
Pronto y con absoluta calma, respeto, honor y dicha; el speaker anunció a los presentes la llegada de Don Ángel. Les pido dijo, un minuto de su atención. Quiero que todos los presentes se unan a mí en un aplauso mayúsculo, para recibir a un gran amigo y al vecino que todos sabemos, muchas veces nos dio una mano. Señoras y señores, recibamos a Don Ángel Pasturensi, vecino, bombero y mejor amigo.
El abuelo había tomado esa postura que muchas veces yo le había envidiado en sus fotos con uniforme, pretendía olvidarse del los dolores y caminada erguido y solemne. La abuela repetía angelito, mira lo que dicen de vos!! Y yo, sin creer lo que oía y veía, solo pude sonreír, cada vez que los vecinos me acariciaban la cabeza o daban palmaditas en la espalda. Ahhh! Que nieto éste, siempre al lado de su abuelo.
Desde dentro del recién pintado salón apareció sonriente Don Bianchi, un acaudalado vecino, presidente el de la comisión y a la vez, el oficiante de speaker.
Bienvenido Ángel. Gracias por aceptar la invitación. Pase aquí le tenemos preparado su lugar.
Nunca terminé de entender bien ese respeto que se tenían ambos, luego de tantos años de vecinos y amistad, aún se trataban de UD.
Nos sentamos y la gente inició un peregrinar incesante por nuestro lugarcito, cerca de la puerta. Todos nos conocíamos, todos querían saludar al abuelo y la abuela. Todos les tenían afecto y aprecio.
No recuerdo del asado o como estaba de rico, si que comí como un león hambriento junto a mis amados abuelos. Tomamos vino de la bota y como postre, deglutimos varios pastelitos de dulce de batata, cubiertos de almíbar.
Ya a los postres, el improvisado pero a la vez seguro speaker, anunció que el ballet de no sé quién, nos brindaría algunas danzas patrióticas para engalanar la velada. Pronto se escucharon los acordes de zambas, chacareras, gatos, escondidos, huellas, cuecas y no sé qué cantidad de otras danzas. Los jóvenes bailarines prolijamente ataviados con pilchas gauchas, demostraban mucho nivel, y aún mucho más amor por lo que hacían. Mis abuelos miraban absortos desde la ventana abierta, mientras yo, en complicidad con otros vecinitos, me acerqué a la improvisada pista de baile.
Los jóvenes, parecían no cansarse nunca y cada danza los encontraba en perfecta armonía y preparación. Giros, vueltas, palmas, castañetas, pañuelos, todo estaba bien coordinado y realizado en perfecta cronología. La gente aplaudía y algún vecino ya algo tomado, daba vítores o gritaba VIVA la PATRIA!!! A lo que todos respondían VIIIIIIIIIIIVA!!!!!!
Cuando me corrí para ver mejor, pasé muy cerca de la parrilla, en donde los asadores, estaban enfrascados en un gran partido de truco, mientras saciaban su sed con los helados vasos de vino. En la cercanía, un padre regañaba a su hijito porque lloraba, a la vez que su abuelo le consolaba con un helado que escondía en su mano.
Así, poco a poco, rodee la pista y quedé de espaldas a la calle Rosende, que por ese entonces junto con otras cuatro, recordaba con su nombre a tres valientes bomberos, muertos en cumplimiento del deber, a los que mi abuelo, tuvo que reconocer en la morgue, aquél aciago día en que la bola de fuego, les sorprendió en esa estación de servicio de Florencio Varela. Sus nombres eran Ramos, Parrillo (mi calle), Rosende y Antongñoli.
Desde esa posición, podía yo ver al abuelo sonriente, mirar por la ventana y disfrutar casi con los ojos llorosos. De pronto, otro vecino se acercó y le habló al oído. El abuelo lo miró y con los ojos grandes y sus bigotes exaltados, movió la cabeza negativamente. Don Zurita, el peluquero del barrio, ese que me vendía los chocolatines Jack y los horribles cigarrillos 43/70 de mi papá; en su quiosco, anexado a la pulcra peluquería, algo le decía al abuelo y éste se negaba.
Ver negarse al abuelo a algo, me resultaba por demás raro, así que entre todos los espectadores me fui corriendo hasta llegarme donde él. ¿Qué hablaba Don Zurita con mi abuelo? Disimuladamente me arrimé, con la escusa de hacerme de un sorbo de Coca. Dale Ángel, vos podes, revivamos esas cosas que llevamos dentro. Oí que el amigo, vecino, peluquero y ex policía le decía.
No, yo no puedo, no me dan las piernas, no tengo la fuerza ni el equilibrio, dio el abuelo mientras aspiraba una bocanada interminable de su apestoso Particulares 30. Color verde.
¡Cómo que no! Si es cortito, dale anímate. Volvió a decirle Don Zurita.
Para entonces la abuela se sumó a la charla, dejando para después su último pastelito. Dale Angelito, ¡dale!
¿Qué cosa tenía que dar mi abuelo? Era para ese momento la duda de estado que ocupaba mi mente y espíritu.
Al fin dijo… está bien, pero hasta donde pueda. Ni un paso más, si me caigo me mato.
Don Zurita reía socarronamente y restregando las manos, se dirigió a hablar con su vecino, amigo y además, el presidente. Algo le dijo al oído a lo que éste le respondió con ojos muy grandes y la boca abierta. Mientras movía la cabeza, también negativamente como el abuelo y se reía a todo pulmón.
¿Qué pasa abuelo? Dije pensando en que mi amado abuelo, sería confidente conmigo. Nada, fue su respuesta escuálida y casi indiferente.
Mire a la abuela esperando complacencia de ella, pero la risa la embargaba y tampoco dijo palabra. Solo me agarró de la mano y tras ella me sacó para afuera.

Quédate aquí, y espera ¡lástima que nos están las chicas! (mamá y la tía, obviamente). Hablo con otras vecinas y todas se alborotaron.
Aclarando la voz como quién quiere llamar la atención, Don Bianchi, el speaker, pidió la atención de todos los presentes, que por ese entonces aplaudían a rabiar al ballet que había terminado su actuación de momento.
Atención, atención a todos. Le quiero contar algo, escuchen. El ballet, va a bailar otra pieza más, como cierre del espectáculo; pero ahora debe cambiarse de ropa. Mientras tanto, vamos a deleitarnos con un espectáculo que no estaba en los planes de la comisión, ni de los audaces que se animarán a el.
Hace muchos años, aquí nomás, en la quinta de los Godoy, allá en el ombú grande, estos días patrios se festejaban a lo grande, tal como lo hacemos ahora. Por ese entonces, algunos jóvenes del barrio y otros no tanto, bajo la tutela de un conocido vecino, se animaban a dar sus primeros pasos en la danza folklórica. No eran lo que se dice un ballet, sino un grupo de buenos amigos, vecinos que dirigidos por Don Zurita, nos entretenían cada tanto bailando nuestras danzas. Hoy, aquí, en la sociedad de fomento están algunos de éstos amigos y vecinos y rememorando esos hermosos días, han de dejarnos unas danzas para el recuerdo.
Por favor recibamos con un aplauso gigante a: …., a …, a …, a…, a Don Ángel Pasturensi, a…, todos ellos dirigidos por el antiguo profesor Don Zurita.
Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee????? Dije yo casi horrorizado. ¿Mi abuelo bailando? ¿Está loco o tomó mucho?
Mi abuela reía y las vecinas le daban de palmas en su espalda.
Los vecinos se arremolinaron en torno de la pista y el aplauso atronó todo el barrio. Como será el estrépito, que los beodos asadores interrumpieron la partida de truco, para ponerse la boina y también acercarse a la pista.
En medio de tanto ruido, unos ocho vecinos, de los que lamentablemente no recuerdo hoy sus nombres, salieron unos tras otro tomados de la mano con su pareja. Más o menos por la mitad, apareció mi abuelo y el estrépito volvió a ser ensordecedor. Cojeando, casi sin poder dar dos pasos seguidos, ahí estaba el abuelo, mi abuelo, sonriendo y a la vez serio.
No recuerdo que bailaron o si acaso lo hicieron bien. Tanto era el entusiasmo que tampoco importaba de seguro a los presentes. Solo sé que casi no pude verle, porque uno tras otro sus vecinos se movían de un lado a otro para enfocar mejor en sus retinas a esos viejos que bailaban.
Entre tanto barullo, la abuela me asió del brazo y llorando me dijo que le alcanzara la silla al abuelo, por lo que corrí presto al salón, en contra a lo que hacían las mujeres de la comisión de damas, que preparaban ya la rifa pro jardín de infantes, cortando tortas donadas. Y dejando todo por terminar presurosas querían ver el espectáculo.
No debo haber tardado más de dos minutos en volver, pero mi abuelo estaba ahí, parado sostenido por varios vecinos que le sonreían y aplaudían al unísono. Bravo Don Ángel, otra Angelito, era lo que pude escuchar.
Acariciándome la cabeza y lloroso (y que conste que fue la única vez que le vi lágrimas) el abuelo, mi abuelo agarró la silla y se sentó para poder ver el final de la actuación de sus viejos compañeros.
Luego cuando lo estridente del aplauso, dio lugar a la música del Pericón Nacional, con que el ballet se despediría; Don Zurita se acercó a mi abuelo y ambos rompieron sus pechos en un fortísimo abrazo.
Han pasado ya treinta y ocho años, y sin embargo, recuerdo vívidamente ese momento. Mi abuelo nos abandonó terrenalmente el dos de junio de 1977; justo el día del Bombero Voluntario. Su día. Posteriormente también sería mi día. Pero esa experiencia me marcaría de por vida.
Terminada que fue la patriótica jornada, los saludos y el mate ocuparon su lugar. Cuando ya la tarde daba paso a los primeros reflejos rojizos del atardecer, nos fuimos para …las casas… como decía el abuelo.
Mi abuela y yo, caminamos barranca a bajo, acompañadas por las vecinas más afines. El abuelo, fue conducido prestamente por su amigo y vecino Don Bianchi en ese auto que a todos dejaba maravillados. Un Chevrolet 400 de color beige claro, casi amarillo, con techo vinílico negro.
Las chismosas vecinas, no me dieron, sino hasta que llegamos a la esquina de Don De Filippo, la oportunidad de hablar con la abuela. Y ésta, aún radiante, solo me pudo decir ¿viste que lindo bailo Angelito?
Lindo, lindo, noooooooooooooo hermoso dije, a la vez que pateaba una latita de tomate que la semana anterior había marcado el arco en un improvisado partido de futbol, en el campito cuadrado de la esquina.
Encontrarme con mi abuelo en la casa, fue algo hermoso. Él como si cualquier cosa, solo se preocupó por poner el agua para el mate, y pedirme que lo aprontara. Yo tenía miles de preguntas que hacerle, pero parecía que a él eso no le importaba. Con sus muletas caminó hacia el baño y cerró la puerta, la abuela colocó la lechera sobre otra hornalla y puso a hervir su leche. Pelé el gato negro azabache, ronroneaba en la ventana pidiendo su bofe.
Confundido y esperanzado, preparé el calabacita negro para los amargos. Me senté en la mesa y solo atiné a esperar.
Pasó un largo rato, hasta que el abuelo salió del baño y pesadamente se sentó conmigo en la punta de la mesa. Mientras le alcanzaba el mate, le espeté. Abu, ¿vos bailas? No, fue la respuesta, bailaba hace mucho, cuando tu mamá ni siquiera estaba de novio.
Ah! decile que las chicas también bailaban, decile, gritó la abuela desde la cocina, casi atragantada comiendo su marroco de pan, mojado en la leche, blanca cual nieve.
Si, la negra, la Pochi (mamá y la tía) y yo hace mucho bailábamos con Zurita. Estaba también el chico Garay, Vicente De Filippo, y otros (que no recuerdo yo, en este momento) era algo lindo, solo para esas fiestas que se hacían en el ombú, nada serio, pero era lindo, vaya si era lindo.
Espérate, gritó la abuela que por ese entonces, estaba en la gran pileta de lavar la ropa, cortando el bofe para Pelé.
Dejó al gato pagando y salió para la pieza de las chicas (mamá y la tía) y desde ahí vino con una foto casi sepia que me puso ante la nariz. Ahí las tenes. También está el abuelo.
La foto en cuestión, mostraba a tres parejas finamente ataviadas, las mujeres de blanco, los hombres de negro, sentados solemnemente en una de las grandísimas raíces del viejo ombú, del que hice mención. Este árbol, en el cual yo jugué varias veces, había sido testigo de muchas historias, una de ellas, involucraba a gran parte de mi familia. Y porque no decirlo, signaría mi destino de artista.
No sé de qué más hablamos esa tardecita, solo recuerdo que en medio de la charla, una bocina rompió el apacible y ameno hablar de mi abuelo. Era el tío Toto, hermano de mi padrino, que venía en su Fiat 600 a buscarle al abuelo, para llevarlo al asado. Yo le decía tío, solo por respeto y creo que use esa palabra muy pocas veces, porque era tan afable, tan bueno y cariñoso que le cabía mejor, solo Toto.
Así partieron el Toto con mi abuelo, mientras la abuela cerraba la casa, y yo subía a la bici nuevamente para ir a pedir permiso a casa, para quedarme esa noche de los abuelos. Claro que previamente había guiñado el ojo a mamá, sumándola al contubernio que garantizaba mi cena en lo del padrino.
Ni bien se dijeron las palabras mágicas; si anda, salí corriendo de casa para volar como loco calle abajo, hacia la casa de la tía Pochi.
Cuando llegué, la cosa estaba empezando. En el fondo el tío Raúl, mi primo Emilio, el Toto y Don Ferrari, daban cuenta a una morcilla fría. El abuelo sentado en una silla jugueteaba con su flamante bisnieta, mientras en la cocina todo era risa y chismes.
Pasé como una tromba por al lado de otros parientes y me planté frente a mi tía. Ella se reía con los cachetes colorados y abrazándome me dijo, casi preguntando ¿así que viste bailar al abuelo?
Solo pude decir si, cuando ella había desaparecido.
Le seguí de cerca, hasta la verdadera cocina, un techado a solo metros de la casa, donde estaba la Volcán. Una hermosa obra de ingeniería; que engullendo querosene, generaba más calor que el quinto fuego del averno. En ese pequeño reducto, sin puerta, sin comodidades, mi tía tenía sus cosas para hacer buena comida. La cocina, o mejor dicho el lugar físico que tenía la casa para tal fin, casi no se usaba para esos menesteres. Las más de las veces, mi primo ocupaba el espacio, con su moisés o la abuela Socorro con su cosas. Solo el crudo invierno cobijaba las cacerolas ahí, cerca del comedor.
Esa cocina verde, con varios mecheros, está presente en mí a cada momento. Es una de las cosas que me acompañaran de por vida, como un callo en mi corazón.
La tía había llevado una gran olla llena de papas peladas y agua. Era para hacer la famosa ensalada de papas y huevos duros, que yo anhelaba. La puso sobre una larga llama y secándose las manos en el delantal, me agarró de la mano tirando de mí hasta su pieza.
De una desvencijada caja de cartón, símil cuero, extrajo una foto, también sepia. Mira, me dijo, esa soy yo, esa la negra, éste es el abuelo y este es. Si ya se, le interrumpí el de Garay…
¿Cómo sabes eso vos? Me inquirió.
Porque la abuela me mostró la misma foto recién en la casa.
Al parecer, ese era un tesoro que yo no había conocido, pero de alto valor en la familia. Y tan valioso era, que al otro día mi madre también me mostró la misma imagen.
La reunión de cumpleaños transcurrió como era de esperar, de la mejor manera, se comió, se bebió y obviamente jugamos al truco. Deporte si se quiere, predilecto de mis padrinos y sus ocasionales invitados.
Toda la velada había yo estado pensando en esos pocos pasos de danza que había visto dar a mi abuelo esa tarde y no podía sacarlos de mi cabeza. Había en todo eso algo más profundo que un simple baile. Creo que se trataba de argentinidad y amor por lo nuestro.
Ese día, aquel niño que fui, decidió que en el futuro bailaría. No sabía cómo, ni donde ni con quién; pero bailaría como mi abuelo.
Pasaron más años de los que esperaba, pero las cosas de la vida me llevaron por otros rumbos y actividades que me mantuvieron lejos de la danza folklórica; si bien siempre fui un agraciado para todo tipo de baile.
Cierto día, ya rondando el 82, en una tarde de lluvia y mate en la casa de mi amigo Omar Walter Fernández, salió el tema de las danzas y los bailes de nuestra tierra. Omar, el Flaco, era a la sazón, profesor de danzas pero no ejercía. Estábamos reunidos matando las horas libres del cole, con un nutrido grupo de compañeros. Nadie sabía de danzas ni gustaba de ellas, no siendo yo.
El Flaco, no dudó y me dijo que podía enseñarnos a todos lo más rudimental, en pocos minutos y como no puede ser de otra manera; aquella turba de jovenzuelos, aceptamos el desafío.
Corrimos en un santiamén los sillones de Doña Teresa y pronto el living se convirtió en una pista hecha y derecha. Mientras Los Chalchaleros, Los Cantores del Alba y Los Hermanos Abalos nos dedicaban su música desde el disco de vinilo, nosotros hacíamos los primeros amagues para convertirnos en émulos del Chúcaro.
Nunca podré olvidarme lo feliz que estaba en haber aprendido esos pasos, en bailar por primera vez un gato, una chacarera. Eso era el acabose y nosotros, porque todos estábamos emocionados; no podíamos creer que fuera tan fácil.
Otra vez la vida y los años, hicieron que todo cayera en el olvido y otras actividades se cruzaran en mi rumbo. Nuevamente muchos años pasaron hasta que llegó el gran día en que me incorporé a las filas del Ballet José Hernández de mi ciudad y pude; ahora sí. Despuntar el tan ansiado vicio de bailar.
De eso, hablaré otro día, pero solo voy a agregar para cumplir con este relato, que la danza me llevó a Cuba, a Chile y Perú. Y a mi ballet, a demás a España, Suiza, Italia y Francia. Que no es poca cosa si pensamos en la poca importancia que tiene nuestra cultura en el país.
De bailarían a radioaficionado, de radioaficionado a afecto a las narraciones. Lo cierto es que mi amado abuelo Angel Pasturensi; el viejo bueno, el hombre agradable, cariñoso, bombero voluntario, plomero y bicicletero. Se merecía este reconocimiento de mi parte.
Solo he pedido a Dios, que le haya permitido a él, verme lucir mi gallardo uniforme de Bombero Voluntario y que allá lejos en lo alto del cielo; también pudiera marcar el ritmo con sus atormentadas piernas, cuando una zamba, una jota o una chacarera me hacía bailar en los más diversos escenarios.
Mi vida está íntima y afectivamente relacionada con el abuelo Angel. Me dejó solo en lo mejor de sus años, pero sé que dejó de sufrir esos dolores que hoy me están comenzando a afectar a mí, con solo 48 años. Desde mis 13 años entonces ha hoy, cada día tengo para él un hermoso recuerdo y todo mi amor. Las cosas que más he querido en mi vida, me las dio él. Mi madre, los bomberos y la danza. Quiera el buen Dios que yo, pueda dejar la misma herencia a alguien.
Con todo el afecto y cariño hacia Uds. Culmino aquí la narración de una parte de mi vida, que no es otra que la razón de ese documento que se llamó DANZAS DEL BICENTENARIO. Pero antes de firmar al pié, debo agradecer además la invalorable y destacada participación y ayuda de todos los miembros del Grupo ECO RADIO; en la concreción de este evento que ha sido un verdadero éxito. En especial a Roberto Rene Lucich LU7HBL y Norberto Cesar Del Villar LU7HA; porque sin ellos hubiera sido materialmente imposible concretar el sueño y ver plasmado en la actividad este anhelo.
Que Dios les bendiga grandemente.
Héctor Oscar Cousillas LU3HKA